Perros y tragedia

Miguel del Pino

Parece imposible evitar que cada varios años volvamos a escuchar la terrible noticia. Un perro ataca a un niño y éste fallece como consecuencia de las heridas. Esta vez ha ocurrido en Jaén y el hecho luctuoso presenta circunstancias que lo hacen aún más triste si cabe, ya que el animal era propiedad del abuelo del niño y éste estaba presente cuando se produjo el ataque.

Volverá a la actualidad la polémica sobre "razas agresivas" o "perros potencialmente peligrosos" y la verdad es que quienes nos dedicamos a la divulgación sobre el mundo de los animales de compañía nos quedamos sin argumentos: nadie duda de que, como decía Félix Rodríguez de la Fuente, nuestro propio cachorro es la criatura más sagrada e importante para cualquier humano con la cabeza en su sano juicio.

Siempre es demasiado tarde para lamentaciones y siempre nos preguntamos si se podría haber evitado; sin duda algo se ha hecho mal pero ahora inmediatamente después de las condolencias a una familia destrozada cabe reflexionar sobre la posibilidad de que en el futuro esta noticia no vuelva a producirse.

La relación entre perros y niños puede ser maravillosa y el animal suele convertirse en una fantástica fuente de elementos educativos que marcarán la postura adulta futura. No obstante hay que recordar una regla de oro: un perro y un niño no deben permanecer ni un segundo solos sin la vigilancia de un adulto.

Los bebés humanos, incluso los lactantes, suelen ser muy respetados por los perros que parecen reaccionar ante los caracteres infantiles despertando su instinto de protección, especialmente si se ha sabido educar correctamente al animal sin reñirle o amenazarle cada vez que se acerca al bebé, sino, por el contrario, haciendo que asocie al mismo con cosas y momentos gratos, como una recompensa o una caricia junto a la cuna.

Cuando el niño comienza a andar y hasta cumplir los seis o siete años, la estadística nos dice que parece estar en el momento más peligroso para ser atacado por perros fuera de control. Parece que la explicación se encuentra en los movimientos todavía poco coordinados que pueden despertar el instinto depredador de los carnívoros, y el perro lo es.

La especialización en el ataque a las presas que cojean o se muestran lentas en el avance o torpes en sus movimientos es bien conocida en los depredadores silvestres, aquí puede encontrarse, oculto en los genes caninos, la raíz de la mayor parte de los ataques a niños.

Si el perro guarda un local o una propiedad y ésta es invadida por un niño mal vigilado por los adultos, al instinto anterior se unirá ahora el territorial. Por importante que sean para el dueño del perro los bienes que defiende, la posibilidad de que un niño salte la valla y sea atacado hace que no se deba permitir que un perro adiestrado para la guarda se aloje sin las más estrictas precauciones. No sirve aquello de que "está en su terreno y nadie tiene razón para entrar". Un niño puede ser imprudente como todos bien sabemos.

Lo de las razas potencialmente peligrosas no es cierto, a menos que hablemos de peso y tamaño. Si es un Yorky, un Maltés o un Chihuaua quien ataca no es normal que se produzcan lesiones graves, pero en honor a la verdad diríamos que puede ser peligroso para un niño todo perro que pese más de diez kilos. Así de sencillo.

Los criadores de pitbull o de dogos argentinos u otras razas similares suelen indignarse cuando artículos como éste se ilustran con fotografías de algún ejemplar de estas razas. No les falta razón y debemos insistir en que lo importante es la educación del animal y las condiciones en que se mantiene. En cualquier caso sí hay razas cuyo temperamento requiere que su adiestramiento corra a cargo de profesionales.

En la actualidad son muy pocas las personas que no llevan a su perro al veterinario, pero casi nadie pone en manos de un adiestrador profesional un animal que muestra en su fase juvenil problemas de conducta. Muchos problemas futuros, algunos tan graves como el que estamos por desgracia comentando, podrían evitarse con un correcto adiestramiento.

De manera paradójica, el diario ABC ofrece en su número de este 19 de junio un hermoso reportaje sobre Zooterapia y en él se tratan casos como el de Kiara, la perra que devuelve la autoestima a niños con problemas de conducta y de la utilización de canes en la mejora de la calidad de vida de estos. Es infinitamente más frecuente esta noticia que la del ataque, pero es obligado ocuparse de esta última con la sensibilidad que merece.

La Once cumple 25 años en su programa de ayuda a invidentes gracias a sus inseparables perros guía. De Guatemala nos llegaban hace poco noticias de un perro de rescate muerto por agotamiento de tanto trabajar para rescatar seres humanos entre los escombros tras un terremoto. La hoja de servicios de los canes domésticos es tan brillante que llega a ser conmovedora, pero de vez en cuando la noticia de un ataque fatal vuelve a sobrecogernos.

Vigilancia extrema con los perros de guarda, una función que no se les debería confiar. Hay suficientes métodos de alarma más o menos sofisticados para resguardar cualquier propiedad sin convertir en una fiera a quien debería ser siempre un amigo fiel, pacífico y bien educado.

Y nuestra condolencia más sincera a la familia. Dios quiera que nunca vuelva a ocurrir.

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