¿Por qué enfadáis a Ferreras?

Pablo Molina

Desde que tenemos un Gobierno en funciones, hay dos cosas que no dejan de crecer: la economía nacional y la presión arterial de los tertulianos de progreso. En Europa se sorprenden de que España siga creciendo al tres por ciento, el doble de la media de la Eurozona, a pesar de no contar con un Gobierno facultado para tomar decisiones de calado. Lejos de admirarse por esta aparente paradoja, deberían asumir que una mínima libertad de mercado es suficiente para asegurar la prosperidad. El Gobierno es, de hecho, la principal amenaza y, en el caso de una coalición socialpodemita, la garantía definitiva del desastre absoluto. A las pruebas me remito.

Pero mientras se suceden las negociaciones y se producen eventuales intentos de embestidura, el tertulianismo de mucho progreso anda preocupado por la incapacidad de las fuerzas del cambio (sic) para ahormar un Gobierno alternativo. La victoria del PP, inapelable por dos veces, no es suficiente para admitir que España no se corresponde con el retrato que hacen a diario de una nación miserable, donde la gente pasa hambre mientras un pequeño grupo de poderosos se enriquece robando a mansalva con ayuda de la Troika.

El caso paradigmático de este cabreo acuciante del periodismo progresista es el del jefe de Informativos de La Sexta, Antonio García Ferreras, cuyos intentos de que las fuerzas progresistas se entiendan caen día tras día en saco roto. A su tertulia política acuden socialistas y podemitas, pero en lugar de comprometerse a expulsar al PP de la vida pública hablan con evasivas de compromisos futuros que nadie parece tener intención de alcanzar. Total, que el director de Al Rojo Vivo está ídem desde que ha comenzado a detectar que hasta los líderes podemitas le están tomando el pelo, también a él. Al fin y al cabo, la cosa tampoco es tan difícil: se trata únicamente de poner de acuerdo a PSOE, Ciudadanos y otros 44 partidos más. ¿Se puede ser más inútil?

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