Lobos condenados a muerte

Miguel del Pino

El pasado 10 de febrero, en una localidad avileña situada entre la capital y Navalperal de Pinares, una patrulla de la Junta de Castilla y León dio muerte a tiros a una loba en ejecución de las órdenes al parecer recibidas según las cuales cuatro lobos vistos por la zona deberían ser abatidos.

Este tipo de noticias eran muy frecuentes en la España anterior a las campañas encabezadas por el inolvidable Félix Rodríguez de la Fuente que consiguieron para el lobo una serie de medidas legales encaminadas a evitar su extinción, especialmente en los territorios situados al sur del Duero, donde en estos momentos la especie se encuentra protegida.

La loba abatida por la patrulla lo habrá sido sin duda de manera más o menos legalizada en función de la consideración de circunstancias excepcionales que por parte de la autoridad se habrán tenido en cuenta. De manera inmediata les corresponde el turno a los otros tres ejemplares que se encuentran en ese "corredor de la muerte" situado en plena zona de la supuesta protección de la especie.

La guerra con los ganaderos

Parece evidente que la autorización para abatir cuatro lobos se ha debido a la presión sobre las autoridades de la junta procedentes de determinadas organizaciones agrarias que se sienten damnificadas por las "lobadas", esas correrías en que los cánidos, inteligentes cazadores sociales, matan cuantas ovejas pueden si consiguen entrar en un redil salvando la protección natural de los mastines guardianes; una guerra que se remonta al Neolítico entre los dos mejores cazadores del entorno: el lobo y el hombre.

Suele decirse que al lobo se le idealiza por parte de quienes viven en la ciudad y no tienen que soportar su presión, al tiempo que se le aborrece en el campo hasta convertirlo en una especie de diablo sanguinario y destructor. Mostrando el mayor respeto por quienes conviven con el lobo hay que pedir a la Administración que realice una gestión inteligente que evite la extinción de esta especie, que parece abocada a la misma si las circunstancias no cambian de manera drástica.

De momento WWF España, antes conocida por las siglas ADENA, ha conseguido en una semana quince mil firmas para reclamar al Ministerio de Medio Ambiente y a su titular, Isabel García Tejerina, una inmediata investigación sobre estas acciones que quebrantan la protección legal al lobo al sur de la divisoria del río Duero. El Secretario General de esta organización, muy prestigiosa desde el punto de vista naturalista, Juan Carlos del Olmo, se ha mostrado especialmente beligerante ante los hechos.

Si se concedió al lobo esta barrera de salvación fue por causas muy diversas, destacando entre ellas el escaso número de ejemplares que sobrepasan al gran cauce fluvial. No puede hablarse de una plaga, sino de lobos transeúntes que tratan de establecerse en estos territorios que antaño ocupaban con profusión. ¿De verdad es necesario acabar con estos cuatro ejemplares sin pensar en medidas alternativas?

Una de las posibles soluciones habría sido la captura mediante dardos anestésicos y el traslado a una reserva donde se empiece a constituir un fondo dedicado a evitar la extinción de los lobos, lejos de aquellas zonas en que puedan suponer peligro para los intereses económicos de los ganaderos. Deben de quedar muy pocos ejemplares en estas áreas, al menos muy pocos ejemplares genéticamente puros, sin contar los perros cimarrones y los posibles híbridos, ambos potencialmente dañinos.

Al tomar partido a favor del lobo o al proponer medidas alternativas a su muerte cualquier naturalista se expone a las iras de numerosos habitantes del medio rural que le acusarán poco menos que de cómplice de los estragos del lobo. El mismísimo Félix Rodríguez de la Fuente, una de las personas que más admiración y adhesiones ha suscitado en España por su defensa de la naturaleza y de los animales, tuvo que soportar campañas tremendas que le acusaban de soltar sus lobos en el campo para que atacaran al ganado.

Respetar la Ley que protege a los lobos al Sur del Duero, o bien emprender batidas "excepcionales" infringiendo tal legislación cada vez que las organizaciones agrarias presionen. Ésta es la gran pregunta. Para saltar sobre lo legislado con tanta frecuencia sería mejor replantear la situación y partir de cero. Es posible que para el lobo fuera mejor tener el estatus de pieza de caza regulada que esta especie de protección donde la zorra cuida a las gallinas.

Recordemos lo que venía ocurriendo con el lince, el otro gran superpredador de la fauna española; en una pocas décadas las trampas, la caza más o menos furtiva, el veneno, las enfermedades de los conejos y el descuido legal pusieron a esta joya al borde mismo de la extinción. Ha sido necesario invertir ingentes cantidades de dinero en programas de investigación y cría en cautividad para evitar su desaparición. ¿Será necesario un plan similar para el lobo en un futuro inmediato?

Los ganaderos que puedan pensar que sus problemas estriban en cuatro lobos que han pasado la frontera del Duero deberían reconsiderar su planteamiento. Posiblemente tengan peores enemigos en el descuido por parte de determinados funcionarios o en el desprecio al medio rural que lamentablemente padecemos, que en la presión de los últimos lobos ibéricos, susceptibles de control eficaz sin llegar a su exterminio.

Las quince mil firmas conseguidas en una semana por WWF serán seguramente seguidas por muchas más en los próximos días; la loba de Navalperal de Pinares ha reabierto la guerra entre su especie y la nuestra mientras tres ejemplares más se encuentran condenados a muerte.

A continuación