Mañueco acierta de pleno

Pablo Molina

Acierta el presidente de Castilla y León al dar por finalizada su coalición con Ciudadanos y adelantar las elecciones, poniendo así fin a un ciclo absurdo en el que todos los Gobiernos populares apoyados por el partido de Arrimadas han estado en situación de permanente inestabilidad. Un partido en vías de extinguirse (para bien de la democracia española) pretendía tener en vilo al partido que les dio entrada en sus gobiernos, gracias a lo cual los dirigentes naranja han conseguido empotrarse en el presupuesto público, el único objetivo de un alto porcentaje de ellos que han ido pasando por distintos partidos hasta que han trincado un cargo gracias al PP. Así le están devolviendo el favor.

Estos personajes que aún medran en las siglas fundadas por Rivera son capaces de cocinar una deslealtad grosera y servirla envuelta en una estupidez de dimensiones colosales, porque no es normal que la vicepresidenta de un Gobierno regional y su consejera portavoz se pongan una moción de censura contra sí mismas. En Murcia lo hicieron, con el resultado que ya conocemos, para escarmiento de los presidentes populares de otras regiones en situación similar. Díaz Ayuso fue la primera en actuar en consecuencia. Ahora, Alfonso Fernández Mañueco sigue sus pasos. La madrileña barrió a la izquierda, como Dios manda. En Castilla y León puede ocurrir algo parecido, con lo que la única aportación decente de Ciudadanos a la política actual ha sido la de propiciar una victoria aplastante de la derecha en los territorios donde ha tratado de traicionarla mientras gobernaba con ella.

Los naranjitos actuales son bastante traidorcetes, qué le vamos a hacer. En lugar de afrontar su desaparición con dignidad, siguen actuando como si fueran los amos del cotarro. Las pasadas elecciones pudieron desalojar al PP en algunas regiones gobernadas por ninis, que mantienen los vicios adquiridos tras más de un cuarto de siglo de ostentar el poder. No lo hicieron. Decidieron tocar pelo, colocarse todos y todas, enchufar a sus allegados y, a continuación, conspirar sin descanso con los socialistas. A mitad de legislatura intentaron un espectacular cambio de chaqueta, operación que, según los populares, estarían ramoneando también en Castilla y León aprovechando la fragmentación del parlamento regional. Hacen bien en ponerle coto y llamar a elecciones, faltaría más.

Lo mejor que le puede pasar a Ciudadanos es desaparecer de la vida pública. No porque las ideas fundacionales de este partido no tengan cabida en la política nacional, sino porque sus dirigentes actuales las han traicionado hasta convertirlas en una papilla socialdemócrata sin ningún principio reconocible más que la traición contumaz. Lo mejor es que conspirando son todavía más incompetentes que gobernando, lo que ya es mucho. Por eso, en lugar de despedirse de la política con la cabeza alta, están desfilando a gorrazos del primero al último por toda España. En Castilla y León ya pueden cerrar.

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