Fauna y flora

Los invasores

Miguel del Pino

Las especies exóticas invasoras, tanto animales como vegetales, constituyen una de las principales causas de pérdida de biodiversidad en el mundo. Este principio ecológico, avalado por múltiples experiencias desastrosas, se hace especialmente grave en algunos hábitats y ecosistemas vulnerables, como las islas y las aguas continentales. La introducción de una especie foránea puede causar mayores desequilibrios y problemas que la desaparición de alguna propia.

En España proliferan las especies invasoras

En el ámbito de la Unión Europea se han tomado diferentes medidas legales para evitar el asentamiento de especies exóticas invasoras, tanto en el medio terrestre como en el acuático. Diversas Directivas y Reglamentos se esfuerzan por establecer mecanismos que eviten la llegada de animales y plantas exóticas que puedan instalarse en el territorio, perjudicando a las propias. Realmente existe una gran preocupación por la creciente expansión de algunas de estas especies, y ésta se refleja de manera especial en el Convenio de Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica, ratificado por España en 1993.

Por diversas razones, entre las que figura nuestra posición geográfica como puente ente reinos biogeográficos y punto de cruce en las redes de tráfico de animales y plantas, nuestro país, tanto en su área peninsular como muy especialmente en nuestros ecosistemas insulares, es muy sensible al grave problema ecológico que nos ocupa.

Algunos vinieron para quedarse

El asentamiento de especies exóticas en España no es algo novedoso, hasta el punto de que hoy consideramos como "joyas de la fauna española" a algunos animales cuyo origen foráneo está casi fuera de duda. Ejemplos en este sentido son la gineta, el bellísimo carnívoro al que Félix Rodríguez de la Fuente llamó "bella matadora", o el rabilargo, un córvido muy frecuente en las dehesas que llegó desde China importado por marinos portugueses. La gineta, por su parte, pudo ser introducida por los romanos y posteriormente por los árabes como aliado en la lucha contra los roedores: una especie de "gato de la antigüedad".

Estas introducciones antiguas y progresivas no suponen ya peligro alguno para nuestros ecosistemas, en los que han quedado perfectamente asimiladas. Si queremos ejemplos propios del reino vegetal baste recordar que los populares geranios tienen su origen en el sur del continente africano.

Los más peligrosos

Algunos "polizones" llegados adheridos al casco de los buques, como los mejillones cebra, son especialmente peligrosos. Su crecimiento incontrolado deteriora las estructuras hidráulicas y de riego dando lugar a una verdadera plaga de muy dificil erradicación. En este caso se trata de una invasión silenciosa y pasiva, pero otra veces los invasores penetran de la mano de ignorantes bien intencionados o de traficantes desaprensivos.

La introducción del cangrejo rojo de las marismas americanas – Procambarus clarkii- es un buen ejemplo de la catástrofe que puede acarrear una introducción con fines económicos mal planificada. Fueron apenas ciento cincuenta kilos los ejemplares introducidos en las marismas de Andalucía por una empresa que pretendía su cultivo y explotación comercial, pero se convirtieron en una plaga que avanzaba cuatro kilómetros anuales río arriba y río abajo en todos los cauces que iba conquistando, incluso los del entorno de Doñana, acumulando pesticidas y haciendo su comercialización no sólo poco rentable, sino además peligrosa desde el punto de vista sanitario. Anfibios autóctonos y sus larvas, peces y en general toda presa acuática susceptible de ser devorada por los cangrejos americanos quedaba en situación de inminente riesgo.

El tráfico de especies con destino a un comercio de mascotas basado en animales inadecuados es otra de las causas de riesgo ecológico por introducción de especies potencialmente invasoras. Sólo a verdaderos desaprensivos se les puede ocurrir traficar con mapaches, que a la larga terminarán por escapar o ser abandonados. El sureste de Madrid puede dar testimonio de lo que puede suponer la acción destructora de estos encantadores "ositos lavadores": el mapache se llama así por la curiosa costumbre de lavar los alimentos antes de consumirlos, por ejemplo pequeñas presas o huevos de aves cuyos nidos destruye.

Ardillas incansables en su movimiento en la jaula, cotorras demasiado ruidosas o tortuguitas bebé que cuando crecen compiten con nosotros por la bañera de la casa son otros tantos ejemplos bien conocidos. En una primera etapa llegan a los hogares como mascotas llenas de encanto o exotismo pero el final de la historia no puede ser otro que la muerte del ejemplar o su liberación a la naturaleza, con enormes daños que quienes la llevan a cabo no pueden siquiera imaginar.

El ejemplo de la tortuga de Florida de mejillas rojas – Trachemys scripta- merece comentario aparte: su venta ha sido prohibida, después de la liberación masiva de ejemplares que en las casas habían crecido demasiado. En este caso ha faltado información a los consumidores, en su gran mayoría los bebé tortuga eran objeto de regalo infantil, y no se advertía sobre el tamaño y potencial peligro de la mordedura de estos reptiles al alcanzar la etapa adulta. La invasión de tortugas liberadas en charcas y cauces pone en peligro a nuestros dos galápagos ibéricos, el europeo y el leproso que en estos momentos necesitan ya planes de recuperación y crianza en cautividad para garantizar su supervivencia.

Conviene no olvidar aquel dicho popular de que "hecha la ley, hecha la trampa". Ya no se importan tortugas de Florida, pero sí otras especie muy parecidas no incluidas en la la relación de especies invasoras prohibidas. Mucho cuidado con el peligro que suponen estas maniobras para seguir obteniendo beneficios de manera tan perjudicial para la naturaleza.

Irresponsables radicales

Conviene no olvidar ejemplos como el los radicales, supuestos ecologistas, que hace años asaltaban las granjas de visones americanos, previamente arruinadas por su campañas, para liberar a los animales allí mantenidos. Junto con el ejemplo de los mapaches, esta especie puede considerarse la más peligrosa para la fauna autóctona sobre la que depreda con eficacia absoluta. Realmente con amigos de esta calaña la naturaleza no necesita enemigos para ver socavados los cimientos del equilibrio ecológico. Afortunadamente queremos pensar que estas prácticas pertenecen ya a un pasado negro más próximo a los movimientos radicales de intencionalidad acratoide que a los verdaderamente ecologistas.

Algunos inocentes condenados

La excesiva presión de algunos grupos proteccionistas no demasiado bien informados, dio origen en España a una primera relación de especies potencialmente invasoras que incluía algunos animales domésticos cultivados en todo el mundo civilizado, como los popularísimos peces guppy o algunos pájaros domésticos cuya aclimatación en caso de escapatoria o liberación es mucho más que improbable. Las exageraciones, en este caso con amenaza al comercio legal y racional de mascotas, suelen tener indeseables efectos rebote al desenfocar la realidad de los problemas y afortunadamente, la nueva relación de especies de animales y plantas potencialmente invasoras ha corregido algunas de estas exageraciones. Aunque pueda y deba ser periódicamente actualizada, esta vez, la relación de especies exóticas potencialmente invasoras parece mucho más científica y ponderada.

Dicha relación puede consultarse por los interesados en el BOE de fecha sábado 3 de agosto de 2013. Sec. I Pág 56782.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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