Lo que sigue a una moción de censura

Pablo Molina

De entre la batería de intentonas organizadas para arrebatar al PP distintos Gobiernos, parece que la del Ayuntamiento de Murcia va a ser la única exitosa. El líder local de Ciudadanos, un personaje curiosísimo proveniente del PSOE que fue destituido en el partido naranja por Rivera y recuperado más tarde para encabezar la candidatura municipal, ha conseguido mantener la fidelidad de sus tres correligionarios, con cuyo apoyo la moción presentada conjuntamente con los socialistas saldrá adelante. Tan solo el voto en contra o la abstención de un concejal naranja podría hacer fracasar la maniobra, pero a la vista de cómo se están desarrollando los acontecimientos, todo parece indicar que el partido de Arrimadas votará en bloque al candidato del PSOE.

En el PP parecen resignados a perder la alcaldía de la séptima ciudad de España. En última instancia, habiendo salvado las comunidades de Murcia, Castilla y León y, sobre todo, Madrid, cuyas elecciones parecen encarriladas, dejarse en el camino una alcaldía no parece un precio demasiado elevado, teniendo en cuenta la magnitud del envite orquestado por Sánchez. Además, dentro de dos años habrá nuevamente elecciones municipales y el PP bien podría recuperar ese ayuntamiento sin necesidad de contar con Ciudadanos, formación desleal que en esa fecha probablemente haya desaparecido por el desagüe de la política local y nacional.

Lo que no parecen entender en Génova es que el triunfo de la moción de censura en el Ayuntamiento de Murcia es solo la primera entrega de una serie que va a tener muchos capítulos y un final explosivo. Porque los socialistas no quieren el consistorio murciano para tratar de gestionar las competencias municipales con mayor solvencia que el PP. Llegan para pasar el microscopio por la gestión de 26 años de los populares y abrir telediarios durante meses cada vez que haya unas elecciones en el horizonte, de forma que el PP nunca más vuelva a ganar.

Como en el PP son mucho de pasar página y mirar al futuro cuando llegan a una institución gobernada durante años por el PSOE, creen que van a ser correspondidos con la misma lealtad. No se enteran. Pero se van a enterar, vaya que sí, porque da exactamente igual que los anteriores alcaldes populares hayan gestionado con pulcritud el presupuesto público y que no hayan protagonizado escándalos de corrupción. Eso da exactamente igual. Con los medios afines dispuestos a hacer sangre a diario y 26 años de gestión para analizar, saldrán cientos de asuntos con los que escandalizarán a toda España aunque luego no tengan sustancia judicial.

Casado puede ir preparándose para lo que le espera en los próximos meses si la moción de censura murciana triunfa este jueves, como todo parece indicar. Sánchez solo necesita esa alcaldía para orquestar una campaña nacional que, una vez más, identifique al PP con la corrupción económica, urbanística y política en la mente del votante. La última vez que utilizó esa estrategia se convirtió en presidente del Gobierno. Con dos años por delante y los medios y la fiscalía en primer tiempo de saludo, en el PP deberían comenzar a temblar.

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