Seprona: de verde y Oro

Miguel del Pino

El día 8 de diciembre de 2011, Adena (WWF España) celebró sus bodas de oro y para conmemorarlo convocó una edición especialmente brillante de sus acreditados Premios Panda: los Panda de oro.

El Servicio de protección de la naturaleza de la Guardia Civil (Seprona) fue uno de los galardonados entre el unánime reconocimiento de todos y cada uno de los implicados en la observación, el estudio y la defensa de la naturaleza española.

Las actividades del Seprona son muy variadas y se encaminan a frentes de naturaleza muy diferente, como la lucha contra los incendios forestales, el empleo de venenos en el campo o el tráfico de especies protegidas, por citar algunas de las más impactantes, pero no son sólo estas ya que el mundo de los animales de compañía también viene mereciendo su atención y su trabajo

Hay que agradecer de manera especial esta sensibilidad por parte de los agentes del Seprona. Que un perro maltratado, abandonado o ahorcado despierte su interés tanto como podría hacerlo un lince o un águila imperial habla bien claro de la sinceridad de su condición de amantes de la naturaleza.

Porque también los animales domésticos forman parte de la naturaleza: en el campo o en la Jungla de Asfalto de la ciudad, y así hemos titulado nuestro programa de los fines de semana enesRadio. Miles de animales y plantas forman parte de un ecosistema urbano que sin ellos, produciría terror de puro frío e inanimado.

Y el Seprona ha sabido entenderlo. Así lo acaba de proclamar por medio de una campaña recién presentada a la Prensa con el título de “Yo sí puedo contarlo”. Quizá mejor que nade, nos permitimos añadir, porque los testimonios de la actividad de los agentes en la lucha contra el abandono y el maltrato animal son en muchos caos escalofriantes.

Las cifras presentadas en la rueda de prensa, que hacen relación a las estadísticas del año 20015, son bastante significativas: se cometieron 609 actuaciones calificadas como delitos, especialmente en relación con los perros, y hubo 426 detenidos. 450 perros fueron encontrados abandonados, 23 ahorcados, 44 víctimas de golpes o palizas, 115 envenenados, 97 rescatados en estado de grave desnutrición y 358 robados a sus dueños.

Estamos hablando de datos fidedignos y también de la punta de un iceberg. Si estos son los datos de las recuperaciones de animales maltratados y de puesta de maltratadores a disposición judicial, está claro que son muchos más los que, a pesar de los esfuerzos del Seprona, escapan todavía de la acción de la Justicia.

Ante la tristeza de la realidad reflejada por los anteriores datos cabe al menos una reflexión positiva: hace aún muy pocos años todo esto hubiera pasado desapercibido o al menos no se habría encontrado frente al peso de la Ley. Muchas actividades como el abandono, el envenenamiento o la infinita crueldad del ahorcamiento de perros son hoy tipificables como delitos, y las penas consiguientes pueden exceder el campo de lo meramente pecuniario.

La obligatoriedad de la colocación de chips identificativos es el arma principal para poder certificar la propiedad de un perro, de manera que la pérdida de cualquier ejemplar debe ser inmediatamente denunciada por su propietario, que, en caso de no hacerlo, estará entrando en el terreno del abandono, aunque la pérdida haya sido accidental o por robo.

Los envenenamientos revisten especial gravedad y son más frecuentes de lo que pudiera parecer. La mayor parte de los perros envenenados son víctimas secundarias de los cebos colocados en el campo para exterminar predadores en los cotos de caza gestionados por los auténticos delincuentes que así actúan todavía. Los éxitos del Seprona en este terreno son verdaderamente admirables.

También se han producido envenenamientos en plena ciudad, especialmente en los parques públicos. Quienes han colocado en alguno de ellos bocados envenenados destinados a los perros se mueven a caballo entre la delincuencia criminal y la más absoluta demencia. Es increíble, pero ha pasado.

Los perros ahorcados, especialmente galgos como es bien sabido, no son sólo reflejo de brutalidad o ignorancia sino también de crueldad y maldad en grado sumo, de manera que la  localización, detención y puesta a disposición judicial de tales indeseables debe ser motivo de especial satisfacción para cualquier persona en su sano juicio.

Todo lo expuesto por el general Vicente Pérez en las declaraciones que venimos comentando, y la implicación del Seprona en la lucha contra la crueldad y el maltrato animal, son la noticia del verano en relación con la naturaleza. Todos  nos sentimos solidarios con ese lema de “Yo sí puedo contarlo”. Contarlo es necesario, para que entre todos terminemos con la lacra de los maltratadores de indefensos animales de compañía.

Como suele ser habitual son muchos los artistas que unen su nombre y aportan su popularidad a este tipo de campañas. Creemos en su sinceridad y son merecedores de agradecimiento, pero por nuestra parte queremos destacar a dos testigos presentados en la rueda de prensa: dos preciosos perros que apoyan a los agentes en su lucha diaria llamados Dingo y Manchas. Bravo también por ellos.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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