Y si sale, sale

Pablo Molina

Ahora que la izquierda pretende derrocar a Felipe VI a cuenta de los escándalos de su padre, conviene tener presente que los fondos a nombre del emérito en paraísos fiscales no han salido del bolsillo de los españoles, sino de empresas privadas y el erario público de otros países con cuyos dirigentes guarda una estrecha relación personal. Conviene explicarlo para situar en su contexto la magnitud del escándalo. Al fin y al cabo, los 65 millones de euros de los que se piden explicaciones al rey Juan Carlos son mucho menos de lo que invierte la teocracia sanguinaria iraní en sus televisiones en el exterior, en una de las cuales trincaba como un campeón el actual vicepresidente de Sánchez, que ahora hace campañita republicana en los vertederos digitales para que la parte más lerda de su electorado olvide sus últimos episodios personales.

Lo que ha trincado presuntamente Juan Carlos es, por otra parte, una gota en el océano de la corrupción del PSOE, con más de mil millones evaporados que, estos sí, salieron del bolsillo de todos los contribuyentes. Acotemos aún más el asunto: las comisiones del emérito apenas ascienden 0,06 pujoles, si tomamos el pujol (1.000 millones de euros) como unidad de medida de la corrupción, como en su día se utilizó el pellón (1.000 millones de pesetas) en honor al comisario socialista de la Expo 92.

A pesar de todas esas consideraciones no cabe duda de que el exilio del rey Juan Carlos, forzado por las circunstancias, supone un daño evidente a la Casa Real. Pero ese deterioro comenzó en el zapaterato, que es cuando el monarca decidió por primera vez tomar partido por un político al que veía como un muchacho formal y en el que se podía confiar. A los anteriores presidentes del Gobierno los borboneó. A ZP se lo tomó en serio y le mostró su apoyo, a pesar de que estaba sentando bajo sus reales narices las bases de la obra demolición que Sánchez pretende completar.

De esa época proceden aquellas frases tremendas de "Hablando se entiende la gente" (en relación con el nacionalismo catalán y su proyecto secesionista) y "Hay que intentarlos porque si se consiguen, se consiguen", en referencia a los procesos de paz con organizaciones terroristas cuando ZP negociaba con la ETA.

Pues bien, a él ya han conseguido echarlo de España los herederos de ZP, ese "ser humano íntegro" y de "profundas convicciones". Los que nos quedamos aquí nos ocuparemos de que no le hagan lo mismo a su hijo. Vaya tranquilo, majestad.

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