Rojo, negro y amarillo

Licencia para picar

Miguel del Pino

Las combinaciones de colores negro-rojo y amarillo-rojo son bastante frecuentes en la naturaleza, y no sólo en el mundo de los insectos y otros invertebrados, sino también en el de ciertos vertebrados como las ranitas tropicales con cuyas secreciones cutáneas envenenaban los indios la punta de sus flechas para convertirlas en armas mortíferas.

No es cuestión de azar que tantos animales ponzoñosos se vistan con colores tan llamativos. En realidad se trata de combinaciones cromáticas de aviso de peligro. Así que cuando oímos el zumbido de un insecto que porta una "camiseta" amarilla y negra, o roja y negra, quizá ya sea demasiado tarde para acudir a la loción repelente, más bien pensemos en la pomada anti-inflamatoria.

Verdaderamente parece una torpeza de la evolución el hecho de evitar que el animal ponzoñoso pueda atacar por sorpresa a sus víctimas, es como si un delincuente vistiera "traje de atracador" o chándal de salteador de caminos, pero las leyes de la naturaleza pueden explicarlo casi todo, y en este caso la solución es bastante sencilla.

¡O nos deja en paz o le picamos!

Ésta podría ser una traducción muy libre del mensaje de colores de los animales dotados de aguijones venenosos, mordeduras inoculadoras de ponzoña o secreciones urticantes. El objetivo de la evolución es evitar que esta fauna, tan potencialmente peligrosa, sea molestada por sus presuntos enemigos o depredadores, y el mecanismo resulta muy eficaz para proporcionar al animalillo tan vivamente coloreado una superioridad evolutiva sobre otros miembros de sus grupos zoológicos de librea mucho más modesta.

Los escarmentados después de un doloroso encuentro con una de estas criaturas, evitarán en el futuro a quienes porten similares combinaciones de colores. Si se trata de insectos, los insectívoros no intentarán atraparlos; si hablamos de anfibios, nadie en su sano juicio animal, intentará tragarse una ranita vivamente coloreada si ha tenido una experiencia previa y el veneno cutáneo segregado le ha abrasado las mucosas bucales. Los vestidos de coloridos de aviso de peligro pueden aumentar la eficacia publicitaria de su mensaje acompañando su coloración con gestos agresivos o sonidos, como los zumbidos típicos de muchos insectos himenópteros.

¿Es bueno matar a la presa?

Se nos ocurre una frase lapidaria: "Los muertos no pueden escarmentar". Y así ocurre en efecto: si el picado o mordido pierde la vida tras el contacto, sólo se habrá producido una muerte más en la carrera del depredador; lo importante es que la víctima recuerde bien lo que le ha ocurrido y en el futuro trate de evitar otro encuentro tan desagradable. Los que matan al picar actúan de manera evolutivamente torpe. Vamos entonces a buscar algunas variantes de este diseño: las encontramos en especies moderadamente peligrosas que no matan, pero producen memoria de aviso, de peligro. Cada mordido o picado pasa a darse de baja en la lista de enemigos potenciales del agresor, del que huirá tan pronto como distinga sus colores de aviso. Pero de manera secundaria, también se beneficiarán del equívoco los presuntos atacantes mortales que quedan cubiertos por el seguro de vida de su parecido con el que tiene la picadura no mortal, pero sí dolorosa.

El curioso mundo del mimetismo

Nuestra reflexión sobre los colores "Aposemánticos", que es la denominación científica de las libreas de aviso de peligro, nos ha conducido al fenómeno llamado Mimetismo, muy frecuente en el mundo animal, pero también existente en el complejo mundo de las plantas: mediante determinadas combinaciones de colores una especie puede ganarse la supervivencia provocando ser confundida con otra que se ha hecho merecedora de respeto.

Del mismo seguro de vida gozan algunas especies absolutamente inofensivas que se "mimetizan" ¿con quién?, pues bien, puede ser válido imitar tanto el modelo mortal como el intermedio, lo importante es hacer creer a los incautos que se está formidablemente armado, algo así como el peligroso juego de las armas de fogueo, pero cuidado, si el inofensivo fanfarrón es descubierto, pagará caro su intento de engañar.

Defendiendo una siesta

Pensemos en una maravillosa siesta, tumbados en la hamaca en las calurosas horas de la tarde. De pronto algo zumba cerca de nuestra nariz y amenaza con dejarnos un recuerdo en forma de picadura. Un primera observación detecta los colores amarillo y negro: ¡nos sobrevuela un himenóptero picador! Es preciso huir o defender la plaza. ¿Se trata quizá de una abeja, o de una agresiva variante de pequeña avispa?

Un naturalista experto identificaría al inofensivo fanfarrón: sólo tiene dos alas, así que es una simple mosca disfrazada de avispa. La siesta puede continuar en paz.

Si no es el caso, y no se siente capaz de contar las alas en pleno sesteo veraniego, recuerde nuestro mensaje: ante las combinaciones de colores amarillo-negro y rojo-negro en un animal, tome precauciones, no toque al portador y trate de alejarse. Podemos estar ante un peligro real o ante una descarada imitación. ¿Para qué perder tiempo en averiguarlo?

Veamos algunos ejemplos

En nuestra Península ibérica, las avispas y muchos otros miembros del orden Himenópteros (alas membranosas) al que pertenecen, son el ejemplo más conocido de animales picadores con colores amarillo-negro, pero también otros invertebrados, como la bellísima araña Argiope, utilizan estre "traje a rayas". El rojo-negro aparece también en algunas arañas, como la inquietante Eresus, y en multitud de chinches de campo, como el muy abundante Graphosoma lineatum, tan rojinegro y a franjas como la camiseta del Milan.

En latitudes tropicales las clases zoológicas de los anfibios y reptiles se apuntan también a esta moda de los colores agresivos. Las ranitas amazónicas del género Dendrobates y otros afines muestran bellísimas y brillantes combinaciones de los tonos que venimos comentando. Entre los reptiles, las serpientes de coral son el principal ejemplo, y en este caso identificamos perfectamente los tres modelos a que nos referíamos al comienzo: uno inofensivo, otro mortal y otro de muy dolorosa mordedura, que es el que produce el escarmiento del infeliz contactado.

En la naturaleza lo bello suele responder a una función, y a veces esta máxima presenta el contrapunto de belleza y bondad, en el sentido en que los humanos consideramos estas virtudes, no siempre van en compañía una de otra. En cualquier caso admiremos la belleza de lo funcionalmente perfecto. El mimetismo y la función venenosa en los animales.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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