Caceroladas de jarabe

Pablo Molina

Entonces resulta que a Iglesias, Echenique, Adriana Lastra y tal, o sea, a lo más brillante de la nueva política progresista, no acaba de gustarle que la gente salga la calle aporreando el menaje del hogar. Sin embargo, antes les gustaban tanto estos conciertos callejeros de perola y cucharón que los promovían, llevando a la turba perrofláutica a las puertas de los domicilios de sus rivales para aterrorizar convenientemente a sus hijos de corta edad. Ahora ya no les gusta ese jarabe democrático que Iglesias prescribía en dosis de elefante a los ministros del Partido Popular, y por eso despliega una fuerza armada de disuasión en sus predios galapagueños, no sea que los cayetanos entorpezcan el paso al personal de servicio de Villa Tinaja cuando entra a trabajar.

Aunque no debe de ser tanta molestia, porque los que participan en las caceroladas son gente que se ducha, de trato amable y un exquisito respeto por el mobiliario urbano y la limpieza viaria, al contrario de lo que ocurre cuando okupan la calle los izquierdistas con sus banderas de la URSS y fotos Che Guevara, encabezados por la muy abofeteable Brigada del Bongó. En esas ocasiones arden los contenedores, numerosos policías resultan heridos y el lugar de los hechos queda finalmente como si hubiera caído un meteorito procedente de un vertedero lunar.

En todo caso, quede claro que los escraches en domicilios particulares son una agresión en la que nadie sensato debería participar. Ahora bien, si alguien no puede quejarse de que le dediquen una serenata de cazuela y púa a las puertas de su hacienda es Pablo Manuel Iglesias Turrión. El Vicepandemias fue el principal organizador de boicots en la delegación de Sendero Luminoso en que la izquierda convirtió la Complutense y promotor del acoso a los domicilios de los políticos de derechas, contra cuya maldad sin paliativos valía cualquier exceso. Ahora le toca escuchar, allá a lo lejos, el sonido sincopado de los cucharones golpeando las perolas como símbolo acústico del rechazo que él y su socio Sánchez suscitan en un importante sector de la población.

Pero esto no es nada comparado con las protestas que surgirán cuando Sánchez ya no pueda prorrogar más el estado de alarma. Comparado con eso, lo de estos días va a ser una broma, como dijo la Presidenta, que aunque solo lo sea de Madrid se ha ganado a pulso durante esta crisis ostentar el cargo por antonomasia.

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