¡Test para todos ya!

Miguel del Pino

Es importante que toda la población sepa que tiene derecho a que le realicen los test necesarios para poder retomar la vida activa, y en su caso productiva, sin jugar a la ruleta rusa.

Todos necesitamos saber cuál es nuestra situación en relación con la covid 19, situación que puede resumirse en los tres apartados siguientes: Primero: Ya hemos pasado la covid y hemos quedado inmunizados. Segundo: No hemos tenido hasta el presente contacto con el virus. Tercero: En el momento de la realización de la prueba estamos infectados.

El primero de los apartados se refiere a la presencia de anticuerpos en sangre, aunque en este caso hay que hacer una matización: al comienzo de la infección se produce una primera descarga de anticuerpos a los que podemos llamar "primarios", cuya detección no presupone la inmunización; una segunda dotación de anticuerpos es la de los llamados "de memoria", que reflejan haber padecido la enfermedad, haberla superado y estar, al menos por el momento, en situación de inmunidad adquirida.

Los otros dos apartados hacen referencia a la presencia o ausencia del virus en la sangre y este dato complementa los anteriores para saber el estado sanitario e inmunológico de la persona investigada y por extensión, de la población.

Que nadie se deje engañar, porque todos los ciudadanos tenemos derecho a que se nos hagan estas pruebas, y sólo los resultados obtenidos pueden permitir la toma sensata de decisiones por parte de los encargados del control de la pandemia. Desconfinar a la población sin haber realizado el estudio epidemiológico masivo basado en los test es una medida que bien puede calificarse de irresponsable y que no permite descartar la aparición de rebrotes en un futuro inmediato.

La razón de que el Gobierno no pueda mantener más tiempo confinada a la población a la que no se ha investigado de manera masiva por mucho que el señor presidente hable de cientos de miles de test realizados, sólo se explica por la necesidad de evitar que al jinete apocalíptico de la peste se una el del hambre, que ya nos está acechando. El aislamiento social no puede prolongarse indefinidamente abusando de que el pueblo está dando un gran ejemplo de ser ese "buen vasallo si hubiera buen señor".

El señor ministro de Sanidad ya apenas habla de test, olvidando en sus alocuciones el apartado de mayor importancia. La cultura de la información y de la orientación se sustituye por la de la prohibición, vetando libertades con órdenes que en algunos casos son tan absurdas como imposibles de verificar ¿Quién va a entrar en nuestras casas para comprobar si los diez amigos que se pueden reunir están siempre a dos metros de distancia?

El Gobierno náufrago trata de salvarse a base de descoordinados manotazos en el agua sin la menor técnica natatoria, pero lo peor es que nos arrastra a todos los ciudadanos en el torbellino de su incompetencia.

Dos reflexiones elementales ilustran nuestro comentario; la primera deriva de los datos experimentales obtenidos en otros países con Corea a la cabeza, ya que fue además precursor en la realización de test masivos. La segunda se refiere a las posibilidades de tomar medidas destinadas a permitir retomar la actividad a la población, aunque sea de manera parcial detectando focos de resistencia del virus y aislando sólo a la fracción poblacional que pueda suponer peligro de contagio.

Prácticamente todos los países afectados han tomado la medida del confinamiento, que es muy dura, especialmente porque hunde la economía, pero que se hace necesaria para salvar vidas; el confinamiento persigue tres objetivos: conseguir tiempo para escalonar los contagios y evitar el colapso del sistema sanitario, mejorar las atenciones médicas a los enfermos con la esperanza de que vayan apareciendo nuevas terapias, y muy especialmente, realizar test epidemiológicos masivos para evitar los rebrotes al volver a la vida activa y laboral.

Los test no se han hecho de manera adecuada y suficiente durante el ya largo tiempo de confinamiento, con la añadidura de que algunas circunstancias complementarias, como la compra de material inadecuado, no homologado o procedente de incalificables circuitos comerciales, algunos muy lejanos al ámbito legal, entran de lleno en el campo del esperpento.

Siendo ya imposible para el Gobierno mantener eta situación vamos a volver a salir ¿con qué garantías? Con ninguna, como no sea la esperanza de que la inmunidad de grupo que se supone pueda haber adquirido una parte de la población, mitigue el efecto rebote; pero ¡no lo sabemos! Y la suposición resulta más que aventurada.

El optimismo del descenso en el porcentaje de contagios se nubla al pensar que la población estaba encerrada en sus casas. ¿Qué pasará cuando vuelva a salir? Los más optimistas pueden pensar en que el calor del verano mitigue la agresividad del virus, que parece tener su óptimo en los nueve grados, pero no hay que olvidar que ya ha pasado por zonas de temperaturas más elevadas que las de la primavera mediterránea, y no por ello se ha detenido.

Los laboratorios españoles están perfectamente capacitados para dotarnos del material analítico suficiente y adecuado, por añadidura al mejor precio y generando trabajo, de manera que no hay que recurrir al exterior, ni mucho menos exportar los que se van fabricando, ni peor aún, confiscarlos para después resultar tan torpes en la gestión como ese niño que dice "yo sé, yo sé", sin dejar que los mayores le orienten.

Pedir que todos tengamos acceso a los imprescindibles test no debe ser un ruego, sino la exigencia de un derecho.

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