España, el paraíso

Turistas Ornitológicos

Miguel del Pino

Delta Birding Festival es un certamen que reúne en el Delta del Ebro a una selecta representación de los ornitólogos de Europa. No se trata sólo de observar aves, hay también conferencias, exposiciones y todo un muestrario de lo que puede suponer para nuestro país el turismo basado en la observación de aves en enclaves privilegiados.

La edición de 2014 acaba de celebrarse este otoñal fin de semana, y nos cuentan los ornitólogos que han tenido la fortuna de asistir, que las aves parecían saber la importancia del evento y han concurrido con sus mejores efectivos.

Miles y miles de golondrinas parecían formar nubes en el cielo, ocultando el escaso sol, porque las jornadas han sido lluviosas. Inusitada abundancia de moritos (Plegades falcinellus), un diminuto Ibis que hace pocos años estaba al borde de la extinción. Garzas, garcillas, garcetas y todos los miembros de su acutática y pescadora familia dispuestas a estoquear con sus picos cuanto se moviera en el agua de los arrozales: en definitiva, un entorno sin parangón entre los santuarios europeos de la ornitología.

Gracias a los aluviones del gran Padre Ebro, que fertiliza las tierras antes de hacer lo propio con la plataforma costera una vez que desemboca en aguas marinas, se desarrollan prósperos cultivos de arroz que, como sucedía en el pasado en el entorno de Doñana, a veces se torna "arroz amargo" para las aves a causa del no siempre bien controlado uso de pesticidas. En una interesante iniciativa, la Sociedad Española de Ornitología adquirió hace años una finca de este entorno en la que cultiva "arroz ecológico", sin pesticidas ni contaminante alguno. La S.E.O trata de demostrar que se puede compatibilizar el cultivo rentable del cereal con la supervivencia de las aves, y viene obteniendo un producto de extraordinaria calidad, muy estimado por los que quieren disfrutar a un tiempo de la gastronomía y de la naturaleza.

Ante este gran humedal, sus problemas y su rentabilización económica, se abre en la actualidad la posibilidad del turismo ornitológico. Aunque muchos no quieran creerlo, hay millones de personas en Europa que basan sus vacaciones en la observación de las aves. En el Reino Unido, donde se expende una licencia similar a la que necesitan los cazadores, hay más de un millón de federados que practican el turismo ornitológico, y que no pueden creer lo que ven sus ojos, sus prismáticos o sus digiscopings, cuando tienen la fortuna de visitar nuestras tierras.

De manera que pongamos en valor las especies de la Fauna Ibérica capaces de generar recursos económicos en el entorno en que viven o por donde se desplazan en sus migraciones. ¿Cuánto vale un grupo de los escasísimos moritos, o una colonia de inmaculadas garcetas blancas, o el bellísimo calamón, ese gallo azul que coge con una pata y saca del agua los rizomas de que se alimenta? Dejando se lado los aspectos sentimentales o científicos, económicamente valen tanto como quieran pagar para observarlos los turistas ornitológicos.

Respetando a todos los visitantes, no hablamos de un turismo barato, ni sólo de unos apasionados naturalistas juveniles, generalmente de recursos limitados. El turismo ornitológico suele ser propio de profesionales bien establecidos y socialmente prestigiosos, personas cultas que se gastan buenas cantidades en sus sofisticados equipos de observación y que pueden dar lugar a una gran transformación en la economía de los entornos rurales que tienen el privilegio de encontrar en sus proximidades santuarios ornitológicos.

Las innecesarias polémicas

Categóricamente afirmamos que no tiene por qué existir discrepancia entre observadores y cazadores, y que las polémicas ocasionales, como la actual en las que algunas asociaciones naturalistas de Castilla la Mancha critican las, para ellos, excesivas facilidades que se dan a los cazadores, siempre son dañinas para el entorno que se desea proteger.

El verdadero enemigo de la naturaleza es el indiferente: aquel ciudadano a quien le da exactamente igual si se talan encinas, si se roturan campos de manera inadecuada, si se queman barbechos sin precauciones o si se construye en lugares inadecuados. La observación de las aves, es decir, el turismo ornitológico tiene necesariamente que hacerse compatible con la práctica cinegética.

Desde el punto de vista jurídico se plantea una curiosa situación que podría degenerar, mal gestionada, en un conflicto entre derechos: el cazador paga su licencia y sus impuestos para ejercer un derecho de ocupación sobre las piezas que pueden ser objeto de caza en cada lugar y momento; el observador paga sus impuestos para ejercer un derecho de simple avistamiento y en su caso, de fotografía de los animales. Corresponde a las autoridades hacer que ambos derechos puedan ejercerse sin interferencia.

También este fin de semana han celebrado los cazadores un congreso sobre turismo cinegético, en este caso en la capital, Ciudad Real. No cabe duda de que estamos ante un tema de gran importancia, que genera grandes recursos y que, coincidiendo en las fechas con Delta Festival Birding tiene que coincidir también en objetivos: proteger el medio rural y generar recursos para la población del campo, que arrastra siglos de incomprensión y de falta de apoyo.

Volviendo para terminar a la desembocadura del Ebro, el gran delta donde se han reunido los observadores, su fertilidad y su riqueza en vida nos recuerda la importancia de dejarlo llegar hasta la desembocadura sin extraerle las ingentes cantidades de agua que algunos suponen que se desperdician al verterse en el mar. También los limos, una vez que pasan a submarinos, fertilizan las praderas de algas, necesarias para la freza y la alimentación de las pesquerías, y también sus arenas serán conducidas por las corrientes para alimentar las playas de las costas levantinas españolas.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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