La guerra del zorro

Miguel del Pino

El bellísimo e inteligente cánido silvestre español conocido científicamente como Vulpes vulpes, es decir, el zorro, o "maese raposo" como lo denominó Félix Rodríguez de la Fuente, vuelve a entrar en guerra con los paisanos, en esta ocasión en Galicia.

Se preparan nuevas batidas para limitar la población de zorros en algunas parroquias donde sus incidencias sobre la fauna doméstica le desatan el odio y generan la persecución; lo increíble es que el eterno proscrito todavía sobreviva a la presión del hombre.

Los estudios realizados por diferentes etólogos parecen demostrar que la inteligencia del zorro es superior a la del perro, con quien, por cierto, no tiene relación de ascendencia directa sino tan solo forma parte de la familia, los cánidos.

El zorro demuestra dicha inteligencia por medio de su inverosímil capacidad de adaptación y de supervivencia. En otros tiempos cuando la colocación de lazos en el campo era más habitual que ahora, era muy raro que este cánido cayera en tales trampas, e incluso acudía a ellas para hacerse cargo de las presas atrapadas, aprendiendo a eludir el peligro con asombrosa facilidad.

Una especie con leyenda

"Maese raposo" lleva siglos soportando las numerosas leyendas que suelen asociarse a su esquiva figura en el hábitat del bosque: los dibujos animados suelen representarlo como un romántico "Robín" y las fábulas acostumbran a colocarlo como símbolo de la astucia, pero de una astucia maligna que suele acarrearle el papel de "malo" de la historia.

Todavía, a pesar de la implacable persecución de que es objeto, el zorro parece abundante en la Península Ibérica, pero no debemos descuidar el control de la densidad de sus poblaciones, ya que bastaría una oleada de batidas de control mal organizadas para que la situación cambie radicalmente.

La persecución al zorro es otra de las supuestas razones que algunos han venido esgrimiendo para la colocación de veneno en el monte: no hay que insistir en que esta práctica delictiva debe ser absolutamente erradicada sin tomar como pretexto ni al zorro ni a ninguna otra criatura silvestre.

Las costumbres del zorro son contrarias a las del lobo en lo que se refiere a sociabilidad; el lobo forma manadas, el zorro es solitario y evita todo lo que puede a otros congéneres, salvo en el momento de la reproducción; su vida, errante y solitaria, aumenta su leyenda de salteador y de proscrito, y es posible que sea tal falta de instinto de grupo lo que le haya alejado de los orígenes de los perros domésticos.

Belleza desde luego no le falta y su figura es sobradamente conocida; en relación con el lobo, se trata de un cánido de tamaño medio, dotado de grandes y puntiagudas orejas y de un hocico característicamente afilado; cola empenachada y coloración general rojiza, con las partes inferiores blancas.

La mirada es reflejo de su portentosa inteligencia y la interpretación de malicia que suele darle el granjero, su proverbial enemigo, es una de las causas del odio que en estas personas despierta.

¿Es el zorro tan dañino como se dice?

Tratar de defender al cánido proscrito es granjearse la enemistad de la gran mayoría de las personas del medio rural, pero los estudios científicos se muestran como abogados, al menos parciales acerca de los estragos que se le atribuyen.

Porque el zorro es fundamentalmente un especializado cazador de roedores, dieta que complementa con una gran cantidad de carroña; no vamos a decir que no actúe sobre los gallineros con eficacia desesperante por su capacidad para eludir obstáculos, pero de verdad, no es suya toda la culpa.

Es la actuación humana, eliminando los grandes predadores capaces de contener la explosión demográfica de los zorros, una de las causas de que la especie se haya trasladado progresivamente desde el corazón de su bosque al medio rural y al ambiente agrícola. Es entonces cuando realmente se hace dañino, ya que en el hábitat forestal su labor de cazador de roedores le haría digno de protección.

En enero suelen entrar en celo las hembras de nuestros zorros, y es entonces cuando los machos se dejan ver y se mueven sin sus habituales precauciones motivados por la búsqueda de pareja en función de las señales olfativas dejadas por ella en la vegetación: es cuando son más frágiles y cuando suelen ser abatidos.

Después de los breves días de apareamiento, los galanes vuelven a hacerse invisibles y dejan a las hembras toda la labor de sacar adelante sus camadas. No suelen construir madrigueras complicadas y casi siempre se limitan a aprovechar las de los conejos, tejones u otros animales del bosque, que suelen salir de estampida cuando la zorra actúa como "okupa".

La hembra preñada permanece en la madriguera todo el resto del invierno y da a luz sus cachorros entre marzo y abril: los zorreznos son unas criaturas bellísimas y juguetonas que reciben a su madre con explosivas muestras de alegría cuando acude a alimentarlos entre sus jornadas de busca de comida.

Hay que estudiar mucho más el comportamiento real del zorro ibérico antes de extremar la intensidad de las frecuentes batidas que sufre la especie; se conoce muy poco su espectro real de alimentación y de momento hay que absolverle de las acusaciones de capturar corderos, terneras u otras piezas similares: los restos de estas reses que a veces se encuentran en sus madrigueras son tan solo carroñas encontradas y transportadas.

En definitiva, sin caer en la incomprensión hacia el hombre del campo, es necesario reclamar estudios serios sobre la incidencia real del Vulpes vulpes en la economía del campo; y en un juicio a la especie que pretenda ser justo, hay que poner en la balanza, a su favor, los servicios que rinde al campo como controlador de roedores el inteligente y bello raposo.

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