Un animal en Peligro

Las jirafas juegan al baloncesto

Miguel del Pino

Miden ya 1'90 y sólo tienen dos meses de edad. No cabe duda de que se trata de unos animalitos muy prometedores en cuanto se refiere a su talla adulta. Se trata de dos crías de Jirafa nacidas esta primavera en el Zoo Acuarium de Madrid. Sus padrinos han sido en su día verdaderas estrellas del Baloncesto; ellas no encestan, pero toman su pienso de cestas colgantes en su pradera africana.

Nueve razas de jirafas en peligro

Nadie lo habría pensado hace sólo tres décadas, cuando las nueve subespecies de jirafas habitantes del continente africano campaban por sus respetos por la sabana y la estepa arbustiva sin apenas enemigos que las amenazaran seriamente, ni siquiera a sus gráciles crías. Sin embargo, en la actualidad, más del sesenta por ciento de la población de jirafas ha desaparecido.

La cifra es realmente espectacular: de seguir a este ritmo nos quedaremos sin jirafas en unas décadas, y de manera inminente podría desaparecer alguna de sus nueve subespecies. No sólo son las jirafas, también los tigres y hasta los leones podrían ser erradicados del planeta. ¿De verdad vamos a legar a las futuras generaciones un mundo sin estas criaturas, familiares dentro de su exotismo?

El insólito aspecto de la jirafa hizo que los naturalistas de la antigüedad clásica pensaran que se encontraban ante un híbrido entre camello y leopardo, y así lo expresaron al denominarla "camelopardalis", curioso término que hoy se conserva en su nombre específico: Jiraffa camelopardus.

Las principales amenazas

La pérdida o la fragmentación de los hábitats es el principal peligro que afecta hoy a las jirafas en sus santuarios africanos, aunque el furtivismo, una verdadera lacra incluso en el corazón de los Parques Nacionales, también tiene parte de culpa en la disminución de sus poblaciones.

La jirafa es un animal verdaderamente maravilloso y muy bello. La mirada de sus grandes ojos, protegidos por largas pestañas, evoca de manera invencible las sensaciones de bondad y ternura. En realidad se trata de de un ser capaz de defender su vida con coces brutales que pueden acabar con la vida de sus presuntos predadores, incluso cuando se trata de leones. En los zoológicos suelen mostrar un carácter dulce y tranquilo, aunque conviene manejarlas con respeto ante su extraordinaria fortaleza.

No hace falta aclarar la razón de que las jirafas tengan un cuello tan alto. Han conseguido gracias a él un periscopio que les permite otear la presencia de predadores ocultos entre la hierba antes de que sean vistos por otros herbívoros. Esto convierte a las jirafas en excelentes vecinos para los demás, que pueden aprovecharse de un aviso providencial, sobre todo cuando las leonas recechan para cazar aproximándose lentamente entre el pasto.

Un solo inconveniente presenta la posesión de semejante cuello: la dificultad de regar de manera adecuada un cerebro tan alto respecto al corazón. El problema del riego cerebral se soluciona por medio de una complicada serie de derivaciones vasculares que forman lo que se conoce en zoología como "red admirable" o "rete mirabilis". Semejante red permite también bajar el cuello para beber o pastar sin que se produzcan mareos o desequilibrios.

De todas formas la manera natural de alimentarse las jirafas es el ramoneo, es decir, la toma de hojas de los árboles de la sabana, generalmente acacias, en las que arrolla su larga y carnosa lengua para después tirar, con desprecio de las espinas que puedan acompañar a las parte blandas del vegetal: todo un prodigio.

Un Día Mundial para las jirafas

Para llamar la atención sobre el peligro de disminución de las diferentes poblaciones de jirafas africanas la UICN (Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza) ha designado el día del solsticio de verano como Día Mundial de la Jirafa. El argumento no deja de ser algo rebuscado: "El día más largo para el animal de cuello más largo", pero lo importante es que funcione y contribuya al cese de este declive.

El Zoo acuarium de Madrid ha celebrado este Día Mundial con el bautizo, o si quieren mejor, presentación en sociedad, de las dos jirafas nacidas esta primavera: un macho y una hembra que han recibido los nombres de Masai y Kenya, en recuerdo de de los santuarios animales más visitados por los turistas del mundo. Fernando Romay, Rafael Rullán, Darío Quesada, Zan Tabak y Joe Arlaukas, los cinco en representación de la asociación de Veteranos del Real Madrid, fueron los simbólicos padrinos.

La fotografía de estos populares gigantes del deporte junto a las seis jirafas que actualmente viven en la pradera africana del Zoo remitía a nuestra imaginación a un imaginario partido de basket. Canasta, o al menos cestas, ya había puesto que en ellas, suspendidas a buena altura, se suministra la alfalfa a las jirafas para no obligarlas a esforzarse bajando el cuello.

Tras la simpática anécdota, los datos poco tranquilizadores sobre el futuro de la especie a los que al principio nos referíamos. Los ejemplares del Zoo de Madrid pertenecen a la subespecie Jiraffa camelopardus rothschildi, de la que quedan en libertad apenas 1.000 ejemplares, con el complemento de otros 500 repartidos por las Instituciones zoológicas del mundo. Estas cifras la convierten en la más amenazada, junto a la Jirafa de África Occidental. ¿Consentiremos que se extingan?

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