Pocahontas, la perra secuestrada

Miguel del Pino

El adiestrador de Pocahontas, la perra de raza Labrador que le fue robada a punta de pistola en un parque de la localidad madrileña de Aranjuez, se muestra desconsolado y suplica a los ladrones que la devuelvan.

El robo de perros es algo desgraciadamente frecuente y suele dejar una estela de sufrimiento entre los dueños; las causas son muy variadas y van desde el interés económico hasta las siniestras redes de organizadores de peleas que figuran entre las lacras más abominables del hampa. Pero el caso de Pocahontas es diferente.

Es especialmente triste para Alfonso García, el adiestrador de la perra, porque estaba a punto de ver recompensados sus desvelos y sus horas de trabajo el mismo día que sufrió el robo, pues era la fecha señalada en que iba a ser entregada a una niña de tres años que padece deficiencias motoras. Pocahontas se iba a convertir no sólo en su mejor amiga, sino también en las facultades que le faltan a la pequeña. La historia es de una tristeza infinita.

No conocemos a estas horas el final de la historia, que no parece invitar al optimismo a pesar de las crecientes sumas que se ofrecen como recompensa a los desaprensivos. ¿Qué pensarán cada vez que la perra los mire o quiera jugar con ellos? ¿No se removerá lo que quede de sus conciencias?

Es bien conocida la labor que prestan los perros guías para ciegos y hay que felicitar a la Once por la excelencia de su trabajo en la formación y donación a personas ciegas de perros entrenados que serán capaces de convertirse en los mejores y más útiles amigos que aquellas personas invidentes cuyas vidas van a inundar de alegría. Pero no son éstos los únicos servicios que los perros adiestrados pueden rendir a personas con capacidades disminuidas: sordera, movilidad reducida, autismo y tantas otras patologías pueden encontrar en un perro adiestrado el más eficaz complemento terapéutico.

Y los labradores son los mejores perros para este tipo de colaboración con los humanos; por inteligentes, por facilidad para ser educados y si me permiten hasta por algo que no se puede designar con palabras científicas, pero que entenderá cualquiera que sostenga unos segundos su mirada: por su bondad.

Los labradores negros, como Pocahontas, tienen su origen en perros llevados de Europa América como acompañantes de los marineros; una de las variantes de aquellos canes viajeros llega a alcanzar gran tamaño y se conoce con el nombre de las tierras del Norte en las que llegó a hacerse acompañante de los balleneros. La segunda variedad, de menor tamaño, se aclimató más al sur, siempre como perros de ayuda en la pesca, y tras ser reintegrados a las Islas Británicas dieron lugar a los tipos actuales.

Los labradores cuentan con facultades muy especiales entre la especie canina; no temen a la oscuridad y por esos son capaces de entrar en espacios sin ninguna iluminación como los que se producen en los edificios derribados: gracias a ello pueden encontrar seres humanos atrapados tras los terremotos, y uno bien reciente estamos sufriendo en estos momentos en Turquía.

La capacidad de desplazarse en equilibrio por vigas estrechas e inclinadas es otra de sus habilidades especiales; quizá las han adquirido como consecuencia de la selección por parte de los pescadores para ayudarles en la mar en el manejo de las redes, lo que requiere caminar por la borda incluso con fuerte oleaje. Estos perros son maravillosos.

Suele decirse que el caballo es "la más noble conquista humana", pero es posible que el perro sea más digno de ostentar este galardón cuando alcanza la categoría de perro de ayuda de personas con capacidades reducidas, como es el caso de la perra Pocahontas, secuestrada en Aranjuez. Esta historia debe terminar de manera feliz, con la devolución y entrega de la misma a la niña cuya vida está destinada a alegrar.

Frente a tanta maldad conviene reflexionar sobre lo meritorio del trabajo de los adiestradores de estos perros tan especiales, Muchas veces, cuando eran cachorrillos, se ha contado con la colaboración de familias que han tenido la generosidad de mantenerlos y criarlos en su seno hasta la llegada del momento del inicio de su adiestramiento, en el cual deben separarse de ellos: generosidad, se llama esa figura.

Las redes sociales se han revolucionado en ayuda para el rescate de Pocahontas y se ha ofrecido una recompensa por su devolución, aunque queramos ser lo suficientemente inocentes para pensar que sus captores responderán a la llamada a su conciencia que todos hacemos. Una niña con movilidad reducida la está esperando y eso conmovería hasta el corazón de una roca, si ésta la tuviese.

Ya sabemos que en estos momentos España entera está sufriendo en solidaridad con los damnificados por la tormenta Gloria y no dejamos de pensar en las familias de los marineros desaparecidos en el Estrecho, pero creo que queda en todos nosotros un punto de sensibilidad para, a pesar de ello, no olvidar la tristeza del caso Pocahontas.

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