Hadán y Eba

Pablo Molina

El último programa estrenado por la cadena Cuatro, en el que unos jóvenes completamente desnudos pretenden encontrar pareja en una isla, refleja la apuesta decidida del canal del grupo Prisa por mantener el nivel intelectual y estético de sus contenidos. El éxito de audiencia de la primera entrega de Adán y Eva augura un largo recorrido a este nuevo producto con el que Cuatro pretende reeditar el éxito de iniciativas precedentes, como Un príncipe para... y Quién quiere casarse con mi hijo (o mi madre, según los casos), todos ellos obra de la misma productora, Eyeworks. Que por cierto es también la empresa que produce Pesadilla en la cocina, lo que no quiere decir necesariamente que Chicote vaya a aparecer a partir de ahora en bolas en las cocinas de los restaurantes inmundos, aunque sólo sea por el riesgo de que sufriera graves quemaduras en zonas muy delicadas.

Adán y Eva ha sido un éxito de audiencia por ser el primer concurso de la historia de la televisión en España en el que los participantes aparecen completamente desnudos. A priori, este despelote era el anzuelo para atraer a los telespectadores interesados en el morbo y el escándalo (la inmensa mayoría); pero, vista la primera entrega, lo que realmente ofrece interés no es la ausencia de ropa en los cuerpos de los participantes, sino la desnudez integral de sus cerebros, mucho más acusada, a tenor de las perlas cultivadas que fueron regalanado al respetable durante el desarrollo del programa.

Situar la "Alambrada" de Granada en Córdoba o la historia de Adán y Eva en el primer "fascículo" de la Biblia fueron dos de las aportaciones de Estela, que finalmente acabó enamorada de Alejandro, el concursante que la corrigió amablemente haciéndole ver que los fascículos no tienen nada que ver con la Biblia sino que son una cosa de "Alvat". Normal que los dos se encontraran mutuamente fascinantes.  El peligro es que se reproduzcan, pero dado el nivel medio de la juventud española que acude a este tipo de programas, lo cierto es que ninguno de los participantes de Hadán y Eba va a desentonar respecto a cualquiera de los otros espacios de referencia de la parrilla televisiva.

La próxima semana habrá dos zanguangos compitiendo por los favores de una sola chica, variante sugestiva que pondrá de manifiesto no sólo la altura intelectual de estos héroes surgidos de las más afamadas discotecas del polígono, sino las características de su ritual de apareamiento cuando están en plena berrea, espectáculo de innegable interés antropológico que habrá que seguir con atención.

Hay quien sostiene que Javier Sardá puso el listón de la zafiedad catódica a una altura inalcanzable con sus Crónicas Marcianas. De hecho, hasta hoy, nueve años después, no ha habido programa que superara la escena de Boris Izaguirre enseñando el trasero a las cámaras o las trifulcas monumentales de los chonis y canis sin desasnar que componían su ilustre parrilla de tertulianos. El grupo Prisa lo ha conseguido por fin con Hadán y Eba, el nuevo referente catódico de "la juventud más preparada de nuestra historia" y una nueva demostración de que la telebasura, en España, es fundamentalmente cosa de progres. Que no pasa nada, pero serlo, es.

A continuación