Un San Antón vegano

Miguel del Pino

La Concejalía del Distrito Centro del Ayuntamiento de Madrid pretende este año demostrar que la capital es la gran ciudad del amor a los animales. Para ello presenta un amplio programa de fiestas y actividades con motivo de la celebración de San Antón, el Santo egipcio que tradicionalmente se considera el Patrón de los animales.

Las Fiestas de San Antón vienen simbolizando desde siglos atrás el agradecimiento del hombre hacia los animales de consumo, y en los últimos tiempos también el cariño a las mascotas. Bajo el Gobierno Municipal madrileño del momento actual, el animalismo radical y el veganismo ponen la empalagosa guinda sobre una carga llena de luces y de sombras.

¿De verdad tiene algo que ver el San Antón que tradicionalmente bendice a los animales de utilidad con un radical vegano o un animalista moderno? ¡Anda ya! diríamos en términos castizos, que para esos somos madrileños.

Trufar el aroma de las Fiestas del Santo con mantras de la filosofía animalista radical es un verdadero contrasentido. La mula, el cerdo, el borrico y tantos otros animales próximos al hombre y provechosos para el mismo, a veces incluso hasta con influencia en su supervivencia, es algo que se comprende perfectamente en el medio rural; y rural es el sentido de esta festividad y del patrocinio del Santo. En la ciudad las cosas se ven de otra forma.

Comentando como es de justicia los aspectos positivos que apreciamos en el madrileño "San Antón 2018" habría que empezar por la incitación a la adopción de animales recogidos en los refugios, especialmente en el municipal. No se puede admitir el aluvión de perros y gatos abandonados que se desencadena año tras año, de manera que aprovechar una ocasión como ésta para recordar la necesidad de adoptar es algo edificante.

Si acaso, ante la programación de visitas al refugio de recogida, con vehículos al respecto preparados por la Concejalía Municipal de Centro, habría que señalar la necesidad de que tales visitas sean acompañadas por toda clase de consejos sobre la "adopción responsable". No se trata de generar adopciones compulsivas por lástima momentánea, porque éstas suelen tener malos y tristes finales.

Llenar Madrid de nidos para pájaros, como proclaman hasta los anuncios insertados en los autobuses urbanos, es una iniciativa ingeniosa, sobre todos cuando los nidos o cajoncillos de madera se convierten en "santantones" al mostrar en su frontal una ingeniosa talla del rostro del Santo, pero también en este caso hacen falta instrucciones y consejos.

Porque un nido mal colocado y accesible para gatos y otros predadores se convierte en un matadero para los pájaros que pretendan refugiarse y anidar en el mismo. En muchos casos no serán los pájaros los afortunados, sino más bien los avispados gatos del entorno.

Pero vamos con las grandes contradicciones. Hace sólo unos días el estanque artificial al que los madrileños venimos llamando "Lago de la Casa de Campo" acaba de ser vaciado y "despescado": "despesque" se llama la captura total de la fauna piscícola que se va acumulando en los esteros y otros enclaves marítimos litorales y que consiste por lo general en lubinas, bailas, y otros especímenes propios de aguas salobres de las marismas.

Más de quince mil toneladas de carpas, percas sol, gambusias, y otros habitantes del lago artificial se han exterminado en pocas horas: se dice que han sido suavemente electrocutados, pero en definitiva no se ha salvado ni uno. ¿Quieren saber la causa de la sentencia? muy sencillo, por tratarse de "especies invasoras".

¿Invasora la carpa?, pero si lleva en la Pensínsula más de 2.000 años, ya que fue traída por los mismísimos romanos. No lo tomen a risa, porque el tema de la condición invasora de la carpa ha llegado a ser determinado por el mismísimo Tribunal Supremo.

El problema de las verdaderas especies invasoras es muy serio y la capacidad de desplazamiento, los medios de transporte y el acceso a la condición de mascotas de especies exóticas que no deberían haber llegado a los hogares, es cierto que han trastornado peligrosamente algunos ecosistemas ibéricos: mejillón cebra, avispa asiática, lucio, siluro y cangrejo rojo son otros tantos ejemplos, pero de luchar contra este problema a actuar de manera radical contra casos como el de la carpa, hay un verdadero abismo.

Las carpas y sus primas hermanas las carpas kio, los populares "peces rojos de estanque", son tan invasoras como los gamos, que llegaron de Asia. Algunas veces le digo a mi querido amigo el Padre Mundina que tenga cuidado con sus geranios, porque como los radicales se enteren de que llegaron desde África del Sur, va a haber que esconderlos para ponerlos a salvo.

Y el absurdo final: tratar de relacionar esta festividad y su significado, rural en origen, con las últimas teorías defensoras del veganismo. Quede claro que cualquier ciudadano es libre de tomar esta opción alimentaria o cualquier otra en defensa de su libertad individual (con perdón de lo que le pueda decir su médico), pero que un Ayuntamiento apoye en estas fechas la "ruta de los restaurantes veganos", dando a estos establecimientos preferencia sobre los que sirven a sus comensales de otra manera y pagan rigurosamente sus impuestos, roza el género del esperpento.

Cosas de la radicalidad.

A continuación