Identifiquen inmediatamente a sus expertos

Miguel del Pino

Al menos en los últimos siglos nadie ha tenido en España tanto poder sobre nuestras vidas, haciendas y libertades como esos misteriosos expertos en los que el Gobierno escuda su responsabilidad mediante la ocultación de sus identidades.

No sólo queremos saber quiénes son, el currículum de cada uno y sus publicaciones, sino también el método por el que han sido seleccionados y sus declaraciones de intereses, dictámenes profesionales y documentos relacionados con su gestión que vayan publicando en relación con la pandemia.

Empleamos el imperativo para nuestra petición de identificación de esos doce hombres y mujeres sin rostro público porque la Ley nos asiste: en concreto la Ley General de Salud Pública, que establece claramente el derecho de los ciudadanos a ser informados de este tipo de cuestiones no sólo con transparencia, sino con luz y taquígrafos, que se decía antaño.

Basta ya de circunloquios absurdos, tanto en las larguísimas comparecencias del presidente del Gobierno como en las de la ministra portavoz, éstas últimas tan supuestamente enérgicas como desprovistas de razón.

El supuesto a que se acogen tales manifestaciones encierra además un verdadero insulto para la Ciencia, para esa Ciencia en la que pretenden escudarse: alegan nuestros próceres que al mantenerlos en el anonimato se evita que sufran presiones, ignorando que ningún científico que realmente mereciera este nombre se dejaría influir por ninguna, fuera cualquiera su origen. Ya está bien de utilizar en vano el nombre de la Ciencia.

Cuando tanto se habla de transparencia por parte de los políticos, por supuesto cuando les conviene, nada hay más transparente que la Ciencia; cualquier científico está orgulloso de publicar y de compartir los resultados de sus investigaciones, de manera que la ocultación queda excluida del ámbito de sus métodos de trabajo. Nuestro Gobierno parece ignorar hasta las bases elementales del funcionamiento del trabajo de los verdaderamente expertos, a muchos de los cuales sería más propio calificar de sabios.

Los expertos necesarios

Insistimos en que no es una cuestión de nombres sino de cualificaciones; un comité de expertos adecuado a la terrible situación de pandemia que estamos afrontando debería incluir, al menos, los siguientes titulados por supuesto eligiendo lo mejores dentro de cada departamento: epidemiólogos, virólogos, médicos de atención primaria y veterinarios, expertos en gestión hospitalaria, estadísticos y economistas y sociólogos, por lo menos.

  • Epidemiólogos: La epidemiología no es sólo una rama de las ciencias médicas, sino una verdadera especialización de las mismas que requiere profesionales con una amplitud de miras tan amplia que merecería el calificativo de "renacentistas" por lo multidisciplinar de sus conocimientos y de su trabajo.
  • Virólogos: Los virus conforman una rama emergente de la microbiología de reciente descubrimiento y muy insuficiente conocimiento en nuestros días, sobre todo en lo referente a la forma de luchar contra ellos. Los virus no son atacados por los antibióticos que pusieron en su día en jaque a las bacterias. Hay en España eminentes virólogos y queremos pensar que están teniendo protagonismo especial en la lucha contra la covid 19. Por cierto Presidente, la covid, no el covid como usted dice, ya que la "d" final viene del inglés "diseases" referente a "enfermedades", es decir, se refiere a la enfermedad causada por el virus Sars Cov-2.
  • Expertos en gestión hospitalaria: Parece innecesario insistir en la necesidad de los mismos para evitar la "Espada de Damocles" que supondría el colapso hospitalario a cuyo borde nos hemos asomado varias veces durante la pandemia.
  • Expertos en logística, en estadística y en economía: Expertos lo más asépticos posible en política y que vengan avalados por publicaciones y por resultados todo lo científico que permiten estas áreas de la investigación y el conocimiento.
  • Médicos de atención primaria y veterinarios: Los primeros deben desempeñar un papel esencial en la lucha contra la enfermedad, especialmente en sus primeras fases, y sólo en los últimos momentos parecen estar siendo tenidos en cuenta. Los veterinarios siguen ignorados, a pesar de que la pandemia es a todas luces una zoonosis, es decir, tiene su origen en un contagio por parte de animales silvestres, por cierto aún no identificados con exactitud.
  • Estadísticos y economistas: que tienen una importancia clave en el establecimiento de medidas para la recuperación económica tras el desastre que se viene encima en lo que se está llamando (por palabras que no quede) "desescalada", o sea, descenso. Los estadísticos por su parte están llamados a la función de establecer las medidas y control matemático de realización de test, que tienen que ser masivos pero sería impensable, por el momento, que se hicieran a la totalidad de la población. Hay fórmulas que permiten extrapolar los resultados de encuestas bien hechas a la realidad poblacional: absténgase el departamento del Señor Tezanos.

Desconfianza y miedo

Si la publicación de la relación de expertos que el Gobierno oculta, sacara a la luz a un plantel de estas características, avalado por el indudable prestigio, experiencia y publicaciones que posee un amplísimo grupo de profesionales españoles, mejoraría la tranquilidad de los ciudadanos, y también su ilusión por colaborar con las duras instrucciones del Gobierno.

Sin embargo, de perseverar nuestras máximas autoridades en el mantenimiento de la ocultación de sus expertos, caben todas las suposiciones y el resultado es la desconfianza y también el miedo.

Se puede pensar que los "expertos enmascarados" son en realidad politólogos, poseedores de carné de partido, abogados, periodistas afines, técnicos comerciales socialistas, filósofos y soñadores y hasta astrofísicos. ¿Quieren desmentir estas habladurías? Es muy fácil: desvelen la relación de expertos, sus trabajos y publicaciones, sus intereses y los dictámenes que vayan publicando.

Pero háganlo inmediatamente. La Ley nos asiste a los ciudadanos para exigirlo.

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