Lo que Pablo Iglesias está dispuesto a hacer por ti

Pablo Molina

Pablo Iglesias está dispuesto a sacrificarse por todos nosotros hasta el extremo de fijar su residencia en La Moncloa, aunque le cueste una bronca con su novia ("No sabes cómo es", le confesaba a Risto Mejide un par de semanas atrás). No esperábamos menos de alguien que pone su cara en las papeletas de unas elecciones, trinca cinco eurodiputados y sale a dar una rueda de prensa cariacontecido lamentándose del fracaso porque él lo que quería era arrasar.

Iglesias quiere ser presidente; de hecho sabe que va a serlo y por eso ya se va haciendo mentalmente a la idea de que le va a tocar vivir en la residencia oficial de los jefes de Gobierno. Lo ha explicado en una entrevista que ha concedido al programa de Ana Rosa mientras ejerce sus altas funciones como eurodiputado, una vida no tan agobiante como pretende hacer ver este obrero estajanovista de la política puesto que, según se desprende de lo que le contó sin querer al reportero, a las cinco y media de la tarde acababa de dar por finalizada la sobremesa y se iba a tomar café.

A Pablo Iglesias no paran de hacerle entrevistas, y eso está bien, porque cada vez le resulta más difícil disimular su narcisismo político y sus futuros votantes han de saber lo que pueden esperar de él en cuanto coja las riendas de Podemos. Sigue sin tener ni idea de las cuestiones básicas que debe conocer todo gobernante, como lo demuestran los disparates colosales de sus propuestas, a cuál más sonrojante, y eso que últimamente ha echado un poco el freno a esa maquinaria del dislate que ha demostrado ser Podemos. Pero sus mensajes y los de la troika que le acompaña siguen centrándose en explotar los sentimientos más bajos, las utopías más elevadas y la necesidad de vengar la honra ultrajada del pueblo soberano según "la democracia que yo tengo en la cabeza", como suele decir Monedero, que esta semana ha pedido ya, para ir abriendo boca, una buena guillotina y la vuelta de Robespierre.

Iglesias ha llegado a la política para ser presidente del Gobierno de España. No por vanidad, sino porque ha llegado a la conclusión de que sólo él puede "hacer posible lo imposible" y conseguir "que el miedo cambie de bando", las dos medidas –bien concretas, como se puede apreciar– que quientaesencian el pensamiento político de Pablemos, con el que pretende encandilar a los votantes en las próximas elecciones generales. Pablo está dispuesto a sacrificarse y a convertirse en presidente destepaís para hacer cosas por ti, para dignificar tu existencia y hacerte democráticamente más feliz. Ahora bien, en un rasgo de fingida modestia que seguramente le costará horrores interpretar, asegura a renglón seguido que estará "donde la gente quiera que esté". Pregúntame a mí, tocayo, que ya te indico yo el lugar.

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