Contradicciones de la administración

Veneno subvencionado

Miguel del Pino

El reparto entre los agricultores del sur de Palencia de un poderoso veneno rodenticida amenaza con acabar con una interesante experiencia de control de los topillos por medios naturales.

Lo más paradójico: la Junta de Castilla León que financia el reparto de Veneno es quien a su vez financió la experiencia a que nos referimos.

Fue bonito mientras duró

Tras el desastre agrícola y ambiental causado por la última plaga de topillos campesinos (Microtus arvalis) que soportaron las tierras palentinas, la Administración Castellano-Leonesa aprobó y apoyó un interesante programa de GREFA (Grupo para la Recuperación de Fauna Autóctona) consistente en fomentar la presencia en las áreas de cultivo de los enemigos naturales de los topillos.

La experiencia de GREFA cuenta con la colaboración del CSIC, y prometía resultados muy importantes desde el punto vista científico, pero también con implicaciones decisivas a la hora de planear próximas campañas contra la plaga. Dos especies de predadores de topillos fueron elegidas, la lechuza y el cernícalo común: nocturna la primera y diurna la segunda, la vigilancia permanente estaba asegurada.

La forma de apoyar a estas especies aliadas del agricultor fue la instalación de perchas y cajas anidaderas adecuadas para una y otra especie. Con optimismo se pudo comprobar que el 80% de estas cajas se había ocupado, de manera que el ejército anti-roedores estaba en condiciones de mostrar su capacidad destructiva.

Vamos simplemente a repasar las cuentas: la experiencia se planteó sobre una superficie de 2.000 hectáreas, en las localidades palentinas de Capillas y Boada. En ellas se instalaron 200 perchas nido, todas en una superficie de especial interés para las aves, llamadas ZEPA (Zona Especial de Protección de Aves) en la nomenclatura de gestión ambiental. Recordemos la aceptación masiva de estas cajas a la que ya hemos aludido.

Se calcula que una pareja de cernícalos puede capturar unos 700 topillos por temporada en la superficie de unas 2.000 hectáreas objeto de estudio. Sólo hace falta una sencilla multiplicación para valorar en 42.000 topillos los que podrían ser eliminados en esta Zepa, llamada "de la Nava- Campos Sur", englobada dentro de la Red Natura 2.000. Para resumir: un verdadero santuario de la Naturaleza.

Pues bien, en pleno desarrollo de esta experiencia, que tanta luz podría arrojar sobre la forma de controlar las plagas de topillos sin intoxicar el medio ambiente, el biólogo Alfonso Paz, portavoz de GREFA, denuncia el reparto con profusión del potente rodenticida bromadiolona en el mismo terreno en que aquélla se realiza. De comprobarse este extremo nos encontraríamos ante dos subvenciones contradictorias, es decir, ante el mundo del absurdo.

Cuando tras la primera siega aparezcan madrigueras de topillos podrá valorarse mejor la magnitud del reparto de cereal envenenado. Esta "barra libre" de bromadiolona anula todo el trabajo realizado hasta ahora por quienes se dedican a la experiencia de control natural por los predadores naturales de los roedores.

¿Cuál es el futuro inmediato?

Desde luego, la colocación de rodenticidas en el territorio en que se realiza la experiencia anula los resultados estadísticos de la misma. Nunca sabremos hasta dónde llegaba la eficacia de cernícalos y lechuzas en su labor predadora, pero es que además, las propias rapaces aliadas resultarán intoxicadas al ingerir topillos contaminados. Un verdadero desatino.

No es fácil averiguar las causas que pueden mover a la Administración a actuar de manera tan poco consecuente. Es posible que falte decisión para mantener una experiencia de este carácter cuando comienza la presión por parte de los agricultores que reclaman veneno para salvar sus cultivos. A lo mejor hacía falta alguna medida complementaria, como establecer indemnizaciones si la experiencia no alcanza los resultados previstos. En cualquier caso habrá que dar ánimos a los sufridos científicos que ven intoxicar los campos objeto de su estudio. Mereció la pena intentarlo.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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