Hormonas y adolescentes

Miguel del Pino

Los sucesos de Cataluña han mandado al baúl de los recuerdos una noticia política que se antoja extraordinariamente importante: el proyecto parlamentario de que los adolescentes puedan recibir terapia hormonal sin conocimientos de sus padres en caso de que no se sientan satisfechos con el aspecto físico conferido por su naturaleza cromosómica y hormonal.

Decía el padre de la fisiología Claude Bernard que la ideología y la religión debían ser para el científico como el sombrero: algo que al llegar al laboratorio se cuelga en el perchero y que al salir puede retomarse sin problema alguno. Utilizar la razón y el método es la clave de esta metáfora.

Y Bernard no fue precisamente un precedente de Mengele, antes bien se trataba de un hombre bañado por la ética y el respeto, o lo que es igual, un hombre bueno que habría llegado seguramente a mayores descubrimientos si su sensibilidad no le hubiera impedido realizar experimentos cruentos con animales de laboratorio.

Pues bien, siguiendo a Bernard quisiera "dejar en el perchero" las complejas cuestiones morales y familiares que plantea la agresiva propuesta y pedir que sean los especialistas médicos quienes se pronuncien: desde el punto de vista médico y sanitario ¿es admisible que los niños de doce años reciban hormonas sexuales para modificar su apariencia? Por añadidura, sin que los padres tengan conocimiento de ello.

Temo que será difícil encontrar referencias en la literatura médica sobre experiencias similares, y me refiero a nivel planetario. "En tiempos de aflicción no hagas mudanzas", y la explosión hormonal que supone la llegada de la pubertad, tanto en niños como en niñas, presenta un panorama delicado y complejo, muy diferente de la situación endocrina general al alcanzar la edad adulta.

Ya mucho antes de la pubertad, el niño y la niña, y por extensión los cachorros machos y hembras de gran número de especies de mamíferos, no son exactamente iguales. Las ligeras diferencias que pueden apreciarse cuando aún no han comenzado su actuación las hormonas sexuales se deben a sustancias hormonales de gran parecido químico (también esteroideas) producidas por la corteza de las cápsulas suprarrenales.

Además de ejercer esta función de determinación pre-sexual, las suprarrenales realizan otras variadas funciones bioquímicas, que en ocasiones consisten en complementar o influir la acción de otras hormonas más específicas. Hay corticoides (como se llama en general a estas hormonas) que regulan el metabolismo del azúcar, de diversos iones minerales y del equilibrio del agua en el organismo.

Los endocrinólogos van comprendiendo cada vez mejor los complejos mecanismos regulados por los corticoides, hasta el punto de que algunas de las enfermedades consideradas hasta el presente "raras", y alguna de las llamadas "autoinmunes" reconocen como causa distintos desequilibrios suprarrenales.

¿Puede asegurarse que es inocua la administración de hormonas sexuales a los niños y niñas cuando aún no se han fijado los equilibrios entre los diferentes corticoides? Por favor que no conteste ningún político, es la opinión de los médicos lo que me interesa.

La interrelación entre las hormonas sexuales y la somatotrófica (hormona del crecimiento) producida por la hipófisis es también manifiesta. ¿Qué decir sobre este complejo tema, tendrán problemas de crecimiento anormal los adolescentes hormonados?

Desde el punto de vista médico ¿Puede tener alguna trascendencia el suministro prematuro de hormonas sexuales de cara a las enfermedades influidas por ellas, como los problemas circulatorios o cardiacos o los tumores relacionados con hormonas? Mucho cuidado si se juega con cosas tan serias.

Sería imprescindible que cuando los políticos presentan proyectos basados en sus respectivas ideologías que puedan afectar a la salud, especialmente si se refiere a personas aún no adultas, y por tanto especialmente necesitadas de tutela, acompañen cualquiera de ellos de los de exhaustivos datos médicos y científicos necesarios; si no es así la papelera debería ser el destino de tan historiados manojos de folios.

La ausencia de conocimiento por parte de los padres es un punto especialmente peligroso y lamentable. Antes de someter a un adolescente a cualquier tipo de terapia hormonal es necesario tener en cuenta toda su Historia Clínica desde el mismo momento de su nacimiento. Sería una verdadera irresponsabilidad, que no creo que ningún médico cometiera, utilizar la jeringa sin conocer los antecedentes clínicos y biológicos del infeliz paciente.

Ya salgo del laboratorio, o mejor del aula, pues, aunque jubilado, no puedo ni quiero olvidar mi esencia docente. Vuelvo ahora a ponerme el "sombrero ideológico" de Bernard para considerar que, bajo el paraguas de la supuesta ayuda al adolescente que duda sobre su identidad sexual se esconde una tremenda carga de profundidad sobre la figura de la Patria Potestad y en definitiva de la familia tradicional.

En este sentido no cabe en mi capacidad de comprensión la actitud de partidos tradicionalmente protectores de la familia, como el Partido Popular al abstenerse ante iniciativas como la que comentamos.

Por supuesto que un adolescente con problemas de adopción de identidad sexual debe ser informado y asistido psicológicamente hasta que llegue a la edad en la que pueda ejercer plenamente su libertad de elección, y por supuesto que es imprescindible evitar que se le amargue la vida o se le someta a vejaciones. No faltaría más.

Pero sustituir la etapa de apoyo psicológico por la prematura alteración hormonal es posible que no tenga precedente en todo el planeta. Esta vez los enemigos de la familia, en cualquiera de sus variantes sociales, han ido demasiado lejos.

Y si los políticos acomplejados cejan en sus convicciones ideológicas y siguen diciendo que "lo económico es lo único que importa", es posible que en próximas ocasiones no sea suficiente con votar "tapándose la nariz", sino que haya que hacerlo con mascarilla.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

A continuación