Presidenta Yolanda

Pablo Molina

La ministra de Trabajo y Economía Social es militante comunista y, en esa doble condición, persigue como uno de sus objetivos prioritarios que la sociedad española abandone "la carga pesada del concepto patria para trabajar sobre el concepto de matria". En consonancia con ese ambicioso proyecto de actualización del lenguaje, Yolanda Díaz suele comenzar sus discursos dirigiéndose a las autoridades, pero también a las "autoridadas", por si hubiera o hubiese alguna en la sala. Está muy bien.

Pero la también vicepresidenta de Sánchez, condición con no pocas implicaciones de todo tipo, no solo lidera las operaciones gubernamentales para despojar a la lengua del Estado de su burricie heteropatriarcal; también tiene tiempo para atender a los aspectos más prosaicos de su cartera ministerial.

Lo cierto es que, hasta el momento, la ministra podemiña no ha tenido ocasión de lucirse en materia laboral. Su único logro durante la pandemia ha sido aplicar la reforma laboral de Rajoy con la incompetencia administrativa típica de la izquierda. El trago debió ser amargo, pero no había más remedio que poner en marcha los mecanismos diseñados por su antecesora, la popular Fátima Báñez, para permitir a las empresas sobrevivir al impacto de las brutales recesiones que nos trae la izquierda cada vez que encadena un par de legislaturas en el poder.

Gracias a esa reforma laboral, la gestión catastrófica de los socialpodemitas no ha arrasado por completo nuestro tejido empresarial. Solo por eso deberían manifestar un profundo agradecimiento a Rajoy, el socialdemócrata que les permitió disponer de un abundante reparto de subsidios durante la crisis pandémica. No lo harán, claro, porque la izquierda actúa siempre como el escorpión de la fábula, de ahí que el Gobierno esté ahora empeñado en acabar con la obra legislativa que más le ha beneficiado, por una mera cuestión de propaganda.

Yolanda Díaz, la que más tendría que callar, es precisamente la que lleva la voz cantante en esta obra de demolición socialpodemita que amenaza con disparar el paro juvenil a la ionosfera y el estructural a la estratosfera, tirando por bajo. Su actitud política es realmente un escándalo que debería llevar a los sindicatos a convocar continuas acciones de protesta contra esta enemiga del proletariado. En lugar de ello, la vitorean al grito de presidenta cuando aparece por los congresos sindicales y, en el terreno de la popularidad, sigue siendo la ministra mejor valorada del Gobierno de España.

Debemos ser el único país del planeta Tierra con un ministro comunista de Trabajo que, encima, es el más querido por el pueblo soberano. Poco nos pasa en nuestra querida matria.

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