Un desagradable encuentro con el escorpión ibérico

Miguel del Pino

El mensaje de un oyente de nuestro programa "Jungla de asfalto", en que describe haber sido picado por un escorpión en un pinar de Valladolid, nos recuerda la necesidad de advertir sobre el peligro de la picadura de este arácnido.

Hay más de noventa géneros de escorpiones en el mundo. En la Península ibérica contamos con dos especies principales, el Escorpión común (Buthus occitanus) y el Euscorpius fanzagoi o "Escorpión de cola amarilla", más pequeño y de distribución menos extensa.

Los escorpiones son un orden perteneciente a la clase de los arácnidos. Poseen veneno como sus parientes del orden araneidos (las arañas) y su picadura, muy dolorosa, es potencialmente peligrosa para el hombre.

Afortunadamente, las especies más dañinas para nosotros pertenecen a las faunas africana y australiana; por extraño que parezca, algunos aficionados al mantenimiento de especies exóticas alberga alguna de estas criaturas en terrarios, con el consiguiente peligro cuando se produce alguna fuga. El escorpión ibérico común sólo es letal en casos muy raros de personas alérgicas o de niños de corta edad.

No es nuestra intención detallar las características zoológicas del escorpión, sino advertir de su peligro. Señalaremos que, como buen arácnido, cuenta con ocho patas (los insectos sólo tienen seis), y un primer par de apéndices en forma de grandes pinzas llamados "pedipalpos". Con ellos atrapan a sus presas, que son por lo general insectos y otros pequeños invertebrados.

El cuerpo del escorpión se divide en dos zonas: un prosoma, que engloba las regiones de la cabeza y el tórax y que se encuentran fusionadas en esta pieza, y un abdomen que está segmentado y presenta en el último de estos artejos el "unguis", que es un agudo gancho conectado con la glándula venenosa.

Como es natural este órgano es la parte más conocida del escorpión, pero es en la parte ventral donde se encuentra lo más curioso: unos rastrillos o "peines", de gran capacidad sensitiva, con los que va explorando el terreno buscando información sobre datos del entorno y posible presencia de piezas de caza.

Salvo las especies cavernícolas, que pueden ser ciegas, los escorpiones cuentan con ojos sencillos, situados en posición dorsal sobre la parte más delantera del prosoma.

El veneno de los escorpiones es neurotóxico y muy eficaz, ya que basta con la inoculación de una cantidad pequeña para producir la inmovilización de la presa; cuando pican a un ser humano la difusión del veneno es rápida, por tratarse de moléculas de tamaño pequeño. La intoxicación va acompañada de una quemazón dolorosísima.

Los escorpiones ibéricos del género Buthus, que como ya sabemos son los más abundantes en nuestra fauna, viven en zonas cálidas y aumenta su actividad con el calor de las jornadas veraniegas. Son de hábitos nocturnos y suelen permanecer durante el día ocultos bajo piedras o en pequeñas cuevas excavadas en la arena con la ayuda de los pedipalpos. Levantar bruscamente una piedra con la mano es una de las formas más seguras de encontrase frente a un escorpión y sufrir un doloroso accidente.

El color de nuestra principal especie ibérica es amarillento, por lo que se camufla bien en los suelos arenosos; algunos escorpiones africanos, como Pandinus, son de color negro, lo que los distingue perfectamente cuando se trata de ejemplares escapados de terrarios.

Para evitar la picadura del escorpión hay que cuidarse al caminar por suelos arenosos o por pedregales, usando calzado suficientemente protector: las sandalias y las zapatillas muy escotadas deberían evitarse siempre al pasear por el campo.

Si deambulamos por el bosque o por el matorral durante el atardecer o la noche, recordemos que en estos momentos los escorpiones se muestran especialmente activos y que en muchas zonas son bastante más abundantes de lo que podemos creer. No se trata de salir al campo asustados, sino de tomar elementales medidas de prudencia.

El mensaje más importante consiste en hacer saber que los escorpiones españoles se encuentran, junto a las escolopendras y algunos insectos y reptiles, entre los animales peligrosos de nuestra fauna, aunque este peligro sólo implica riesgo mortal en casos excepcionales.

En la mayor parte de los casos de picadura de este arácnido se produce, además de intenso dolor, un conjunto de signos generales como fiebre, mareos o vómitos, y en personas especialmente sensibles hasta pérdida parcial de consciencia.

Como las picaduras suelen ocurrir en el pie o el tobillo, los sanitarios acostumbran practicar una ligadura no muy apretada, que no se recomienda a personas no experimentadas. Si nosotros o nuestros acompañantes sufrimos este tipo de accidente conviene hacer el menor ejercicio posible, incluso permanecer en reposo absoluto hasta que se consiga la atención médica.

Existen antídotos contra el veneno de nuestros escorpiones, aunque por lo general basta con la aplicación de antihistamínicos, calmantes y antipiréticos, siempre por parte del personal sanitario autorizado.

Sobre los escorpiones existen muchas leyendas no justificadas, como la que le atribuye la capacidad de "suicidarse" inyectándose su propio veneno cuando se encuentran amenazadas por el fuego. No es extraño que un animal tan terrorífico sea objeto de patrañas como la que comentamos, y que se encuentra muy extendida en el medio rural.

Para los científicos resulta muy interesante el estudio de algunas pautas de conducta de los escorpiones, como la danza nupcial que ejecutan macho y hembra y que, en caso de error en los pasos por parte del macho puede conducir a que la hembra lo capture y devore

Pero en este momento no procede profundizar en los aspectos curiosos de la vida del escorpión, sino sencillamente advertir de su peligro.

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