La guerra del oso

Miguel del Pino

Es más silenciosa que la del lobo, pero también el oso padece su persecución y su guerra sorda que ha acabado con muchas de sus poblaciones y pone en peligro a varias de sus especies y subespecies. Esta vez la lacra del furtivismo ha caído sobre el más conocido y admirado oso grizzly de Yellowstone. Scarface no volvió a saludar a los turistas después de su sueño invernal.

Era conocido por este nombre a causa de una gran cicatriz que cruzaba su rostro, poco expresivo, como el de todos los de su especie, pero en este caso bien identificable. La llegada de la primavera al gran parque norteamericano incitaba a muchos turistas a practicar el excursionismo para registrar la vuelta a la actividad de Scarface. Este año esperaron en vano.

Parece demostrado que el gran oso fue abatido por unos furtivos. Los guardianes del Parque les siguen los pasos y es muy posible que pronto se encuentren entre rejas, lo que es de pura justicia, que no sean los osos, sino los furtivos, quienes terminen tras los barrotes. En el entorno de Yellowstone estas cosas se toman muy en serio.

Hablemos de esta impresionante especie: el grizzly es una variedad de la especie "oso pardo" propia del continente norteamericano. Es un oso muy grande, aunque no llega a las dimensiones gigantescas del Kodiak de Alaska, éste emparentado directamente con el extinguido oso de las cavernas.

Los grizzlis son efectivamente culpables de ataques ocasionales a las personas y causan algunas víctimas entre excursionistas, cazadores y pescadores. No se trata de depredación, sino de agresiones defensivas que se producen cuando el animal se siente sorprendido o amenazado.

Los grandes osos no tienen enemigos y la mayor parte de las bajas se deben a peleas entre ellos. Los machos se muestran muy territoriales y pelean con frecuencia en lides que carecen de signos de rendición. Entre ellos limitan su número en agresividad intraespecífica, lo que no es muy frecuente en la naturaleza.

También las hembras pueden ser atacadas por los machos cuando se resisten a ser fecundadas o cuando aún tienen cachorros y el macho las corteja con poco éxito. También, como en el caso de los leones, pueden ser atacadas las crías, aunque la osa las defiende hasta la muerte.

No nos encontramos por tanto ante una de esas criaturas que el hombre urbano suele considerar encantadoras, sino frente a una formidable subespecie de oso pardo, más pescadora que cazadora cuando las circunstancias lo permiten.

La actividad pescadora de estos osos ha sido divulgada en centenares de documentales. Reunidos de manera excepcional, ya que normalmente son solitarios, los osos se introducen en el agua para capturar a zarpazos a los salmones que remontan la fuerte corriente para llegar al tramo alto del río y allí desovar. Vienen los peces bien cargados de grasa y transfieren ésta a los formidables y hábiles pescadores.

Los encuentros entre el grizzly y el hombre suelen producirse en los ríos, cuando nuestra especie pretende competir con el oso en el arte de la pesca o bien cuando algún excursionista imprudente se adentra caminando sin las debidas precauciones en el territorio osero.

Al menos cuatro excursionistas han muerto en los Estados Unidos durante los últimos cinco años por ataque de osos de estas subespecies, lo que mueve a las autoridades a ejercer una vigilancia escrupulosa en los Parques, como éste de Yellowstone, uno de los más famosos de los Estados Unidos, situado en el estado de Wyoming.

Scarface no era un peligro, sino una atracción turística que ha sido víctima de la fiebre conquistadora de trofeos de algunos de los furtivos que castigan a las diferentes especies y subespecies de osos. También los osos pardos de nuestra Península han sufrido un goteo de bajas a lo largo de las pasadas décadas que afortunadamente parece ir disminuyendo.

Scarface no tienen nada que ver con el popular Yogui popularizado en la pantalla. Yogui pertenece a otra especie, el baribal u oso negro americano, más curioso que agresivo y frecuente visitante de los basureros donde los excursionistas depositan los restos de sus meriendas. A pesar de su nombre el pelaje del baribal puede ser más pardo que negro en algunos ejemplares.

La guerra del hombre contra el oso se centra en el furtiveo en nuestras latitudes y en el continente americano. En Asia el peligro para las diferentes especies es mucho mayor y se centra en la utilización de restos anatómicos para las llamadas "medicinas orientales". Los llamados "osos de luna" son las principales víctimas de estos mercados de la superstición.

En España la supervivencia de nuestros últimos ejemplares de oso pardo cantábrico está garantizada gracias a la labor, ejemplar, de algunas organizaciones como Fapas que consiguieron reconciliar al oso con los habitantes de los territorios oseros. Con toda justicia Roberto Hartasánchez, fundador de Fapas, obtuvo el Premio Panda de Oro de WWF España, antes Adena, al cumplir esta entidad los cincuenta años.

La distinción Panda de Oro fue compartida en dicha ocasión con Seprona, Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil, cuyo desvelo ha sido asimismo decisivo para evitar la extinción de nuestro totémico oso pardo ibérico.

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