¿Son lobos o perros?

Miguel del Pino

La "guerra del lobo" se reanuda con intensidad en el entorno del Parque Nacional de Picos de Europa, concretamente en zonas tan maravillosas como Cabrales, Amieva, Peñamellera, Cangas de Onís y tantas otras. El pasado día 25 un gran grupo de pastores, ganaderos y hosteleros, respaldados por más de treinta alcaldes, cortaban la carretera AS 264 entre las localidades de Oban y Poncebos para protestar por la mala gestión del territorio, acusando especialmente al Consejero de Medio Ambiente Fernando Lastra.

El núcleo de la cuestión se encuentra en la vieja guerra entre ganaderos y lobos. "No queremos que se extingan, pero sí que se controlen" fue uno de los lemas coreados en la manifestación que comentamos, en referencia, como es natural, al viejo enemigo: el lobo.

Anuncian los indignados paisanos que cortaron la carretera nuevas manifestaciones y hasta una posible acción contra la Vuelta ciclista en su próximo paso por estas localidades, lo que es muy lamentable, pero aún más lo son las pancartas contra el propio Parque Nacional, cuya existencia se califica de "ocupación" del territorio.

Esperemos que esta situación se solucione de manera inmediata con toda clase de medidas eficaces inteligentes, tan inteligentes como las que hace ya varias décadas consiguieron la paz entre los paisanos asturianos y el oso.

El libro de reciente publicación "Viviendo con osos", en el que su autor, el conocido naturalista Ezequiel Martínez da cuenta de sus diez años de trabajo en el concejo de Somiedo, hablando con los ancianos que fueron capaces de convivir con el oso pardo sin acabar con la especie, puede constituir una magnífica referencia.

Una de las acusaciones de los ganaderos es la deficiencia de las medidas de indemnización que dicen estar padeciendo cuando las lobadas les causan pérdidas; de ser esto cierto habría que instar a las autoridades a no retrasar ni burocratizar estos pagos que indignan a los que sufren daños de este tipo. Abonar lo justo por la pérdida de unas decenas de ovejas es insignificante al comparar este gasto con los peligros que suponen para el medio la indignación, justa en este caso, de los damnificados.

Pero de lo que las mandas de lobos presentes en este privilegiado entorno no tienen la culpa, es de la mezcla de intereses que se pone en juego en la eterna guerra con los lobos: se mezclan protestas contra la gestión del queso de Cabrales o en torno a otros variados aspectos de la gestión ambiental de la zona, de manera que conviene separar al cánido, eternamente proscrito, del resto de los factores que vienen generando el problema.

Decir a estas alturas que "fuera el Parque Nacional" o que "Con lobos no puede haber paraísos" son contrasentidos que sólo se pueden explicar por la desesperación de los afectados, debida a la ruina económica del medio agrícola y pastoril en los entornos especialmente agrestes. ¿Tiene el lobo toda la culpa? Por supuesto que no: así de claro.

¿De verdad son lobos?

En este caso no osaremos quitar la razón a quienes afirman que son verdaderos lobos los predadores que atacan a sus rebaños ovinos, pero no siempre y en todos los lugares ha ocurrido así: los perros asilvestrados han suplantado a veces al lobo en las tremendas matanzas de ganado que han sido tan frecuentes en España.

El problema de las jaurías de perros asilvestrados se ha mitigado en buena parte en las últimas décadas al controlarse mejor la gestión de las rehalas de montería. La Comunidad de Madrid fue una de las primeras en comprender la importancia del problema que se presentaba si se producían escapatorias o abandonos de perros de caza mayor que no estaban correctamente registrados y cuidados durante todo el año.

En estas páginas reivindicábamos hace varios años la figura del "maestro rehalero" que era el encargado del mantenimiento y cuidado de las rehalas de montería durante todo el año, no sólo durante la temporada de caza. Afortunadamente el abandono de estas jaurías al terminar la temporada de caza se puede dar por eliminado prácticamente en toda España.

Félix Rodríguez de la Fuente luchó de manera incansable para tratar de terminar con la confusión entre los verdaderos ataques del lobo al ganado y los accidentes similares producidos por perros asilvestrados. El ancestral odio de los pastores al lobo hizo que su voz fuera poco escuchada, cuando no rechazada con verdadera inquina, pero recientes investigaciones vienen a dar la razón al recordado naturalista.

En su cuaderno 375, la revista Quercus, decana de la prensa ambiental española, daba cuenta de los trabajos de Jordi Muntaner referencia a los ataques sufridos por el ganado en Mallorca, donde ni hay ni puede llegar el lobo.

Previamente, en 2014 y en la misma publicación Jesús Duarte, Francisco J. García y John Fa, redactaban el interesante artículo "No es lobo todo lo que mata", donde se demostraba que se producían abundantes bajas entre los rebaños de ovino causadas por perros asilvestrados de Mallorca, y lo que es más asombroso, también por perros domésticos mal controlados que escapan y vuelven, después de atacar al ganado, a la parcela donde son mantenidos de manera deficitaria.

Allí donde no hay lobos y los perros atacan al ganado no hay posibilidad de indemnización si los cánidos no poseen los chips de identificación legalmente requeridos, por lo que los ganaderos tienen especiales motivos de queja.

Volvamos a Asturias

Es necesario evitar la preocupante crispación existente en estos momentos en los concejos asturianos y en el territorio cántabro que se incluyen en el Parque Nacional de Picos de Europa y Montaña de Covadonga, o que limitan con el mismo. El ejemplo de lo ocurrido con el oso debería servir de modelo y nos hace recordar la labor de naturalistas tan inteligentes e incansables como Roberto Hartasánchez, Guillermo Palomero o Ezequiel Martínez que han sido capaces de actuar como "gente de paz", en este caso no de paz entre hombres, sino entre hombres y lobos.

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