Cazadores cooperartivos

Las increíbles orcas: ni ballenas ni asesinas

Miguel del Pino

Si pretende imaginar terribles escenas de depredación donde una bestia salvaje atrapa y devora a sus presas con máxima eficacia, no se remonte al Tiranosaurio, en la época actual vive en nuestro planeta el más formidable depredador que jamás haya existido: nos referimos a las Orcas (Orcinus orca).

Llamadas "ballenas asesinas"

Las orcas no son ballenas, sino delfines, primas hermanas de los simpáticos e inteligentes delfines que saltan ante los barcos llamando la atención de los marinos o que hacen las delicias de los niños en los delfinarios. Las tres especies de orca existentes pertenecen a la familia de los Delfínidos.

Como delfines y ballenas, las orcas pertenecen al orden de los Cetáceos: éste se divide en dos subórdenes llamados Odontocetos o cetáceos con dientes, y Mysticetos, o cetáceos con barbas; las orcas están dotadas de poderosos dientes, pero no es esto lo que las convierte en formidables superpredadoras, sino su portentosa inteligencia.

No hay que olvidar que los cetáceos son mamíferos, es decir, que a pesar de su apariencia de peces se encuentran en la clase animal más elevada en desarrollo cerebral. Precisamente, el gran éxito de delfines y orcas en los delfinarios estriba en lo insospechado que resulta para el público que un animal con aspecto de gigantesco pez se comporte con tanta inteligencia como lo haría un gracioso perrito.

Las orcas (Orcinus orca) habitan todos los mares del mundo; existen tres especies, la orca común, la orca bastarda y la orca pigmea, la primera es la mayor de las tres y resulta inconfundible por el color de su piel, negra en la espalda y blanca en la zona ventral con extensión por los costados en manchas diferentes de unos ejemplares a otros. Las aletas son redondeadas, en forma de remo, y la dorsal en hoz en la hembra y mayor y erecta en el macho. Sin duda una criatura impresionante.

Cazadores cooperativos

La gran inteligencia de las orcas les permite establecer estrategias de cooperación para la caza. Mientras acosan a sus presas, como puede ser un banco de salmones, van efectuando maniobras convergentes que las acorralan y hacen imposible la escapatoria, pero lo más asombroso es que se van comunicando por medio de silbidos y bocinazos, emitidos sobre todo en el seno del agua. Todo un idioma que el hombre no ha sido todavía capaz de comprender, y que varía de una familia a otra.

Estamos hablando de criaturas de diez metros de longitud en los machos, las hembras suelen ser algo más pequeñas, y de más de 3.000 kilogramos de peso, sin embargo, a pesar de ser los más voluminosos, las orcas figuran entre los miembros más ágiles y rápidos de la familia de los delfínidos. El éxito en su conquista de todos los mares del planeta se basa en la cooperación y absoluta coordinación de todos los miembros del grupo durante las cacerías.

Las manadas de orcas son muy estables; los miembros permanecen juntos toda la vida y los vínculos familiares y el idioma se pueden transmitir de una generación a otra, de manera que en cuanto al aprendizaje de las técnicas de caza, podríamos hablar de una incipiente cultura en estos inteligentes mamíferos. El tamaño de cada manada oscila entre 4 y 40 ejemplares, y los grupos se escinden cuando superan este censo. Un macho por cada tres o cuatro hembras y varios subadultos forman la célula elemental de estas formidables manadas cazadoras.

La duración natural de la vida de una orca se estima entre cincuenta y cien años. La madurez sexual se alcanza en torno a los diez y una hembra está en condiciones de sacar adelante una cría cada tres años, aunque el promedio de fertilidad sea bastante inferior (una cría cada ocho años). La gestación dura quince meses y la lactancia aproximadamente un año.

Las orcas son extremadamente voraces, ya que deben consumir del 2,5 al 5% de su peso corporal diariamente. En sus correrías se acercan frecuentemente a la costa para atacar las colonias de aves e incluso las de mamíferos marinos, como las crías de los otarios; su gran agilidad hace que muy raramente queden varadas, a pesar de que en ocasiones capturan sus presas con el cuerpo prácticamente fuera del agua.

Las manadas pueden recorrer centenares de kilómetros en seguimiento de las especies que constituyen sus presas, pero algunas de ellas se estabilizan en zonas donde sus alimentos principales abundan. Situadas en la cúspide de la pirámide alimentaria y prácticamente sin enemigos, pues tampoco el hombre se interesa demasiado por su captura, podemos decir que nos encontramos ante una especie triunfadora en la dura carrera de obstáculos de la evolución: uno de los predadores más formidables de la historia, y sin duda el más inteligente.

Orcas en los delfinarios

La presencia de orcas en los delfinarios es frecuente fuente de polémicas. Muchos recordarán aún a Ulises, la orca que fue , junto al gorila albino Copito, gran estrella del zoo de Barcelona. Ulises había sido caturada muy joven en aguas finlandesas y llegó a Barcelona tras una breve estancia en Rioleón. Su inteligencia y su carácter alegre la convirtieron muy pronto en favorita de los niños, pero al retardarse el proyecto de un gran Zoo marino en la ciudad, fue trasladada al Sea World de San Diego ante las protestas por las pequeñas dimensiones de la instalación acuática en que vivía.

"Salvad a Ulises" fue a principio de los años 94 un frecuente grito de reivindicación ecologista, hasta que, en medio de la polémica, en 1994 tuvo lugar el traslado a Estados Unidos.

Tras un proceso de fecundación in vitro, Ulises fue padre de una cría hembra, a la que se llamó Moana, y que nació en el gran delfinario de Antibes. A pesar de este final feliz, Barcelona aún recuerda a su querida orca y sueña con el gran Zoo marino que la crisis económica obligó a posponer.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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