Reinas del drama

Pablo Molina

Algún cretino envió a Iglesias un sobre con balas de la guerra de Marruecos y el tipo que animaba a los vecinos de Vallecas a apedrear a los asistentes de los mítines de Vox ha montado un dramón que ha dejado en estado de shock a no pocos periodistas afines.

La ministra de Industria, Reyes Maroto, quiere ser vicepresidenta socialista del Gobierno madrileño de la mano de Ángel Gabilondo, otro triunfador. De momento, ya ha cuantificado de manera precisa los hogares de Madrid al borde de la indigencia: 500 millones. La cifra es algo abultada, pero es que la ministra parece proclive a la exageración. No de otra forma puede entenderse que convoque a la prensa en la calle y aparezca ante las cámaras con una foto ampliada de una navaja asegurando que Vox quiere asesinarla cuando, en realidad, se la había enviado un pobre trastornado que puso sus señas completas en el remite.

La campaña drama-queen que se ha montado la izquierda incluye la performance de varias ministras, transidas de dolor al ver a una compañera amenazada por el fascismo, y al equipo periodístico habitual al borde de la histeria ante unos hechos inauditos en nuestra democracia y cuya responsabilidad, faltaría más, adjudican al partido de Abascal.

Hombre, no tan inauditos, en realidad. A José María Aznar le pusieron una bomba en el coche y a Rajoy le dieron un puñetazo en plena cara. Ninguno de los dos organizó un espectáculo lacrimógeno para hacerse pasar por víctimas del odio político, y eso que las campañas de la izquierda contra ellos (Irak, Prestige, Gürtel…) no podían ser más agresivas. Los dos expresidentes populares archivaron esos atentados como el peaje que a veces hay que pagar cuando se está en política y siguieron con su vida pública con toda normalidad.

Pero, más allá de constatar las diferencias morales entre unos y otros, lo que siempre resulta de interés, la cuestión es qué deben de estar viendo en las encuestas internas Sánchez e Iglesias para que hayan asumido el riesgo de hacer un ridículo mundial cuando se esclarezcan los términos reales de unos sucesos bastante penosos en sí mismos.

Díaz Ayuso ha convertido estas elecciones regionales en un punto de no retorno para el socialcomunismo y la izquierda le está dando toda la razón. El melodrama de Iglesias y Maroto es señal de que, esta vez, ni en Vallecas van a ganar.

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