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Perros contra el veneno

Miguel del Pino

Consideramos que ese delito ambiental consistente en colocar cebos envenenados en el campo español es, después de los incendios, el principal problema ecológico con que nos enfrentamos en la actualidad. Demos preferencia informativa a cualquier noticia relacionada con este tema y, sobre todo, no bajemos la guardia.

Hasta en el corazón de Doñana

Esta es una historia de luces y sombras que comienza en unos de nuestros principales santuarios de la naturaleza: el Parque Nacional de Doñana. Nada menos que tres águilas imperiales han sido encontradas muertas en el entorno de este espacio único.

Los cadáveres hallados corresponden a una pareja estable, y por tanto potencial reproductora, y a una hembra adulta que había sido rehabilitada y reintroducida con la esperanza de que encontrara pareja. La cercanía en el lugar y en el tiempo de los tres hallazgos hace presumir, a falta de estudios más profundos, que el causante de las muertes ha sido, una vez más, el veneno.

Como denuncia en su número correspondiente al mes de marzo la revista Quercus, decana de la prensa ambiental en España, Doñana pierde así nada menos que un territorio y tres individuos reproductores, lo que supone un importante paso atrás para esta especie joya situada hace años al borde de la extinción.

En cuanto al uso ilegal de veneno como método no selectivo de control de predadores, la prestigiosa organización SEO Birldlife (Sociedad Española de Ornitología) solicita a los Cuerpos de Seguridad del estado, jueces y fiscales la mayor contundencia sobre una práctica que amenaza con dar fin a algunas de las mayores joyas de nuestra fauna, y considera imprescindible incrementar el esfuerzo de gestión y manejo del águila imperial en la zona, muy afectado por los recortes presupuestarios.

El perro: una luz en la lucha contra el veneno

Después de tanta sombra sobre la naturaleza vamos a aportar un poco de luz, y para ello recurrimos, como tantas otras veces a nuestro amigo el perro. Entre 2004 y 2012, 2792 cebos envenenados fueron detectados por los perros de la Unidad Canina Especializada (UCE) creada en el marco de Estrategia andaluza contra el veneno. Seguimos citando a Quercus como fuente de estos datos esperanzadores.

La cifra es escalofriante: ¿Cuántos cebos se habrán colocado para que los descubiertos, que son la punta del iceberg, alcancen esta magnitud? Conviene pensar también en el daño que habrían ocasionado de no haber sido detectados por el finísimo olfato de estos superhéroes caninos.

Si el olfato es bueno no hay discriminación racial que valga. Para ingresar en esta unidad no se tienen en cuenta razas ni colores, de manera que son al menos siete los grupos étnicos a que pertenecen los cuarenta perros que han formado parte de este grupo de acción desde que fue fundado.

A su vez Quercus se hace eco de un informe publicado en el Boletín Geobio, editado por la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de Andalucía. Las provincias donde aparecieron más cebos envenenados fueron Jaén (411), Granada (409) y Sevilla (385). Además, y esto es especialmente triste, los perros adiestrados para detectar veneno encontraron 2.457 cadáveres de animales pertenecientes a 116 especies.

Todos estos datos han sido extraídos del balance realizado sobre esta unidad canina con motivo de su décimo aniversario, de manera que nos sumamos a la felicitación y animamos a seguir en esta campaña.

Todos los naturalistas están de acuerdo en reconocer la excelente labor del Seprona y otros organismos de seguridad a la hora de descubrir y detener a los envenenadores, pero no cabe duda de que la ayuda prestada por el superolfato de los perros siempre será muy bien acogida. Hay que sumar todos los posibles mecanismos para terminar con tanta barbarie.

Volviendo a la hoja de servicio canina hay que recordar sus méritos como: perros policía, perros de combate, perros antidroga, perros antiexplosivos, perros de ayuda a invidentes u otras personas que necesitan apoyo por minusvalías. Ahora, nuestro mejor amigo se apunta una nueva medalla al revelarse como un excelente detector de los venenos utilizados habitualmente para atentar contra nuestra fauna. ¡Buen servicio!

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