Misteriosas orquídeas

Miguel del Pino

En la Rosaleda del Parque del Oeste Madrid ha tenido este fin de semana su cita anual con Exporquídea, la pequeña pero exquisita feria que trata del mundo especializado del cultivo de estas plantas ornamentales, cada vez más en boga.

La flora europea cuenta con algunas especies de Orquidáceas que no se cultivan en general en jardinería. Los géneros Orchis y Ophrys son los principales ejemplos, y forman parte de la vegetación de las praderas alpinas, arraigadas al suelo mediante raíces tuberosas.

Las orquídeas cultivadas y comercializadas proceden de la flora tropical y no suelen ser terrícolas, sino epifitas, es decir, crecen con muy escaso sustrato sobre la corteza de las ramas o los troncos de los árboles de su entorno. No requieren pues grandes macetas para sobrevivir y florecer, sino adecuados medios que incluyan turba, virutas de madera y otros materiales especiales,

Como consecuencia de las mejoras en el cultivo y la comercialización, las orquídeas han dejado de ser un objeto de lujo reservado para obsequios especialmente pasionales o delicados; una orquídea en plena floración de alguno de los géneros más comunes como Phalaenopsis puede adquirirse a precios muy asequibles.

Generalmente las orquídeas salen al mercado con su vara floral bien cargada, al menos con tres o cuatro espectaculares flores coloreadas. Los diseños son realmente originales, con moteados, manchas y diseños cromáticos que parecen obra de verdaderos artistas pictóricos. La naturaleza de estos diseños llamó la atención al propio Darwin.

Mimetismo en las orquídeas

La mayoría de estas plantas son polinizadas por insectos, principalmente por abejorros y otros himenópteros, y lo que suscitó la curiosidad del naturalista padre de las ideas evolucionistas fue el parecido de los dibujos de la flor, especialmente del mayor de sus pétalos, con el abdomen de la hembra del abejorro polinizador de la especie. Más asombroso aún: cada orquídea es polinizada por una sola especie de insectos, precisamente aquélla cuyo diseño femenino imita.

La simulación es tan perfecta que no sólo se basa en el colorido, sino hasta en la pilosidad característica del abdomen del insecto. Para llegar a esta perfección orquídeas y abejorros deben haberse desarrollado en formas de manera conjunta y este detalle fue uno de los indicios que condujeron a Darwin a la deducción de su fundamental teoría de la Evolución.

Por si el parecido entre el gran pétalo y la hembra del himenóptero no fuera suficiente, la Naturaleza ha hecho entrar también en juego al sentido del olfato. Las orquídeas producen feromonas que atraen a su polinizador específico y es bien conocido el maravilloso aroma de algunas especies del género Vainilla, como Vainilla planifolia, originaria de México, cuyos frutos se abren en dos valvas o bastoncillos que despiden un aromatizante básico en la preparación de la famosa especia del mismo nombre.

El proceso en el que la flor y el abejorro intiman para la polinización es muy curioso desde el punto de vista botánico; los órganos reproductivos se encuentran en el centro floral y el polen se encuentra apelmazado en dos masas llamadas políneos o polinodios, envueltos en un involucro gelatinoso. El insecto tiene que introducir la cabeza dentro de la flor para ponerse en contacto con estas masas polínicas que se fijan como "cuernecillos" y acompañan a su portador hasta que los deposita en su visita a una nueva flor. Este esquema general admite numerosas variantes y complicaciones.

Un complicado cultivo

En el cultivo de las orquídeas ornamentales o en el de la vainilla, la polinización natural entomógama (por los insectos) debe ser reemplazada por la manual, a base de pinceladas para trasladar los políneos de una flor a otra; tarea de especialistas que requiere conocimientos y sensibilidad, y que viene a constituir una de las principales complicaciones en el cultivo industrial de estas plantas tan preciadas.

Sin tratar de desmoralizar a quienes pretenden iniciarse en el arte del mantenimiento y reproducción de orquídeas, hay que señalar que las raíces de las especies tropicales epifitas son muy poco eficaces en la absorción, y que se desarrollan sobre sustratos, como cortezas húmedas, muy poco ricos en nutrientes, de manera que necesitan la ayuda de algún organismo simbionte, principalmente diferentes hongos cuyos tejidos retienen agua y contribuyen a la alimentación y el desarrollo.

Si le han regalado una orquídea, disfrute de su belleza y diga después aquello de "fue bonito mientras duró" si no puede mantenerla en las condiciones óptimas. Los ambientes de un apartamento interior no suelen tener un grado de humedad suficientemente alto para estas bellas plantas tropicales y su floración puede ser efímera; si no se encuentra en buenas condiciones ambientales tras unas semanas de gloria las flores caerán y quedará la base, de bellas hojas carnosas y verdes, y la vara floral como recuerdo del pasado esplendor. Puede que reflorezca tras algunos meses y ello dirá mucho a favor de los cuidados que ha recibido en el periodo interfloral.

Si quiere alcanzar buenos resultados no tema entrar en contacto con el mundo de las asociaciones de amigos de las orquídeas o asesorarse de profesionales especializados, Cada vez son más las tiendas de floristería que ofrecen consejos y servicios sobre estas plantas y que comercializan sustratos y abonos especiales para ellas.

No exponga nunca sus orquídeas al exterior frío en el invierno: lo ideal es una exposición luminosa pero resguardada y un ambiente cálido o al menos templado procurando humidificar la planta al menos con el pulverizador.

Riegue siempre y pulverice con agua tibia y si es posible previamente declorada. Para conseguir eliminar el cloro en cualquier tienda de acuarios encontrara anticloros en gotas muy económicos y de sencilla dosificación, que suele ser de una gota por litro de agua.

El resto consiste sólo en gozar de la posesión del famoso "dedo verde", pero desgraciadamente esta facultad no se encuentra en el mercado.

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