He perdido mi gato… o mi perro

Miguel del Pino

Ya estamos en verano y esta estación resulta rica en conflictos para los propietarios de animales de compañía. Los parásitos reptantes y voladores acechan, pero no es éste el único problema ya que los accidentes y los extravíos son especialmente frecuentes. Las vacaciones y los traslados de residencia son las principales razones.

No vamos ni a negar ni a minimizar el problema del abandono, que sigue alcanzando cifras insostenibles en España; al abandono voluntario hay que añadir los animales perdidos, a veces con verdadera desesperación de sus dueños. Perros, pájaros y muy especialmente gatos, son protagonistas de estos desagradables sucesos.

Comenzando por los gatos son víctimas en muchos casos de su instinto explorador. Si nos trasladamos a la residencia veraniega y optamos por llevar a nuestro felino, hay que saber que nada más llegar a su nueva residencia comenzará a investigar hasta dónde llegan los límites de su nuevo feudo, de manera que saldrá por una ventana y saltará al tejado más próximo, a la terraza del vecino o a la calle. Sólo el azar determinará entonces su suerte.

Las bandas de gatos callejeros que pululan por muchas poblaciones residenciales en el verano suelen incluir algún gato de pura raza que se escapó durante las vacaciones de sus amos y se integró en la colonia gracias a su capacidad de adaptación y tras propinar más zarpazos que los que a él le propinaron los anteriores propietarios del territorio.. No todos consiguen tal éxito y en ocasiones el extravío supone la muerte.

Los perros perdidos tienen menos posibilidades de supervivencia que los gatos, aunque también algunas pequeñas jaurías de canes asilvestrados incluyen en sus filas algún "aristocan" que ya ha olvidado que un día respondió a un nombre y tuvo unos amos que lo mimaban. Los accidentes de tráfico suelen impedir que las fugas caninas terminen en adaptación al medio rural o callejero.

No siempre el vecino amable que se ha ofrecido para cuidar de pájaros o loros durante las vacaciones domina los resortes, a veces complicados, de las jaulas o de sus bandejas extraíbles. La escapatoria del ave se inicia con un alegre vuelo que conduce al animal al árbol o al tejado más próximo.

Un ave escapada suele tratar de volver a su territorio, que es su jaula, y lo mejor es dejar ésta abierta y con alguna comida atractiva en su interior, como fruta o verdura, pero son pocos los que lo consiguen. Si tienen la suerte de aterrizar en alguna ventana y ser capturados por personas con conocimientos puede que tengan una segunda oportunidad. De no ser así morirán en pocas horas abatidos por la sed o depredados por urracas o gatos.

Buscando soluciones

Recurrir a un vecino, a un amigo teóricamente muy entendido o al amable portero no suele ser la mejor de las posibles soluciones. Los resultados, tantas veces desastrosos nos recuerdan aquello de que "de buenas intenciones están empedrados los infiernos", y es que no se trata sólo de querer ayudar o de ser amante de los animales, sino también de poseer unos conocimientos mínimos sobre los cuidados del ser vivo que se nos ha confiado.

En cualquier caso la solución para recuperar un perro o un gato perdidos es el microchip, pero todavía no está todo lo arraigada que debiera la costumbre de dotar de uno de estos dispositivos a nuestras mascotas. El microchip subcutáneo no solo ayuda a recuperar al animal, sino que también prueba nuestra posesión sobre el mismo en caso de que sea recogido.

Las residencias especializadas son la mejor opción. Cuando hace décadas comenzó la expansión de estos establecimientos, muchos se lanzaron al supuesto negocio instalando precarios refugios , jaulones o parques en sus patios o jardines. Hoy día la situación es muy diferente. Las residencias modernas están en general bien instaladas, son salubres y cuentan con la vigilancia y asesoramiento de veterinarios especializados.

También hay residencias para aves, para reptiles e incluso para plantas. Es cuestión de investigar para encontrar el establecimiento que mejor se preste a lo que queremos para nuestro animal mientras disfrutamos las vacaciones.

Si nos permiten un consejo, debemos ser prácticos y no dejarnos guiar sólo por apariencias de lujo. Al perro o al gato le va a dar igual la decoración del establecimiento. Lo que hay que buscar es higiene, control de la alimentación y asistencia veterinaria, y en el caso de los perros que tengan la posibilidad de ser paseados y de jugar al menos un rato al día.

Y también conviene recordar que hasta en nuestras propias casas es difícil evitar la presencia esporádica de algún parásito. En la residencia los animales deben estar provistos de collares antiparásitos, pero si al recogerlo detectamos alguno de esos invasores indeseables no por ello es justo denostar al establecimiento.

Todas las precauciones son pocas para evitar que un lamentable accidente, como la pérdida o la fuga de nuestro animal nos deje un triste recuerdo de esas vacaciones que tanto necesitamos. Deseamos que las disfruten tanto los amos como sus mascotas.

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