Basta ya

Venenos en el campo

Miguel del Pino

Las diez ONG que forman el llamado Proyecto Antídoto, con la colaboración estrecha del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona), se reunieron en Madrid el pasado 18 de Diciembre y publican ahora una conclusiones realmente demoledoras sobre la situación del problema de la colocación de cebos envenenados en la naturaleza española.

Al Seprona sólo cabe felicitarle por su extraordinario celo y eficacia; eso lo reconocen todos. No cabe decir lo mismo de la implicación de algunas administraciones autonómicas, a las que se acusa de una lentitud burocrática tan grande que llega a inutilizar la brillante labor policial, eternizando y haciendo caducar buena parte de los expedientes.

Ejemplos demoledores

Se han repasado los casos más alarmantes registrados durante el pasado 2014, con unos resultados tan desmoralizantes que hay que señalar que de seguir así, llevaremos a numerosas especies de predadores ibéricos al borde mismo de la extinción, con las incalculables consecuencias ecológicas que esto acarrearía.

La razón de la colocación de cebos parte de la ignorancia y se instala en lo irracional. Las prácticas detectadas se refieren a cotos de caza gestionados por particulares cuyos administradores siguen en la teoría decimonónica según la cual la desaparición de los predadores aumenta el número de animales de interés cinegético. Dichos predadores pasan para ellos a la categoría de "alimañas" a las que exterminar.

Sólo desde el más profundo desconocimiento de la ecología se puede seguir manteniendo esa postura en pleno siglo XXI. Sabemos que la disminución de predadores o carroñeros hace proliferar otras especies rapaces, como los córvidos u otros miembros similares de la cadena alimentaria. El resultado final es el desequilibrio, la pérdida de biodiversidad y la ruina del ecosistema cinegético.

Félix Rodríguez de la Fuente acusaba a los envenenadores de querer convertir magníficas fincas de gran interés cinegético y ecológico, y plenas de biodiversidad, en gigantescos "gallineros" de perdices amansadas y enfermizas cuya captura carecería de cualquier interés o mérito. Decimos bien: enfermizas, toda vez que los predadores ejercen de policía sanitaria eliminando los brotes de epidemias al capturar de manera selectiva aquellos ejemplares que se muestran abatidos o poco ágiles.

Advertía el gran Félix de otro problema más grave aún: el veneno liberado e infiltrado en los acuíferos puede incorporarse a la cadena trófica, es decir, puede llegar al hombre, lo que eleva al concepto de criminalidad la actuación de los envenenadores.

En el informe que comentamos, "Antídoto" reclama a las Administraciones autonómicas mayor implicación en la tramitación y seguimiento de los expedientes abiertos con motivo de la colocación de venenos, y acusa a alguna de ellas de tomar medidas insuficientes y de llegar en ciertas ocasiones a la inhibición.

Se han comentado los casos de envenenamiento más graves ocurridos durante 2014. Algunos de ellos son descorazonadores, como el de la localidad toledana de Mandorca en el que murieron veinte animales, entre ellos cinco milanos reales nidificantes en España, ejemplares estos considerados en riesgo de extinción.

Destacan también en esta lista negra el envenenamiento del lince K2, uno de los ocho liberados en Extremadura procedentes de la cría en cautividad. Este ejemplar apareció en el término pacense de Valencia de los Torres, localidad de especial riqueza y valor ecológico. Fueron muy importantes los de Torres del Carrizal, en Zamora, con muerte de un águila real, un aguilucho lagunero y cinco milanos reales. En este caso cuya resolución se debió a una brillante operación del Seprona, se consiguió el cierre del coto por espacio de cuatro años. Esto sí es una medida ejemplarizante.

En el mes de julio, en Andalucía, el envenenamiento de un perro permitió tirar del hilo conductor que condujo a la localización de numerosas trampas ilegales y de restos animales, entre ellos la piel de un oso. En Navarra se registraron varios casos de envenenamiento en el sur de la Comunidad, con localización de los cadáveres de ocho milanos, negros y cuatro reales.

Terminemos la relación de ejemplos con la actuación del Seprona en la localidad pontevedresa de Porriño, que condujo a la detención en la comarca de Mos de dos envenenadores convictos que fueren en consecuencia procesados.

Es necesario actuar

La cadena de la muerte que siembra el veneno debe necesariamente ser cortada de raíz. En la mayor parte de los casos, se coge con las manos en la masa a algún empleado que sigue absurdas órdenes de los gestores del coto en cuestión. Hay que tirar de la manta y poner al descubierto a los cerebros de la operación y sobre todo exigir a las autoridades administrativas que no caigan en la desidia o en la burocratización que, al llevar en muchas ocasiones a la caducidad del expediente, anula la labor del Seprona y de las ONG ecologistas implicadas en el Proyecto Antídoto. El gestor perezoso o abúlico es uno más de los enemigos de la naturaleza.

Entre las medidas ejemplarizantes debería destacar el cierre temporal o definitivo de aquellos cotos en que se haya encontrado veneno. En sentido contrario, y esta vez en positivo, también deberían aplicarse incentivos, honoríficos y fiscales, a aquellos cotos en que se conserve el equilibrio ecológico y se mantengan íntegras las poblaciones de rapaces y otros predadores. A cada cual lo suyo.

Al referirnos al Proyecto Antídoto, emisor del reciente y estremecedor informe, no nos referimos a un pequeño grupo de entusiastas o de utópicos. Merece la pena destacar en un verdadero cuadro de honor los nombres de las diez organizaciones integradas en dicho proyecto: son las siguientes.

  • AVAFES (Canarias)
  • Ecologistas en acción
  • FAPAS
  • Fondo para la Conservación del Buitre negro
  • Fundación Oso pardo
  • Fundación para la conservación del Quebrantahuesos
  • Grefa
  • Seo/Birld Life
  • Sociedad Española para la Conservación y el Estudio de los Mamíferos
  • WWF España

Y junto a ellas y en lugar destacado el Seprona. Gracias a todos

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