Arrimados al ridículo

Pablo Molina

El fracaso de la moción de censura planteada por PSOE y Ciudadanos en Murcia es el estrambote más apropiado de una operación diseñada por Arrimadas en La Moncloa saldada con todo éxito… para los intereses de Sánchez.

Peor hubiera sido llegar a la votación y perderla porque la mitad del grupo parlamentario naranja vote en contra, una decisión que sería, por otro lado, lo más congruente. Porque lo delirante es exigir a la vicepresidenta de un Gobierno votar a favor de irse a la puñetera calle para hacer presidenta a su principal enemiga, impuesta por Arrimadas al frente de la Ejecutiva regional y con una fijación enfermiza por arrebatarle el puesto de número dos del Gobierno autonómico. Junto a la vicepresidenta despechada, otros dos diputados muy próximos al PP se habrían negado a entregar la región al PSOE, una formación tremendamente tóxica cuya proximidad es garantía de fracaso absoluto.

Pero es que, además, las causas en que Arrimadas y Ábalos fundaban su escrito de censura no podían ser más peregrinas. Según el texto (cuya prosa garbancera ya desvela un origen monclovita) la razón fundamental es la vacunación irregular de los altos cargos de la consejería de Salud y la negación de los nombres de los vacunados, algo que Ciudadanos, (decía el escrito), venía exigiendo sin éxito.

En primer lugar, el PP asumió la responsabilidad política del tema de las vacunaciones. El consejero de Sanidad dimitió y, con él, todo el equipo de la consejería. En cuanto a los nombres de los vacunados, la comunidad autorizó a una delegación de diputados a ver las listas de los pacientes vacunados (no podía hacer pública la información por impedirlo la normativa de protección de datos). Ciudadanos decidió no enviar a ningún diputado a esa reunión, porque es algo que, a juicio de la dirección del partido, no iba a servir de nada.

¿Se puede fundar en este episodio chusco una moción de censura? Es evidente que no, por lo que la conclusión lógica al leer el documento es que se trataba de un texto improvisado para justificar una decisión que ya había sido tomada a espaldas de los diputados de Murcia, tres de los cuales han dicho que no la apoyarán.

El resultado es la salida del Gobierno de la coordinadora regional de Ciudadanos impuesta por Arrimadas y de todo su equipo, el fortalecimiento del papel de la actual vicepresidenta y, a partir de ahora, principal referente de Ciudadanos en Murcia, y una imagen de felpudo de socialistas que destruirá al partido naranja tras las próximas elecciones.

Arrimadas ha protagonizado uno de los ridículos más espectaculares de las últimas décadas y, de paso, ha descuartizado a su partido en los lugares donde gobernaba en coalición. Los cesantes que deja en la cuneta ya tienen a quién culpar de salir de la política a gorrazos y por la puerta de atrás. Que no le pase nada.

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