Decoración y naturaleza

Navidades con plantas

Miguel del Pino

Aquellas caravanas de Seiscientos que llagaban al monte para cortar las ramas -y a veces los troncos- de pinos y abetos han pasado afortunadamente a la historia. La decoración navideña con plantas permite el desarrollo de una amplia gama de cultivos de las diversas especies vegetales que, de una u otra forma, asociamos con las fiestas.

Compleja simbología

Las bellas coníferas, como los abetos, piceas o retoños de pino consiguen trasladar al interior del decorado hogar un toque invernal y silvestre de extraordinaria belleza, pero no sólo los árboles de Navidad figuran en el inventario de plantas ligadas a estas fechas: el muérdago, el acebo, los diferentes musgos, los llamados cactus de Navidad y las muy populares poinsetias se disputan las preferencias de quienes pretenden celebrar las navidades en un ambiente tan bello como natural.

Los símbolos religiosos deberían prevalecer en la elección, pero no siempre es así, de hecho algunas plantas navideñas reconocen en su origen antiquísimos ritos paganos, como la adoración al árbol por parte de los druidas, en la remota mitología celta. Es el caso del muérdago, una planta parásita cuyos bellos frutos en forma de bolitas blancas eran hasta hace muy poco frecuentes en los adornos botánicos.

El exceso en la recolección de muérdago, que empezaba a ser peligroso para el monte, dio lugar hace unos años a la prohibición de su recogida y comercio; ya no debemos encontrar muérdago en los puestos navideños, y hay que reconocer que los comerciantes, que suelen ser vendedores ocasionales, cumplen la norma con general conformidad.

El acebo

El acebo también vio prohibida su tala para el mercado navideño. Este arbusto, que tiene la particularidad de fructificar precisamente en estas fechas produciendo unas hermosas bayas de color rojo intenso, no puede faltar durante las navidades en una casa bien decorada, pero no hay que preocuparse ya que el cultivo de variedades domésticas permite que el mercado se encuentre perfectamente abastecido. Si se trata de brotes jóvenes que no llegan a fructificar aceptemos la inocente falsificación de sus frutos con esferitas de cera pintada. Todo sea por la madre naturaleza.

Porque en la naturaleza el acebo es esencial durante la época invernal. En su interior, bajo la protección que ofrecen sus hojas de borde dentado y punzante, y con el aporte calorífico que se obtiene de sus frutos, sobreviven no pocas especies de aves y pequeños mamíferos. Para la fauna silvestre la conservación del Ilex aquifolium, o acebo, es una cuestión de supervivencia.

Y no podemos olvidar a las poinsetias, llamadas también Estrellas de Navidad. Las asociamos con nuestro invierno, pero proceden de las sabanas y subestepas de la América Central. Se trata de arbustos que se presentan en el comercio navideño en forma infantil, y que han sido sometidos por los viveristas a un complejo programa de regulación de las hora de iluminación, el llamado fotoperiodo, para conseguir que sus hojas superiores se pigmenten de rojo simulando una gran flor, la llamada Flor de Pascua.

La mayor parte de las poinsetias languidecen en casa durante las fiestas y terminan en la basura prácticamente sin hojas tan pronto como pasan los días festivos. El inexperto y desilusionado dueño ignora que tendría que haberle proporcionado unas semanas de descanso, sin riego alguno y en ambiente de penumbra, para que pasados los fríos y al comenzar a regarla de nuevo con buena iluminación, la planta "resucite" brotando, creciendo y convirtiéndose en un hermoso arbusto perenne para la terraza o el jardín.

¿Naturales o artificiales?

El mercado de las plantas artificiales ha experimentado una verdadera revolución en cuanto a calidad y fidelidad en la imitación de las naturales. Para la decoración navideña se encuentran maravillosas imitaciones de todas las plantas representativas, de manera que es el gusto o las posibilidades de cada uno quien dirigirá la elección. Conviene aclarar que los árboles naturales no suponen ningún inconveniente para la naturaleza, toda vez que proceden de cultivos que se cuidan con todas las garantías para cumplir con su objetivo. No siempre ecológico quiere decir artificial, quede esto bien claro.

Las campañas que suelen llevar a cabo los ayuntamientos suelen mover a los ciudadanos a tratar de recuperar el árbol que ha decorado su hogar en Navidad. Se invita a que se depositen en lugares determinados para tratar de replantarlos. Seamos sinceros al reconocer que tal supervivencia es más que problemática y que casi siempre sería inadecuada la introducción de plantas débiles, que podrían incubar enfermedades e inocularlas en la naturaleza. Su transformación en compost es un objetivo mucho más real y deseable.

Reconozcamos el mérito de los fabricantes de maravillas artificiales de la imitación, pero dejemos también que los viveristas obtengan su justo beneficio al comercializar sus cultivos exprofeso para la ocasión, y por supuesto, felices y verdes navidades.

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