Illa, con mascarilla y desenmascarado

Miguel del Pino

Pocas veces a lo largo de nuestras vidas hemos sentido tan claramente la sensación de que los gobernantes nos estaban engañando. Así ha ocurrido con el mantenimiento en la incógnita de las identidades de los miembros de la supuesta Comisión de Técnicos que asesoraba al Gobierno en sus decisiones durante el estado de alerta para luchar contra la COVID.

Cuando exigíamos la identificación de los personajes que marcaban con su consejo el paso de una a otra de las llamadas fases, llamábamos a la reflexión sobre la importancia de las decisiones políticas que supuestamente derivaban de los mismos y nos preguntábamos: ¿figuran en esa comisión virólogos, médicos de medicina general, veterinarios, economistas, técnicos en organización hospitalaria…? En definitiva, para tranquilizarnos necesitamos ser informados por parte de quien realmente pueda informarnos con cualificación y transparencia.

El empecinamiento del presidente del Gobierno al negar la información que se le solicitaba al respecto iba siendo cada vez más sospechoso, pero admitir que la comisión sólo existía en la imaginación de los políticos gobernantes era demasiado.

Y no era sólo el presidente del Gobierno: también hablaba de la comisión, ya que la ministra portavoz, que llegaba a extenderse sobre las cualidades que adornaban a sus miembros, y no digamos el ministro Illa, que ahora se desenmascara con mascarilla, y por supuesto el inefable doctor Simón, que hace subir el pan con cada una de sus declaraciones; pregunten al sector del turismo sobre las más recientes.

A pesar de lo poco agresiva que en general se ha mostrado la oposición a la hora de investigar las identidades de los científicos que el gobierno ocultaba, al final la estrategia de ocultación ha sido tan burda que la verdad ha terminado por saberse y el ministro Illa se ha desenmascarado. No existe ni ha existido nunca la supuesta comisión de expertos en la que el Gobierno descargaba responsabilidades tan importantes como decidir los cambios de fase.

Ninguna persona con dignidad habría querido estar en la situación por la que tuvo que pasar el ministro Illa al desenmascararse; es lógico que aumentaran sus habituales titubeos y envaramientos al expresarse: ¡tuvo que reconocer que todo era una invención y que tal comisión no había existido!

Infelices los que pedíamos no sólo los nombres de los imaginarios científicos sino también sus cualificaciones y los procedimientos por los que habían sido elegidos y designados; sencillamente estábamos víctimas de una verdadera tomadura de pelo, si se nos permite el casticismo.

Para qué la ocultación

Nadie puede negar que en España existe una brillante pléyade de científicos, economistas y demás expertos necesarios para asesorar brillantemente al Gobierno a la hora de gestionar un problema de dimensiones tan ciclópeas como el que estamos viviendo; cualquier profesional cualificado se habría sentido orgulloso de colaborar con independencia de su filiación política: ¿por qué no fueron convocados?

Claro que los responsables de la gestión política hablarían con sus amigos o sus expertos más próximos a su ideología, pero no se trata de eso y por lo mismo pedíamos desde Libertad Digital información sobre los procedimientos de selección seguidos para nombrarlos.

Las diferencias que se registraron en el trato a las diferentes comunidades autonómicas, especialmente en lo que se llamó cambios de fase, es decir autorización para abrir las depauperadas economías de cada una de ellas, fueron en definitiva decisiones políticas amparadas en los supuestos consejos de los miembros de la imaginaria comisión de técnicos y científicos: así de sencillo y así de terrible.

Es imposible no caer en la tentación de suponer que los criterios no han sido científicamente objetivos, como ponía en evidencia el retraso a que se obligó a la Comunidad de Madrid, que acababa de ser felicitada por la propia OMS merced a la creación del hospital de IFEMA.

Petición de responsabilidades

Al tiempo que confesamos nuestro asombro, no exento de indignación, por lo que ahora sabemos después de que el ministro Illa se desenmascarara, no podemos dejar de mostrar nuestro desagrado por la tibieza y falta de energía que la oposición está mostrando. ¿No exigía la titubeante confesión del ministro Illa una inmediata y colectiva petición de la cadena de dimisiones cuya necesidad parece obvia? ¿No hablamos tanto de transparencia?, pues fuera inmediatamente los que no merezcan la confianza de los ciudadanos, y éstos, no la merecen y hay que decirlo así de claro.

También las Reales Academias, como las de Farmacia y Medicina, los Colegios, como los de médicos y veterinarios, y en definitiva todos los colectivos científicos y técnicos que han sido oficialmente ignorados por el Gobierno y por su muy locuaz y televisivo Presidente vienen obligados a mostrar su rechazo al agravio sufrido.

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