Vacunación de Guardia Civil y Policía Nacional en Cataluña. Asunto de extrema gravedad

Miguel del Pino

Muchos ciudadanos estamos verdaderamente escandalizados por las noticias que llegan sobre este tema desde Cataluña.

Una vez más el pueblo español se está encarnando en principio de ese "Buen vasallo si hubiera buen señor". Ante las asimetrías entre diferentes colectivos con respecto a la fecha y ritmo de las vacunaciones anti-Covid se está derrochando sentido común y solidaridad en el mejor sentido de la palabra.

Porque desde el comienzo de la pandemia se viene comprobando que la población de mayor edad es especialmente sensible ante la infección y cae de manera mayoritaria en la banda de mayor gravedad de sus efectos. Lo ocurrido en las residencias, y entre los ciudadanos octogenarios en general, así lo refleja con claridad meridiana.

Parecía elemental distribuir el calendario y los ritmos de vacunación de manera asimétrica, comenzando por los más ancianos y descendiendo, década a década hasta llegar a la población en edades laboral y juvenil. Los niños deben ser estudiados y tratados de manera especialmente cuidadosa en función de lo que la experiencia y las investigaciones vayan demostrando.

Sin embargo no se está haciendo así, ya que, tras la vacunación masiva de los mayores alojados en residencias que ha dado óptimos resultados, se optó por prestar especial atención a lo que se viene llamando colectivos especialmente vulnerables, como el personal sanitario o los profesionales directa o indirectamente implicados en la defensa contra la pandemia, un punto de vista lógico, social y útil para todos; y como tal todos lo entendimos.

La cesión de su turno por parte de esa banda de mayores todavía no ancianos, como los septuagenarios, ha sido verdaderamente ejemplar: nadie se ha quejado ni ha apremiado a la Administración: hemos sido inteligentes y solidarios, en definitiva "buenos vasallos".

La multiplicidad de marcas de vacunas que vienen diversificando la oferta, y que muy en breve aumentará, incluso esperamos pronto la salida al mercado de patentes españolas, hizo todavía más lógica la inversión de los tiempos de espera.

Los sexagenarios parecían menos expuestos que los mayores al riesgo de contraindicaciones respecto a las vacunas con adenovirus y por ello las recibieron en alta proporción, de manera que las de ARN mensajero se viene reservando para los que superan esta banda de edad: por ello los sexagenarios se adelantaron a los septuagenarios

En principio las noticias alarmantes sobre la producción de trombos, aunque en un porcentaje ínfimo de casos, en diferentes países, ha sido la causa principal de las inversiones de turnos: el pueblo ha dado ejemplo, insistimos, al saber esperar ordenadamente y seguir las instrucciones de las autoridades sanitarias.

¿Cabe sospechar la discriminación ideológica?

Las noticias que llegan de Cataluña en torno a la posible discriminación de la Policía Nacional y Guardia Civil en relación con sus compañeros de la Policía Autonómica (Mozos de Escuadra), que se traduce en un porcentaje mínimo de vacunados con respecto al último cuerpo, se presentan como un escándalo mayúsculo que revela al menos un desastre organizativo si no algo mucho más grave y profundo.

Portavoces autonómicos pretenden justificar lo injustificable hablando de supuestos errores en los censos, lo que se podría calificar de incompetencia suma. Si existieran evidencias de que se hubiera tratado de un caso de discriminación ideológica por parte de ejecutivos separatistas, habría que investigar en profundidad para saber si la conclusión debería ser que hasta aquí hemos llegado.

Porque no prestar a cuerpos policiales, a los que tanto debemos la asistencia sanitaria que merecen, sería algo de tal gravedad que requeriría la inmediata intervención del Gobierno de España para detener de inmediato tal presunta tropelía.

Parece que efectivamente será dicho Gobierno quien tomará la iniciativa en la práctica de la vacunación de guardias civiles y policías nacionales destinados en Cataluña; así debe ser sin más retrasos y sin ninguna objeción, pero esto no es todo.

Porque muchos ciudadanos que hemos esperado ordenada y pacientemente nuestro turno exigimos saber qué ha pasado: ¿Han estado unos funcionarios ejemplares expuestos a un peligro extremo mientras se arriesgan por atendernos a los demás? ¿Se ha producido esta circunstancia por motivos de extremismo ideológico separatista? Si no ha sido así es necesario aclararlo inmediatamente.

No solo exigimos las imprescindibles investigaciones judiciales sino también la divulgación de sus conclusiones y de las actuaciones que de ellas se deriven; de existir causas aún más graves que la negligencia se nos ocurren palabras muy graves como calificativo pero serían irrelevantes: las verdaderamente importantes son las que califiquen los hechos en los autos judiciales que sin duda se producirán.

Y a los miembros de los colectivos policiales agraviados y a sus familiares, sirva de consuelo el testimonio del agradecimiento y del afecto que despiertan entre las gentes de bien. Que así conste.

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