Serpientes Rey en Canarias: una preocupante plaga

Miguel del Pino

A partir del año 2008, sin que sea posible determinar la fecha exacta, se viene detectando la presencia de una serpiente invasora en diversas localidades de la isla de Gran Canaria; se trata de una gran culebra denominada científicamente Lampropeltis getula californiae, originaria del Sur de Estados Unidos donde se conoce como "Serpiente Rey"

Hay que comenzar tranquilizando a la población de dichos territorios que abarcan zonas silvestres de Telde, Santa Brígida, San Mateo, Valsequillo, San Bartolomé de Tirajana, Gálder y la propia capital, ya que la especie no es venenosa y por añadidura su comportamiento es extremadamente tranquilo.

Precisamente por dichas cualidades es una de las especies de serpiente más atractiva como mascota de terrario, por lo que parece seguro que su introducción en la Isla tuvo lugar como consecuencia de liberaciones o fugas por descuido de algunos ejemplares mantenidos en domesticidad. La catástrofe ambiental está servida.

Lampropeltis puede alcanzar un metro de longitud y es fácil de identificar por su coloración general negra con anillos anchos de tonalidad blanca amarillenta; no ataca a las personas pero puede acabar con buena parte de los efectivos faunísticos de este paraíso ambiental canario, sin descartar que pueda extenderse a otras islas del Archipiélago Canario, a pesar de la fuerte barrera que el mar supone en este sentido.

La fauna endémica canaria, de incalculable valor ecológico, como los lagartos gigantes, podría verse muy seriamente afectada por la plaga y dado que el colúbrido invasor carece de enemigos naturales y se encuentra en unas circunstancias climáticas similares a las delas zonas de California de procedencia, el hombre tiene que tomar la responsabilidad de controlarla.

Aportación de fondos europeos

La Unión Europea está aportando fondos para dicho control a través de un programa LIFE y estos recursos se están empleando para la formación de equipos de expertos capaces de encontrar y capturar ejemplares: desde que comenzó tal actividad se vienen retirando unos 600 ejemplares por año.

También se destina parte de los fondos al estudio e investigación del hábitat y las costumbres de este colúbrido: se sabe así que hay un alto porcentaje de hembras potencialmente reproductoras, cada una de las cuales puede hacer puestas de unos dieciséis huevos, y recordemos que los descendientes carecerán de enemigos que frenen su previsible progresión geométrica.

Desde luego quienes introdujeron los primeros ejemplares en la naturaleza maravillosa de Gran Canaria estaban lejos de imaginar el daño científico y ambiental que en un futuro inmediato iban a provocar las que habían sido sus pacíficas mascotas. Si se trata de descuido es lamentable, pero si fue de forma intencionada entramos ya plenamente en el terreno de la delincuencia ambiental.

Algunos de los ejemplares capturados se han devuelto a la naturaleza después de incorporarles un transmisor que informe de sus movimientos y de su extensión territorial. Se teme que la magnitud de la plaga sea mayor de lo que se puede suponer por el poco tiempo transcurrido desde su localización, dado que viven bajo piedras y sólo son vistas por los excursionistas más activos, quedando fuera de las zonas de alcance del turismo clásico.

Volviendo a insistir en que se trata de una culebra no venenosa ni agresiva, da miedo reflexionar sobre las consecuencias que podría tener un caso similar con referencia a una especie venenosa, en consecuencia todas las precauciones son pocas manejando animales de estas características.

Existen exigencias legales

Queremos respetar a quienes practican la afición a los animales de terrario siempre que limiten su actividad a las especies permitidas por la Ley, que estén en posesión de la documentación exigible y de los conocimientos necesarios, pero todos ellos deberían reflexionar sobre la seguridad de sus instalaciones y si merece la pena correr el riesgo de fugas de ejemplares. No se admiten fallos.

En alguna ocasión hemos criticado ciertos excesos conservacionistas al aconsejar a los legisladores, sobre todo cuando se ha llegado a estudiar la prohibición de importación del pez rojo de estanque, del guppy, el más popular de los peces tropicales, o de algunos pájaros cuya procedencia de la crianza doméstica está garantizada, por temor a que se conviertan en especies invasoras, pero casos como el de la liberación masiva de tortugas de Florida por quienes se cansaban de mantenerlas, o el que estamos comentando en esta ocasión desde luego motivan a la reflexión.

Conocemos suficientes casos de catástrofes ambientales por liberación de especies invasoras, no sólo de animales, también de plantas, como para que estén justificadas todas las medidas legales, pero no nos olvidemos de divulgar este peligro: el componente de educación ambiental es tan importante como los ímprobos trabajos que después es necesario hacer para neutralizar el problema. A ello queremos contribuir con esta llamada de atención.

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