La Sexta y nuestra tercera edad

Pablo Molina

Las tertulias políticas de la televisión progresista han ocupado sabiamente la franja horaria del final de la mañana, un espacio que hasta que lo descubrió García Ferreras era un terreno baldío; pura carne de teletienda. A esas horas los jubilados españoles volvían a casa de ver obras o del parque, resignados a sufrir un día más las tonterías de Arguiñano. Ahora se sientan a la mesa y aprovechan para documentarse de lo mal que está España por culpa del PP, como les cuenta el señor de negro ese que habla tan bien en "la cadena seis".

A esas horas hay relativamente pocos espectadores mirando la televisión, principalmente porque la mayoría de la gente está trabajando. Ahora bien, los tres sectores sociales que mayoritariamente consumen televisión a esas horas del día (amas de casa, ninis y jubilados) están bien cubiertos gracias a los dos principales grupos mediáticos que operan en España, Mediaset y A3 Media. El primero de ellos tiene basura para ninis en Telecinco y tertulia progre en Cuatro. Los de Planeta hacen algo parecido: cocina con el insufrible Arguiñano en "el canal tres" y metralla a discreción contra el PP en el seis. Es una audiencia más bien escasa, sí, pero los que están a esas horas frente al televisor salen bien aleccionados, de eso no cabe ninguna duda.

Los efectos para la salud mental de nuestros mayores y su comportamiento electoral es algo que habrá que analizar de aquí en adelante. Los sabios del PP seguro que ya han descartado el fenómeno como un capricho de frikis sin mayor trascendencia. Muy bien, allá ellos, pero las consecuencias de este consumo masivo de chorradas podemitas a la hora del cocido las paga el resto de la familia cuando va a comer a casa de los abuelos el domingo y las conversaciones en la mesa giran en torno a las canalladas del PP, en lugar de sobre las travesuras de los nietos. La pregunta por tanto es obligada: ¿queremos ver a nuestros mayores convertidos en yayoflautas por culpa de La Sexta? Qué triste sería pasar toda una vida educando a tus padres para que a esas alturas de la vida se hagan fans de García Ferreras y acaben hablando como el patán de las anchoas.

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