Una carrera reivindicativa

San Perrestre

Miguel del Pino

La conocida ONG El Refugio, presidida por el entusiasta y mediático Nacho Paunero, llega a inventar un nuevo santo, el imaginario San Perrestre, no sabemos si con el desagrado de San Antón, el clásico patrono de los animales domésticos.

San Perrestre es una fiesta animal de final de año que ya se va haciendo clásica en Madrid. Perros y amos ataviados de manera ingeniosa y lúdica emprenden una breve carrera desde Cibeles hasta el Parque del Retiro con la intención de reivindicar la protección de los animales abandonados y llamar la atención sobre las causas de tan inhumanos abandonos.

Hasta aquí la parte festiva. Las ONG de defensa de los animales domésticos, y del perro en particular, no han venido prestando demasiada atención a la tradicional e inminente festividad de San Antón ni a las bendiciones y vueltas de los animales en ese tradicional desfile en torno a la iglesia de la calle de Hortaleza del que tantos años he sido testigo en mi condición de comunicador, bien como pregonero, en tres ocasiones, o como comentarista en directo durante más de veinte. Las vueltas de San Antón son algo inocente y entrañable que en alguna ocasión trató de boicoitear alguna asociación animalista extremista. No es éste el caso de El Refugio, organizador de la San Perrestre.

El nombre es ingenioso aunque el Santo sea imaginario: una especie de trasposición de San Silvestre y su carrera de fin de año al mundo canino, es decir, simplemente una broma de buen gusto.

600 perros con historia

Este año han participado más de seiscientos corredores, o mejor, parejas de corredores, ya que deben correr perro y amo formando un equipo inseparable. No se trata de competir, sino sólo de recorrer con alegría el trazado, eso sí, perfectamente controlado, sin molestar a nadie, como debe ser. Hasta los galgos, por cierto muy numerosos, parecen contenerse y aceptar que ahora no se trata de batir plusmarcas como en el canódromo, sino simplemente de pasar con su amo un rato agradable.

Cada perro de la San Perrestre tiene una historia, en este caso siempre con final feliz. Por supuesto la prueba no está limitada a perros de raza, antes bien son mayoría los cruzados, o dicho cariñosamente, los chuchos que un día pasaron por el trance del abandono y han tenido la suerte de encontrar una persona sensible que les ha dado una nueva oportunidad y que ahora corre orgullosa a su lado.

Porque la carrera es reivindicativa, y trata de recordar una campaña que El Refugio ha emprendido de manera entusiasta y ha refrendado con la entrega a las autoridades de la Comunidad de Madrid de miles de firmas solicitando lo que hasta hace muy poco parecía simplemente una utopía: el final del sacrifico de los animales abandonados y recogidos en sus instalaciones de protección, es decir, de que esa protección sea tal y no una simple antesala de la cámara de sacrificios.

Si hemos disculpado a El Refugio nada menos que la invención de un santo, lo haremos también con su voluntaria falta de ortografía al titular Sacrificiozero a esta campaña contra la muerte de los animales recogidos, a veces tras sólo diez días de espera para que sean recuperados por sus dueños o adoptados por un nuevo amo.

Un esfuerzo… que vale la pena

El Refugio predica con el ejemplo y no sacrifica a los animales que recoge con su esfuerzo particular y el de sus voluntarios. La pregunta es si será posible que las autoridades municipales o, en este caso autonómicas, tengan posibilidades materiales de hacer lo propio. El modelo ya existe, comenzó a aplicarse en Italia y en nuestro país fue pionera la Comunidad de Cataluña. Implica un alto esfuerzo económico, pero muchos ciudadanos exigen esta vía humanitaria como alternativa al sacrificio sistemático de animales recogidos tras su pérdida o abandono.

Paunero y sus voluntarios no sólo tratan de llegar al corazón o a la sensibilidad de las autoridades de la Comunidad de Madrid: también plantean la rentabilidad en votos que acarrearía una medida como la aceptación de Sacrificiozero para el partido que se atreviera a afrontar el desafío. Son muchos los ciudadanos que se horrorizan al saber que si encuentran un animal abandonado y llaman para que pasen a recogerlo las autoridades, están conduciendo al presunto protegido hacia una muerte segura. Mirar para otro lado suele ser la postura de quienes conocen a fondo el tema.

Los veterinarios y el personal contratado para el sacrificio suelen permanecer poco tiempo en estos cargos y a veces terminan realmente traumatizados. Un perro o un gato sanos y vitales son algo demasiado hermoso y demasiado sensible como para tener que acabar con su vida, aunque haya que reconocer que mucha veces es para evitar un final todavía más traumatizante y a veces peligroso para las personas, como los accidentes de tráfico que a veces provocan estos pobres animales al invadir despistados las vías.

Se puede intentar: es cuestión de estudiar bien el tema desde el punto de vista económico y sobre todo de concienciar a todos los ciudadanos sobre la necesidad de evitar el abandono de mascotas, y también, no lo olvidemos, para extremar el cuidado de que no se extravíen, ya que la pérdida accidental es todavía más frecuente que el abandono.

El Santo a quien invocar la protección de los animales domésticos ya existía, era y sigue siendo San Antonio Abad, de manera que no hacía falta inventarlo, pero la finalidad de la creación de San Perrestre como abogado del Sacrificiozero es noble, y la campaña tan eficaz desde el punto de vista mediático, que la infracción al santoral está disculpada en función de la alegría y la finalidad de la fiesta.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

A continuación