Pastando con lobos

Miguel del Pino

Una familia ganadera de la comarca zamorana de Sanabria acaba de acogerse a un convenio firmado con la organización GREFA (Grupo de Recuperación de Especies de la Fauna Autóctona) para hacer compatible la ganadería extensiva de ovino con la presencia en el territorio de pastos del lobo ibérico.

GREFA ha presentado este convenio el pasado día 21 en sus instalaciones de Majadahonda (Madrid). Aclaremos que esta organización es una de las más prestigiosas de Europa en el terreno de la conservación ambiental y la recuperación de animales silvestres heridos o enfermos, con más de 60.000 ejemplares atendidos desde su inauguración en el año 1981.

Como lógica consecuencia de sus desvelos GREFA ha recibido distinciones tan importantes como el Premio BBV o el Fondena, de manera que hablamos de una entidad conservacionista de la mayor solvencia.

Pero vamos con los verdaderos protagonistas que son los miembros de la familia Fernández, encabezada por Don Alberto: son ganaderos de ovino y mantienen 1.400 ovejas en régimen de pastoreo abierto en zonas tradicionalmente loberas. Nunca han sufrido ataques del lobo y eso evidentemente tiene su secreto.

En realidad, es bien sencillo: estos ganaderos cuentan con el apoyo en el pastoreo de quince mastines españoles a los que consideran como de su propia familia y cuidan con el mayor esmero. Las ovejas pastan seguras sin apenas otros medios disuasorios.

Verdaderamente el equilibrio entre pastores de ovino y lobos viene dependiendo de la colaboración del mastín español desde tiempos inmemoriales; ni siquiera son frecuentes las luchas entre lobos y mastines, en las que estos últimos juegan con ventaja, ya que los predadores no se acercarán al ganado si lo encuentran defendido por los gigantescos perros amigos y colaboradores de los pastores.

Los mastines no han sido los únicos ayudantes del hombre en los entornos frecuentados por lobos: también los burros se empleaban antiguamente como avisadores de la presencia de los predadores en las inmediaciones del rebaño, ya que sus escandalosos rebuznos alertaban a los perros y los despertaban de su sesteo junto al redil; cosas del campo que el hombre urbano suele encontrar sorprendentes.

Cuando los lobos abundaban mucho más que ahora, sobre todo si nos remontamos a siglos anteriores en los territorios de la mesta, los mastines eran valorados como merecían ya que sin su ayuda las pérdidas de ovinos y bovinos durante las grandes travesías habrían sido mucho mayores. Tradicionalmente se apoyaba a los perros con las carlancas, unos collares provistos de pinchos que defendían de la mordedura lobuna la delicada zona de la garganta.

No se conoce con exactitud la trayectoria genealógica del mastín español en lo referente a sus orígenes remotos en la Península Ibérica, aunque es muy posible que sus ancestros penetraran por la ruta pirenaica, donde dejaron parientes próximos como el Montaña o el Mastín del Pirineo, todos ellos molosos o perros gigantes que los romanos emplearon como perros de combate.

En las montañas alpinas, el grupo de los molosos, de probable origen asiático, está representado en la actualidad por el Gran San Bernardo, colaborador de los Monjes Benedictinos en el salvamento de personas extraviadas entre los neveros.

Los mayores mastines españoles se encuentran en las zonas montañosas leonesas y zamoranas, y tienen descendientes más aligerados en peso y morfología general al haberse cruzado a lo largo de la trashumancia con perros de menor volumen que pastoreaban en el Alenteixo portugués. A los mastines españoles propios de las latitudes bajas del camino de la Mesta se les denominó también Mastines extremeños.

A partir de los años setenta del pasado siglo, la Real Sociedad Canina Española emprendió una gran labor para fijar las características raciales del prototipo ideal del mastín español. Hay que recordar nombres de veterinarios ilustres que trabajaron incesantemente, entre ellos los de Manuel Sanz Timón, autor de un libro modélico sobre la raza.

Como curiosidad añadiremos que los ejemplares mejores, seleccionados para fijar los prototipos, no eran mastines "de laboratorio", sino adquiridos a los propios pastores. Recuerdo a Zarpas, el de mayor alzada de su época, que fue comprado a un pastor en pleno monte leonés por el compositor y cantante Julián Granados, autor de éxitos muy populares en su tiempo, ¿Recuerdan la canción Voy buscando a Lupita?… compuso un hermoso himno al mastín español en el que le calificaba de "señor de la vecera".

La nobleza del mastín español llega al extremo de que a pesar de su formidable fuerza y de su peso, que puede alcanzar los ochenta kilos, a nadie se le ha ocurrido calumniarle como "raza potencialmente peligrosa": en realidad lo es, y mucho, pero para su enemigo ancestral el lobo.

Volvamos al acuerdo entre GREFA y la familia Fernández, ganaderos de la explotación Aldonza en Santa Coloma de Sanabria (Zamora). El mantenimiento sostenible de ovejas conviviendo con lobos sin interferencias es un ejemplo digno de los mayores elogios.

Recordamos en este sentido la iniciativa que hace varias décadas desarrollo Jesús Garzón, otro nombre ilustre en el conservacionismo español, encaminada a criar los suficientes mastines como para que ningún ganadero careciera de ellos: frente a la barbarie del veneno, la nobleza de la amistad entre pastores y perros.

Y para finalizar algunas reflexiones puramente ecológicas: el mantenimiento de la ganadería extensiva de ovino, como lo hace la explotación que comentamos, contribuye a fijar población humana en las zonas más abandonadas. Se ha comprobado que si encajamos el lobo en este entorno habrá menos competencia de cérvidos y jabalíes en beneficio de las ovejas. Así funcionan los complejos equilibrios de la naturaleza.

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