Leishmaniosis canina y humana

Miguel del Pino

Precisamente la época primaveral en que nos encontramos es la más peligrosa para nuestros perros sobre el posible contagio de Leishmaniosis, una parasitosis muy frecuente y que, aunque de manera esporádica, también puede atacar al hombre. Es por tanto un problema de máxima importancia.

El perro no contagia al ser humano. Comencemos por aclarar bien este punto ya que la confusión podría acarrear infundadas campañas contra los perros: los cánidos resultan contagiados por la picadura de los diminutos Phlebotomus, uso mosquitos muy diferentes de los comunes, que se desarrollan especialmente después de las primeras lluvias de primavera.

Las Leishmanias son protozoos microscópicos que los Phlebotomus transportan e inoculan con su picadura: se trata de parásitos subtropicales en su origen pero que se encuentran extendidos por las zonas mediterráneas y abundan en muchas zonas rurales de la parte meridional y central de nuestra Península.

De picadura en picadura los insectos transportadores van transmitiendo la enfermedad a través de distintos animales: entre los domésticos la especie canina es la más sensible y propensa a ser infectada.

Dentro de la cuenca mediterránea son varias las especies de mamíferos que pueden ser atacados por la Leishmaniosis, nombre que se da a la enfermedad cuando se presenta en el mundo animal. Muchos científicos distinguen con el término Leishmaniasis la parasitación a la especie humana.

Repetimos que son solamente los mosquitos del género citado quienes transmiten la enfermedad, no otros mosquitos más abundantes. El perro no contagia al hombre, y a otros perros de manera excepcional, por mordeduras o contacto con heridas. La prevención de la enfermedad estriba en proteger a los perros del contacto con los Phlebotomus.

Evitar la transmisión

Es en este momento del año cuando más importantes resultan las medidas de protección para los perros, que se basan en el empleo de repelentes contra los insectos voladores. Excelente resultado proporcionan algunos extractos de plantas, como la Citronella, que crea una atmósfera protectora al mantener a los insectos alejados de la piel y las mucosas caninas.

No sólo los Phlebotomus transmiten enfermedades al perro, también las garrapatas y las pulgas, por citar sólo un par de ejemplos muy conocidos, de manera que hay que recomendar el empleo de toda una batería de medidas protectoras, como los collares homologados antiparasitarios, las pipetas y los champús protectores dotados de insecticidas o repelentes.

La actividad voladora de los portadores del parásito se acentúa durante las horas del atardecer y el amanecer, de manera que habrá que tener precaución para que los perros no salgan a pasear en estos momentos sin estar protegidos, incluso empleando pulverizaciones de citronella sobre las zonas más sensibles, como la cabeza, el cuello o las regiones menos cubiertas de pelo.

La capacidad de vuelo de los Phlebotomus es bastante limitada: no suelen alcanzar alturas superiores a un primer piso ni son capaces de desplazarse a lo largo de su vida activa más allá de doscientos metros dese el lugar en que se desarrollaron las larvas. En contra de lo que suele creerse esas no son acuáticas, ya que se incuban y desarrollan en sustratos de barro untuoso.

Estas especiales camas son frecuentes en viveros y zonas agrícolas, lo que explica la presencia de focos de Leishmaniosis en urbanizaciones y ambientes rurales.

Los perros que duermen a la intemperie, o en casetas o bajos no protegidos con telas metálicas en las ventanas, están especialmente expuestos a las picaduras durante las horas nocturnas. En algunas ocasiones se ha fracasado en la protección por emplear mallas de calibre de tamaño demasiado grande, ya que los Phlebotomus son realmente diminutos.

Síntomas y lesiones

Según la especie del parásito existen dos variedades de la enfermedad, conocidas respectivamente como Leishmaniosis cutánea y Leishmaniosis visceral.

En la forma cutánea, en muchos animales silvestres después de la picadura el desarrollo de la enfermedad suele ser lento y en muchas ocasiones apenas se presentan síntomas, salvo alteraciones en la piel, pérdida de pelo y ulceraciones.

En los perros, los síntomas principales son adelgazamiento, abdomen recogido, uñas quebradizas y anormalmente largas, pérdida de pelo que suele comenzar en las orejas, conjuntivitis, hemorragias nasales y alteraciones digestivas. La fiebre, cuando se presenta, suele ser moderada.

En el hombre, el principal agente patógeno es la especie Leishmania donovani, subespecie infantum. Se consideraba una típica enfermedad tropical hasta su extensión en las últimas décadas por la cuenca mediterránea, como anteriormente indicamos.

El tratamiento en el perro

Comencemos por decir que no existe una curación completa de la enfermedad una vez que el perro la desarrolla. Los parásitos suelen acantonarse en el bazo y resisten de manera crónica, aunque los tratamientos veterinarios, especialmente los de nueva generación, consiguen mantener al animal en estado aceptable y le permiten desarrollar su actividad casi con normalidad y alcanzar la longevidad habitual en su raza.

Los compuestos tetravalentes de antimonio, la pirimetamina, la anfotericina B, el glucantine y el alopurinol son algunos de los aliados de la medicina veterinaria para tratar de cronificar la Leishmaniosis canina, pero solamente el veterinario puede diagnosticar, valorar y establecer el tratamiento.

Una vacuna eficaz es el gran sueño de los científicos, y acaba de aparecer en el mercado una nueva que se recibe con esperanzas renovadas. Mientras se demuestra su eficacia e inocuidad, extrememos las medidas de precaución e higiene.

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