Iglesias, vicepresidente con Rajoy

Pablo Molina

Rivera y Sánchez, dos advenedizos que se niegan a reconocer el derecho de Rajoy a liderar el Gobierno otros cuatro años, han llegado a un entendimiento para la investidura del líder socialista que sólo la tozudez de podemitas y populares y la inflexible aritmética parlamentaria pueden dejar sin efecto.

Ciudadanos le ha puesto fácil la abstención a los podemitas al retirar la unidad de España, el contrato único y la bajada de impuestos, antes premisas irrenunciables, del listado de condiciones para llegar a un acuerdo de investidura con el PSOE. En todo caso, la contrarreforma laboral es un follón difícil de explicar, la bajada de impuestos, innecesaria si se utilizan las matemáticas creativas de la izquierda analfabeta cuando se pone a contabilizar el fraude fiscal y la unidad de España no debe ser una línea roja sino algo que se puede soslayar, como explicaba el pasado sábado Manuela Carmena a María Teresa Campos con gran naturalidad.

Pablemos y Rajoy podrían abstenerse y permitir gobernar a PSOE y C’s, pero sus ganas de llegar al poder, sólo comparables a las de Sánchez, van a llevar con toda probabilidad a sus diputados a apretar el botón del no cuando toque votar.

Visto que ni populares ni podemitas quieren nuevas elecciones la única opción de Rajoy e Iglesias, en estos momentos, es formar ellos una coalición. PP y Podemos tienen mayoría más que suficiente en el Congreso para arrasar en la primera votación y no necesitarían la abstención de nadie. Rajoy y su vicepresidente, Iglesias, mandarían también un fuerte mensaje a Europa y a los mercados, demostrando que cuando se trata de trabajar por el bien del país, la vieja y la nueva política no entienden de egoísmos.

O eso o dejar gobernar a Sánchez y Rivera. Viendo algunas de las posibilidades que hay sobre la mesa no es precisamente lo peor que nos podría pasar.

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