Sirenas en Madrid

Miguel del Pino

Parece increíble pero en Madrid es posible no sólo avistar sirenas, sino hasta darles de comer los vegetales de que se alimentan. No hablamos, claro está, de animales mitológicos o de bellas bañistas con cola de pez, sino de manatíes, mamíferos acuáticos habitantes de ríos y mares, una de cuyas especies habita y se reproduce en la instalación de Jungla de Faunia.

Allí ha venido al mundo una sirenita que es la tercera cría de una pareja reproductora formada por el padre, Sherk y la madre, Fiora. Ya son expertos y cabe esperar que la crianza transcurra felizmente.

A este parto ocurrido el pasado día 2 precedieron los de Yuma y Escarola, la primera en 2.009, de manera que puede decirse que las sirenas, o manatíes, forman ya parte de la fauna castiza de Madrid.

Veinte kilos pesó nuestra sirenita al nacer, con más de un metro de longitud y un apetito tan excelente que mama aproximadamente cada veinte minutos, y lo hace de una manera muy especial, que dio origen a la leyenda de la mujer pez, tan extendida entre los marineros en tiempo de la navegación a vela.

Manatíes fiona y escarola en en el acuario del "Ecosistema de la jungla" en "Faunia" (2012) | Flickr cc Jacinta Lluch Valero

Una curiosa leyenda

Imaginemos a un vigía cansado de observar en la cofa del palo mayor del navío, cuando a lo lejos divisa un ser que lleva en sus aparentes brazos a una criatura en posición de amamantar y que asoma la mitad del cuerpo sobre la superficie. ¿Qué puede ser a ojos de aquellos marineros esta visión, sino una mujer-pez que amamanta a su pequeño mientras se asoma fuera del agua?

Despertemos a la realidad. Los sirenios (orden al que pertenecen los manatíes) tienen las mamas en posición casi pectoral, inmediatamente al lado de las aletas. Para amamantar a la cría, la madre la sujeta con ellas y la aprieta contra su pecho con tanta fuerza como ternura. La leyenda está servida.

Las mamas pectorales son raras: suelen ser abdominales o inguinales con excepciones como las axilares de las elefantas. En algunos habitantes del medio arborícola, entre ellos nuestros antepasados y el propio ser humano, se hacen pectorales para amamantar a los pequeños al tiempo que se sujetan con los brazos para evitar que caigan al vacío.

Verdadera curiosidad científica

Desde el punto de vista zoológico, los sirenios son mamíferos perfectamente adaptados a la vida en el agua, tanto marina como dulce. La especie mantenida en Faunia es el Trichecus manatus, conocido como Manatí, y es propio de aguas antillanas de agua dulce, hábitat en que se aventuran a partir del mar, donde debieron adentrarse sus antecesores siguiendo el camino inverso.

Más conocidos son los restantes grandes mamíferos acuáticos: los cetáceos, que comprenden ballenas, cachalotes, delfines y orcas principalmente, pero a pesar de su semejanza no reconocen parentesco próximo con nuestros protagonistas los sirenios, que antes se relacionan con los elefantes y damanes. A veces las apariencias engañan en lo que se refiere a los lazos de proximidad evolutiva.

Además de los manatíes hay otra familia en el orden de los sirenios: los llamados dudong (Familia dudóngidos) también poco conocidos por quienes no son expertos en zoología. Se distribuyen por las costas orientales de África cerca de las islas del Golfo de Bengala, en los mares de Malasia hasta las Molucas, Filipinas, Nueva Guinea y las costas tropicales de Australia.

Raramente los dudóngidos se aventuran por la desembocadura de los ríos, los manatíes sí lo hacen hasta haberse hecho más fluviátiles que marinos. Unos y otros sólo comen vegetales, pero en gran cantidad, así que en los escasos zoológicos donde viven y crían deben preparar ingentes cantidades de ensaladas y de algas.

Los escolares que participan habitualmente en las actividades docentes desarrolladas por Faunia, como nadar con los manatíes y darles de comer junto a sus cuidadores, deberán esperar una temporada y contentarse sólo con la observación. La maternidad debe respetarse y hay que molestar lo menos posible a Fiona para que saque a flote a su tercera cría.

No es fácil imaginar cuánta ternura y cuántos cuidados puede dedicar a su cría un animal tan masivo y aparentemente poco comunicativo. El mundo de estas "vaquitas marinas", como suele llamarse a los sirenios es apacible. En libertad viven en pequeños grupos y pastan por la noche en las praderas subacuáticas y en la vegetación litoral.

A pesar de la hermosa leyenda que despertaron los primeros encuentros del hombre de mar con los sirenios, no fueron amistosos por nuestra parte: la Vaca marina de Steller, Hydrodamalis stelleri, un miembro de los dudóngidos que se aventuraba en aguas frías del Mar de Bering fue exterminado en el siglo XVIII casi inmediatamente después de descubrirlo.

Afortunadamente, ni la recién nacida ni el resto de su familia madrileña tienen nada que temer y pueden pastar sus suculentas ensaladas ante la admiración de los niños en la Jungla tropical de Faunia. El nombre será puesto a través de sugerencias por Facebook, y en este caso la imaginación infantil suele proporcionar resultados sorprendentes,; recordemos que Chu Lin, el primer Panda nacido en Madrid fue "bautizado" por un niño, que no sabía su traducción al chino que era "Tesoro entre el bambú". No cabe más acierto.

Citaremos finalmente las tres especies existentes de la familia de los manátidos, o triquétidos que actualmente viven en el mundo: Trichecus senegalensis, de África occidental, Trichecus inunguis, del amazonas y el Orinoco, y Trichecus manatus, la especie que disfrutamos en Madrid, de América Central y en este caso de acento antillano. Bienvenida al mundo, pequeña sirena.

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