Cuando a Iglesias le tocaban el trasero

Pablo Molina

Hace unos pocos años, una asistente al congreso que su partido político celebraba en una plaza de toros dio un azote en el trasero al líder de la formación cuando iniciaba su camino triunfal hacia la tribuna de oradores. La señora en cuestión apareció al día siguiente en la portada de numerosos diarios progresistas, y las televisiones con un marcado acento de izquierdas le dedicaron abundantes minutos de tertulia y varias entrevistas vía satélite.

Lejos de afearle el feo gesto sexista de palpar la nalga de un correligionario en público y sin su consentimiento, los medios de comunicación de izquierdas se deshicieron en elogios hacia la protagonista del tocamiento y la convirtieron en poco menos que la heroína del congreso de marras. El líder del partido fue entrevistado en directo en una cadena nacional junto con la señora que le había tocado el trasero y declaró que fue "un honor" porque "nunca me han tocado el culo de esa manera".

En el congreso donde tuvo lugar el palpamiento inadecuado, los participantes acordaron que

los hombres que participan en este partido, especialmente si tienen responsabilidades públicas, tienen que formarse en el ejercicio de unas masculinidades contrahegemónicas, que cuestionen los privilegios, rompan el silencio cómplice con las violencias machistas y sirvan de ejemplo de cómo asumir personal y colectivamente una ética feminista dentro y fuera del partido.

Más tarde, el líder afianzó su liderazgo y, de paso, cambió de pareja. A la anterior la desterró de las tertulias televisivas y de los puestos visibles del Congreso de los Diputados. A la nueva la hizo portavoz y, más tarde, ministra. De Igualdad, claro. Poco después se vio involucrado en un feo asunto en el que se demostró que tuvo en su poder durante meses un teléfono con vídeos íntimos de una asesora, mientras gritaba por las televisiones que el robo había sido cosa de los servicios secretos. Después le puso un diario digital a la afectada, que cambió su declaración ante la Justicia para tratar de que todo quedara en agua de borrajas.

El líder, su señora, la exasesora y todos los votantes de este partido consideran que son los grandes defensores del feminismo y que el machismo está en los partidos de derechas, cuyos dirigentes ni se dejan tocar las nalgas en público, ni hacen ministros a sus parejas ni se apropian de tarjetas de memoria con vídeos íntimos de sus asesores.

Sirva este pequeño recordatorio de obviedades para evitar discusiones innecesarias sobre el machismo de nuestra sociedad y quiénes lo promueven. Quien se deja apabullar por esta chusma es, simplemente, porque quiere.

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