Manzanares el Real

Rana busca charca

Miguel del Pino

Un tercio de las especies de anfibios del mundo se encuentra en estos momentos seriamente amenazado, algunas de ellas parecen realmente abocadas a la extinción y las españolas no se salvan de esta situación preocupante.

El Fondo Mundial para la Naturaleza de España (WWF) ha recurrido a los municipios de nuestro país para pedirles que tomen medidas destinadas a la protección de ranas, sapos, salamandras, tritones y demás miembros de esta clase de vertebrados. No podemos imaginar las charcas de primavera en las noches de luna sin el concierto coral de estos animales, todos ellos ávidos depredadores de invertebrados y por tanto aliados de unos agricultores que, por lo general, no terminan de comprender las ventajas de un pacto de no agresión con ellos.

El Municipio madrileño de Manzanares el Real ha sido el ganador de este curioso concurso cuyo tema práctico es mejorar las condiciones de limpieza de aquellos lugares que pueden servir de refugio reproductor para los anfibios, o bien crear rincones húmedos, charcas y abrevaderos en los que éstos puedan reproducirse al llegar la estación primaveral. La corporación leridana Consorci de L’estany D.Ivás y la reserva Vida Sana de los Ancares han sido finalistas del certamen.

Los enigmáticos "guardafuentes"

En muchas localidades castellanas los tritones eran conocidos por la hermosa denominación de "guardafuentes". La sabiduría popular relacionaba la presencia de anfibios con la limpieza de las aguas de fuentes, charcas y pilones, así como con la potabilidad de las mismas. No andaban lejos de la realidad, ya que la existencia de anfibios es síntoma de salud acuática, y la contaminación los alejará de manera definitiva. Nos encontramos ante uno de los mejores "Indicadores ecológicos" en materia de pureza del agua.

Bueno para los anfibios y para el hombre

No cabe duda de que una población cuyas charcas estacionales, fuentes y pilones abrevaderos se muestran cristalinos y libres de contaminación es un lugar excelente no sólo para los anfibios sino también para el hombre, sea en su condición de residente o de veraneante. Los alcaldes de los 67 muncipios que se han presentado a la convocatoria del certamen "Rana busca charca" han mostrado la sensibilidad suficiente para comprender que el premio o la mención suponen un atractivo añadido para las personas amantes de la naturaleza a la hora de visitarlos o establecerse en ellos.

La gran importancia de los indicadores ecológicos, como en este caso los anfibios, estriba en que nos permiten hacer generalizaciones como ésta: si el agua está limpia y las zonas húmedas bien cuidadas, los anfibios podrán reproducirse y sus poblaciones no disminuirán, pero también la calidad de vida de las personas residentes contará con una garantía sanitaria añadida nada despreciable.

Interesantes y curiosos animales

Los anfibios constituyen una clase de vertebrados llena de curiosidades, tanto científicas como populares. Se dividen en tres órdenes: urodelos, anuros y ápodos. Los primeros son anfibios con cola, plana como en los tritones o cilíndrica como en las salamandras. Los anuros carecen de cola en su estado adulto, pero la presentan en sus fases larvarias llamadas renacuajos; sapos y ranas resultan familiares incluso a los profanos en zoología; no así los ápodos con formas de aspecto tan extraño que pueden ser confundidos con una lombriz, y por lo general resultan desconocidos para los no expertos.

Aunque respiran perfectamente por pulmones cuando son adultos, todos los anfibios necesitan del agua en estado líquido para su reproducción, de manera que no pueden ser considerados con propiedad animales terrestres. Su debilidad se encuentra en la cubierta del huevo, que es blanda y desecable, por lo que si en el periodo de celo, a veces muy breve, no encuentran una charca, una balsa, o por lo menos un bebedero para ganado donde hacer la puesta, ese año no podrán reproducirse. Queda clara la necesidad de que estas retenciones de agua, aunque sean pequeñas, resultan vitales para nuestros protagonistas.

No sólo la contaminación, sino también las sequías son factores limitantes para la puesta de los anfibios. Una vez elegida la charca de los amores y de la deposición de los rosarios de huevecillos, es necesario que la evaporación no la deseque antes de que haya terminado la metamorfosis de los sufridos renacuajos. Está claro que no es fácil ser anfibio y sobrevir en el ecosistema mediterráneo. Más sencillo lo tienen algunas especies de ranitas tropicales a las que les basta el agua retenida en una hoja en forma de copa para poner allí un huevo y tener la oportunidad de que el renacuajo nazca, desarrolle su metamorfosis y pase a ser adulto en una verdadera carrera contrarreloj por la vida.

¿Por qué se extinguen los anfibios?

El fenómeno de la disminución del número de anfibios afecta en estos momentos a la totalidad del planeta y las causas todavía no están completamente aclaradas. Exageradas demagogias trataron hace años de relacionar el problema con la disminución estacional del ozono. Mejor orientadas parecen las investigaciones actuales sobre ataques de hongos patógenos, y si nos trasladamos al mundo de los crustáceos, recordemos que nuestro antaño abundante cangrejo de río estuvo al borde de la extinción como consecuencia de una de estas enfermedades fúngicas, siempre difíciles de diagnosticar y tratar.

En nuestras latitudes civilizadas, los principales enemigos de los anfibios son la contaminación de charcas y fuentes y en algunos puntos concretos los atropellos nocturnos, cuando los pobres enamorados buscan las aguas cristalinas en las que cantar y llamar a sus parejas. Las soluciones parecen evidentes. En primer lugar, cuidar la calidad de las aguas y crear balsas y charcas artificiales en espacios donde la presencia de anfibios sea notable. También la instalación de pasadizos para salvar las carreteras en los puntos negros por atropellos puede ser tan eficaz como sencillo.

Sepamos reconocer a los amigos

Todos los anfibios españoles están protegidos por la Ley y son beneficiosos para la agricultura. Aunque las glándulas de la piel de muchas especies segrega sustancias defensivas ponzoñosas, no es normal que los tomemos en la mano para comprobarlo, sencillamente vamos a dejarlos en paz. El sufrido agricultor debe ir más allá, considerándolos como excelentes aliados y amigos, aunque alguno sea tan poco estético como el sapo común, y aunque no haya que esperar que ninguna rana se convierta en príncipe.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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