Hacia una solución humanitaria

Sacrificio cero

Miguel del Pino

En la mayor parte de España los animales perdidos o abandonados que son recogidos por los servicios municipales de protección dispondrán de un plazo, generalmente reducido, para que sus dueños los reclamen o para que sean adoptados. Después, vamos a decirlo sin eufemismos, serán sacrificados, eso sí, de la manera más humanitaria posible. Es esto lo que dicen las leyes.

La realidad es que cuando un ciudadano amante de los animales tiene la desgracia de tropezarse con un perro o un gato abandonados y lo entrega a las autoridades, sabe que en realidad lo está condenando a muerte, aunque su comportamiento sea el adecuado para evitar al animal sufrimientos y a los ciudadanos problemas, como por ejemplo evitar que pueda provocar un accidente.

¿Es necesario el sacrificio sistemático?

Los miembros de muchas Protectoras piensan que no, y en este sentido proponen al Gobierno una Ley de ámbito estatal que prohíba el sacrificio de los animales recogidos y se responsabilice de ellos, para mantenerlos en condiciones de bienestar mínimo durante el resto de su vida.

Cataluña ya ha legislado en este sentido, de manera que su ejemplo puede servir de estudio de viabilidad para el resto de España. Italia lleva varios años apostando por esta fórmula, llamada "modelo Italia" en ámbitos conservacionistas. ¿Se verá esta iniciativa asfixida por presiones de diferentes naturalezas, especialmente las económicas?

Ningún ser humano dotado de un mínimo de sensibilidad se mostrará partidario de sacrificar los perros y gatos abandonados que estén en condiciones mínimas de salud como para no precisar la eutanasia por razones humanitarias; muchos ciudadanos opinan sin embargo que es un lastre demasiado grande para las economías municipales mantener con vida a todos los refugiados, de manera que la polémica está servida.

En las últimas semanas, la organización "El Refugio", presidida por el entusiasta y mediático Nacho Paunero, ha lanzado una nueva campaña que propugna no sacrificar ningún animal sano recogido como consecuencia de abandono o extravío: "Sacrificiozero" es el lema, como una sustitución de c por zeta, desde luego menos afortunada que los objetivos de la convocatoria.

La inmunidad y la protección "de por vida" a los animales abandonados era, hasta ahora excepción, llevada a cabo por entidades que se lo podían permitir gracias a donaciones o cuotas de socios; todo ello muy edificante pero muy dificil de exportar a los dominios de las corporaciones municipales. Ni siquiera hay estudios económicos solventes que puedan probar la viabilidad del método, de forma que la petición a los ayuntamientos para que financien la carga de la supervivencia puede ser excesiva para las posibilidades de sus arcas. ¿Cómo abordar una solución que sería muy bien vista por la mayor parte de los ciudadanos?

Un problema con numerosas aristas

Para conseguir el objetivo del sacrificio cero hay que abordar varios problemas previos, como evitar la proliferación de animales nacidos sin garantías de que vayan a tener un amo responsable; y muy especialmente conseguir que disminuya el número de animales domésticos abandonados. Si mejorásemos en estos aspectos, sería posible plantearse la hermosa situación de unas instituciones municipales que no se vean obligadas a sacrificar. Vamos pues a empezar por edificar estos cimientos.

La crianza de perros o gatos en manos de particulares no suele garantizar la colocación en buenas manos de la totalidad de los cachorros nacidos. Seguramente tendrán muchos amigos que se ofrecerán a hacerse cargo de una cría, pero no todos cumplirán lo prometido cuando se vean ante la realidad de responsabilizarse de una mascota. Cuando las crías den sus primeros pasos y empiecen a interaccionar con las personas, será ya muy complicado deshacerse ellas de manera humanitaria; entonces empezaremos a comprender lo importante que hubiera sido evitar su llegada al mundo.

El problema del abandono suele ser enfocado de una manera tópica, de manera que muchas veces se diagnostica mal la razón o razones, simplificando elementalmente: "los trajeron los Reyes" y se abandonan cuando llegan las vacaciones. En algunos casos esto es así, pero conviene aclarar que no hay épocas del año en que se produzca un notable aumento de abandonos, ni siquiera al iniciarse el periodo estival. El abandono es una cruel e irresponsable práctica que se repite de manera constante, como un goteo a la largo de todo el año.

No haber socializado correctamente al animal es otra de las posibles causas de abandono; en ese caso la víctima se queda sin amos en el momento en que su conducta defectuosa sobrepasa el limite que la paciencia de éstos puede tolerar. El descubrimiento de los primeros signos de agresividad es un momento clave en este sentido.

Tampoco olvidaremos el gran problema que suponen los animales perdidos, y esta cuestión afecta especialmente a los gatos, que se escapan movidos por su curiosidad territorial cuando sus amos les hacen acompañarlos en vacaciones . También los perros se pierden frecuentemente, por ejemplo, cuando están su casa en obras y no se mantienen las puertas permanentemente custodiadas y cerradas. Los dos últimos ejemplares que hemos tenido la ocasión de recuperar para sus amos se habían escapado como consecuencia de estar en obras el domicilio.

Los animales extraviados o perdidos se convierten en paradigma de la indefensión y la tristeza, pero cuando no se trata de abandono sino de extravío, también sus amos suelen caer en un estado de abatimiento que a veces conduce a la depresión. La inyección del micro chip subcutáneo cuya lectura por parte de veterinario permite la localización inmediata del propietario de la mascota perdida debería haber solucionado el gran problema de los extravíos, e incuso también del de los robos; sin embargo hay que reconocer que tardaremos años en conseguir que esta práctica tan sencilla se siga de manera generalizada.

Hacia la solución más humanitaria

A base de trabajos y esfuerzos parace que entre todos vamos consiguiendo que disminuya el número de perros y gatos callejeros, pero aún no es suficiente. En las grandes ciudades hay que controlar las zonas periféricas en la que se trabaja en la construcción y se mantiene a los perros sólo mientras dura la misma, también los pueblos pequeños, donde perros y gatos gozan de mucha mayor libertad de movimientos y de mayor espacio, deben ser especialmente vigilados.

Si finalmente el número de animales perdidos y abandonados en pueblos y ciudades españolas se redujera de forma drástica, podríamos soñar con un entorno en que no se practican sacrificios de mascotas extraviadas o abandonadas, en el que su cuidado y manutención corren a cargo del presupuesto municipal hasta que tienen la fortuna de ser adoptados.

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