Rapaces

Los 'escopeteros'

Miguel del Pino

Un joven halcón madrileño, es decir, nacido en un nido situado en la zona sur de la capital, ha ingresado en el GREFA -Grupo de Recuperación de Especies de la fauna autóctona- ubicado en Majadahonda, después de haber sido tiroteado. Una víctima más de los "errores", cada vez más frecuentes que ocurren durante la llamada media veda.

Se conoce con este nombre a un periodo de apertura de la caza de algunas especies menores, como la tórtola o la codorniz, que abarca aproximadamente un mes de duración en la segunda parte del verano. La práctica viene demostrando año tras año que se trata de unas fechas epecialmente peligrosas para las jóvenes rapaces que efectúan movimientos de dispersión y conquista de nuevos territorios.

Antes de seguir, aclaremos que no estamos lanzando ningún alegato en contra de los cazadores, queremos decir, de los verdaderos cazadores: los desaprensivos y los ignorantes que aprovechan la media veda para disparar a las rapaces son simples "escopeteros" que, infiltrados entre ellos, llevan a cabo sus desmanes por ignorancia o mala inclinación, en ambos casos con resultados insostenibles para las especies vulnerables, como el halcón a que nos referimos.

No es un caso aislado

Sigamos con su historia; el halcón abatido es un macho nacido el año 2012 en un nido controlado por los científicos que sacó ese año adelante tres pollos. Como sus hermanos fue anillado, con una anilla de seguimiento a distancia, y controlado hasta su aparición con un ala fracturada y restos de la munición alojados junto al hueso húmero.

La joven rapaz, operada de urgencia, se encuentra fuera de peligro, pero los veterinarios de Grefa albergan serias dudas de que pueda ser devuelto a la naturaleza, que es el objetivo fundamental de quienes trabajan en estos centros de recuperación de fauna silvestre.

No se trata, ni mucho menos, de un caso aislado. Es muy preocupante que año tras año aumente el número de rapaces tiroteadas durante la media veda, por lo que es necesario realizar una reflexión profunda sobre un problema que puede dar al traste con los costosos esfuerzos que se realizan para evitar la extinción de las especies vulnerables.

Abundando en ejemplos particularmente significativos, citemos la aparición, esta misma temporada, del cadáver de un águila imperial con más de cincuenta perdigones en su acribillada anatomía; un azor y un búho real se unen a esta lista siniestra, todos en el entorno de la Comunidad de Madrid. Es necesario cortar esta progresión utilizando todos los medios posibles.

La ayuda de los cazadores

La labor del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil, Seprona, es reconocida de forma unánime como intachable. Siempre a pie de campo, controlando a los furtivos, asesorando y colaborando con los Centros de Recuperación. No cabe pedirles más y hay que insistir en el agradecimiento que todos los amantes de la naturaleza les adeudamos. Es a los cazadores a quienes vamos a dirigirnos para pedirles la máxima ayuda en la lucha contra furtivos y escopeteros.

A quienes salen al campo para ejercer la práctica de la caza legal hay que darles ánimo para que sean los primeros en denunciar a los escopeteros que se infiltran entre sus filas. Antes de tener que llegar a estos extremos pueden desarrollar una eficaz labor didáctica, orientando a quienes empiezan y predicando con su ejemplo de respeto y conocimiento. Los cazadores son los primeros beneficiados de la expulsión de la práctica cinegética de quienes no merecen ese nombre.

Las rapaces autocontrolan su número con su bajo índice de natalidad, fundamentalmente las especies mayores, llamadas superpredadoras. Seguramente el águila imperial abatida a que antes nos referíamos era el único ejemplar obtenido por sus padres en toda la temporada. Los halcones no son tan delicados en este sentido, pero en cualquier caso se trata de una especie vulnerable y por tanto quienes disparan contra ellos están practicando con su actividad un verdadero delito ecológico, de consecuencias contempladas en el Código Penal.

Sin ley desde 1989

Vaya en este momento un enérgico reproche a las autoridades que aún no han previsto un Plan de Conservación para los halcones siendo éstos especie vulnerable. La Ley obliga a ello desde el año 1989, pero la pereza en su desarrollo es otro de los enemigos de las joyas de la fauna española.

Tal es el halcón, Falco peregrinus, a quien Félix Rodríguez de la Fuente calificó de "proyectil viviente" en función de sus prodigiosos descensos en picado sobre la presa, con los que puede alcanzar los 300 kilómetros por hora para impactar con sus garras sobre la base del pico de la víctima y producir su muerte instantánea. Desde la Edad Media los halconeros españoles conocían bien los diferentes linajes, es decir, razas de los halcones empleados en cetrería, una modalidad de caza regulada hoy por las pertinentes ordenanzas de la legislación cinegética.

Es también momento de recordar la labor de los Centros de Recuperación, como el madrileño GREFA. Todo el personal, científico y técnico, entra en actividad de manera febril tan pronto como ingresa en ellos un animal herido, muy freuentemente por impacto de perdigones. La liberación en la naturaleza una vez curado y entrenado es el objetivo principal, pero si al menos se salva la vida del ejemplar y puede emplearse para la reproducción, o para la divulgación, habrá valido la pena el esfuerzo.

Han pasado ya bastantes temporadas desde que el prestigioso naturalista Luis Miguel Domínguez nos sorprendió con una original serie televisiva que tituló "Fauna Callejera”. Aprendimos que en el mismo corazón de la ciudad se albergan formas insospechadas de vida, como la pareja de halcones peregrinos que anida año tras año en la cima de la Torre Picasso. ¿Es mucho pedir que respetemos esta pincelada verde en medio del hormigón y el asfalto?

*Imagen de Juan Lacruz / Wikipedia

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