Una superviviente

La lechuza 'Pegatina'

Miguel del Pino

Lo cuento tal como me lo contaron. Es una historia real aunque parezca una bonita fábula. La odisea de una lechuza que sufrió un accidente en las cercanias de París es digna de ser recordada y lo hacemos como homenaje a quienes trabajan en Centros de Recuperación de Fauna Silvestre, al celebrarse el pasado 22 de Mayo el Día Mundial de la Biodiversidad.

Un incidente de tráfico

Todo empezó cuando dos camioneros españoles regresaban en su vehículo de París a Madrid, tras dejar su carga frutícola en sus mercados. Era de noche y al pasar junto a un pequeño bosque escucharon un impacto sordo que procedía de los bajos del camión; no parecía suficiente para detenerse, de manera que continuaron su viaje.

El retorno no ofreció ningún incidente, pero la gran sorpresa surgió al final, cuando al proceder a limpiar y lavar el frontal del vehículo, observaron que, a manera de mascarón de proa, una preciosa lechuza venía enganchada a la rejilla del radiador, con las alas extendidas y el pecho por delante.

Mejor no tratar de imaginar las calamidades que afectarían a la pobre rapaz nocturna. Lo cierto es que estaba viva, aunque seriamente lesionada, y aquí comienza la segunda parte de la aventura, cuando fue trasladada a un Centro de Recuperación de rapaces nocturnas llamado Brinzal, situado en la Casa de Campo madrileña.

El trabajo de estos Centros es complejo y requiere no sólo atención por parte de veterinarios especializados: también hay biólogos, abogados ambientalistas y también numerosos voluntarios que no tienen en común más que su amor a la Naturaleza.

Algunos de estos Centros están especializados, Brinzal lo está en las rapaces de la noche, y en cada uno de ellos se siguen las normas específicas de las especies objeto de su atención, pero en general el principal objetivo es devolver al animal salud y fuerzas suficientes para poder liberarlo en un habitat adecuado.

Para conseguir que en el futuro la rapaz, una vez curada, pueda ser devuelta a la libertad no basta con curarla y rehabilitarla físicamente, sino que también hay que conseguir que no se "troquele" con los humanos y confíe en ellos. Sólo volverá a volar en la Naturaleza si es capaz de cazar y sobrevivir por sí misma. Acercarse a las personas o a sus viviendas después de liberada terminaría seguramente muy mal, mejor que siga desconfiando de los "bípedos implumes".

En el caso de nuestra lechuza protagonista se cumplió el ciclo completo con el mayor de los éxitos. Rescatada del radiador del camión recibió el nombre de "Pegatina", dado el grado de fijación al frontal del vehículo con que llegó desde París. Después vinieron los largos trabajos de la cura, la rehabilitación y el aprendizaje para volver a cazar, y finalmente, las gestiones diplomáticas necesarias para que volviera a Francia y fuera liberada en el mismo bosquecillo donde había sufrido el accidente.

En Brinzal tienen ingenio a la hora de dar nombres a las rapaces nocturnas que llegan a sus instalaciones. El "Capitán Garfio", un viejo Búho real que llegó con una pata amputada, constituye otro ejemplo de ello.

Pero lo mejor es no llegar a tomar cariño ni acostumbrarse a la compañía de los refugiados. Cuanto antes vuelvan a la libertad mejor. Los Centros de Recuperación no son zoológicos, sino hospitales de urgencia.

Hay veces en que las buenas intenciones de quienes se encuentran un pollo de rapaz nocturna en estado de supuesto abandono, les llevan a cogerlo y llevarlo con todo cuidado a las instalaciones del Centro de Recuperación. En la mayor parte de los casos, a los pollos no les ocurría nada y los padres estaban muy próximos, viendo sin poder evitarlo cómo les arrebataban sus crías sólo por que éstas presentaban un aspecto desvalido.

El Grupo para la Recuperación de Especies de la Fauna Autóctona (Grefa) es otra institución de este género digna de felicitación. Sus instalaciones, magníficas, se ubican en la localidad madrileña de Majadahonda, y en este momento dedica especial atención a cinco grandes rapaces ibéricas: el águila real, el águila imperial, el águila de Bonelli, el buitre leonado y el buitre negro. Sus trabajos se centran en la cría en cautividad, seguimiento con radiotransmisores, liberación de ejemplares en zonas donde escasean y habían sido anteriormente abundantes, etcétera.

En definitiva son muchas las personas e instituciones que deberían ser recordadas con agradecimiento a la hora de celebrar un "Día Mundial de la Biodiversidad"; muchos son profesionales de la veterinaria o la biología, pero otros tantos son voluntarios ambientales, en muchas ocasiones personas muy jóvenes, que dedican su tiempo libre o sus vacaciones a una labor verdaderamente edificante, como es la lucha contra la pérdida de biodiversidad.

Destaquemos también la labor del Seprona (Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil), en este caso recordamos su lucha contra los envenenadores de montes y cotos, o el control contra el tráfico de especies en peligro de extinción en cumplimiento del Convenio Cites.

Para terminar conviene aclarar que "Pegatina" o el "Capitán Garfio" son sólo la punta de un iceberg muy preocupante. Por cada decena de animales encontrados lesionados, que llegan enfermos o heridos a un Centro de Recuperación, hay que suponer un número muy superior de aquéllos que ya no vuelven a encontrarse.

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