Peñalara y Escobalón: dos agentes secretos

Miguel del Pino

Peñalara y Escobalón lucen libreas de color algo parecido al de la gabardina del famoso detective Colombo. Son buitres leonados. Dos ejemplares de esta especie que han sido liberados tras su marcaje con los correspondientes GPS. Ahora son objeto de un seguimiento para evaluar los riesgos de que ingieran veneno en sus vuelos en busca de alimento.

El proyecto resulta interesante y puede tener importancia para averiguar cuáles son los puntos negros en que los animales, silvestres y domésticos, mueren envenenados. En principio se ha podido constatar que Peñalara y Escobalón han ido diariamente a alimentarse a un "restaurante natural" muy peligroso: el vertedero ET SU de Urraca Miguel, en tierras de Ávila.

No se trata en este caso de una finca o de un muladar donde se hayan colocado cebos envenenados, sino de un basurero al aire libre con deficitarias medidas de precaución para evitar que los residuos tóxicos, o al menos insalubres, queden al alcance del pico de las aves necrófagas o del diente de los mamíferos carroñeros.

Cebos y basureros

Esta curiosa y sobre todo novedosa actividad no es sino uno de los muchos mecanismos que se están activando en los últimos tiempos para tratar de paliar los efectos del terrible problema ambiental que supone la colocación de cebos envenenados en los campos españoles, problema que viene a incrementarse con las imperfecciones en la gestión de los basureros. El número de animales pertenecientes a especies vulnerables o protegidas que son víctima del veneno se mide en miles de ejemplares anuales y resulta a todas luces insostenible.

Decíamos que también los animales domésticos pueden resultar afectados por el veneno, y efectivamente son muy frecuentes las denuncias de propietarios de perros que aparecen envenenados en medios rurales o en su entorno próximo. El problema no es nuevo: es frecuente en tantos y tantos pueblos escuchar aquello de "yo tenía un perro extraordinario pero me lo envenenaron".

Durante el silo XIX y principios del XX era frecuente el empleo de las famosas "morcillas" para acabar con los canes urbanos, libres o del vecino, simplemente porque molestaban sus ladridos, hablamos de la estricnina como principal componente venenoso, esta práctica se puede dar por desaparecida aunque ocasionalmente algún desaprensivo pueda sembrar el pánico entre los propietarios de perros de un pueblo o una urbanización al inundar el entorno de bolas envenenadas.

Las razones de tales conductas suelen proceder de la más absoluta ignorancia en temas ambientales por parte de quienes las practican, aunque en ocasiones se incluyan en el terreno de la patología mental, en este caso con grave riesgo para animales y personas. Hay quien es capaz de envenenar el espacio donde campean los perros porque le molestan sus ladridos.

Volvamos a Peñalara y Escobalón: en el vertedero abulense que habitualmente visitan un solvente grupo ecologista encontró recientemente seis buitres negros muertos por intoxicación, lo que revela el peligro que ofrece la zona, en primer lugar para los propios "buitres detective". Esperemos que puedan continuar mucho tiempo colaborando con los guardianes de la Ley.

También se han incorporado los perros a la labor de rastreo de venenos. Son perros adiestrados para esta finalidad, y cabe esperar muchos éxitos de su finísimo olfato. Por si nuestro "mejor amigo" no hubiera ya sumado suficientes méritos en su hoja de servicios, la especialización como "perros contra el veneno" añade un motivo más de agradecimiento debido por nuestra parte.

Bien mediante sistemas tradicionales o bien con la adición de los más modernos, como el GPS, es preciso detener la invasión de veneno en el campo español. La principal razón de su colocación es la arcaica obsesión por acabar con las especies predadoras en cotos mal gestionados, donde sigue reinando la teoría de que los predadores acaban con las especies cinegéticas. Afortunadamente los reiterados éxitos del Seprona suponen una gran esperanza para quienes deseamos que los cotos de caza se muestren en todo su deseable equilibrio ecológico, con presencia de todas las especies que deben caracterizar a cada ecosistema. Acabemos de una vez con el trasnochado concepto de "alimaña".

Felices vuelos deseamos a los buitres detective. Sin duda van a vivir experiencias muy peligrosas y no hay que descartar que caigan en el intento, pero ya se están preparando nuevos ejemplares de varias especies diferentes para formar este cuerpo especial de aves investigadoras.

Y como siempre, agradecimiento y felicitaciones al Seprona y los gestores de los cotos de caza equilibrados en los que se respeta la deseable biodiversidad.

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