Lo que diga Casado

Pablo Molina

El binomio que dirige el Partido Popular debería tener más confianza en sí mismo y dedicarse a cosas más serias que a perseguir a sus dirigentes señeros. La absurda batalla por el control del PP madrileño es, además de contraproducente en términos electorales, esencialmente inútil, porque, con ningún opositor o con treinta listas alternativas, la presidenta Díaz Ayuso ganará de calle unas eventuales primarias, si es que Casado obliga a sus afiliados madrileños a pronunciarse al respecto.

Da igual lo que opinen en Génova sobre la presidenta madrileña, tanto si la consideran una política extraordinaria como si creen que es una persona mediocre con demasiado afán de notoriedad. Lo que opinen Casado y Teodoro solo les incumbe a ellos (y a los centenares de pelotas que los adulan a diario); nada más. Lo esencial es que el votante español está convencido de que Isabel Díaz Ayuso es la figura política del momento. Encumbrada por los liberal-conservadores y temida por los izquierdistas, la presidenta madrileña es la que mejor representa los valores que comparte la inmensa mayoría de votantes de su partido y de Vox, las dos únicas fuerzas con capacidad para dar carpetazo al sanchismo si permanecen unidas. Ese argumento debería ser suficiente para que los dirigentes populares actuaran con inteligencia, si el complejo de inferioridad de Casado y su camarilla les permitiera pensar con claridad.

Casado se cargó a Cayetana Álvarez de Toledo porque sus declaraciones contundentes sobre temas generalmente serios entorpecían el teatrillo de los miércoles en las sesiones de control al Gobierno, cuando los jefes del partido exhiben las ocurrencias de sus equipos de guionistas para verterlas horas más tarde a las redes sociales convertidas en memes. Con Díaz Ayuso quieren hacer lo mismo; parece que esta vez no les va a salir bien.

En el PP están ya al nivel del Betis cuando lo dirigía D. Manuel Ruiz de Lopera y surgió una peña bética muy numerosa llamada, para que no hubiera dudas, Lo que diga D. Manuel. Aquello, como todo lo que rodea al beticismo, fue un gesto simpático. La guerra desatada por los dirigentes populares para que Díaz Ayuso no controle el PP madrileño, en cambio, no tiene ni puta gracia. En Génova querrían que todo el PP fuera una inmensa agrupación del tipo Lo que diga Casado. A tenor de lo que van diciendo las últimas encuestas, parece que los afiliados a esa peña no van a ser suficientes ni para mantenerse dignamente en la oposición. Ellos sabrán.

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