¡Enciendan esas luces!

Miguel del Pino

Hace diez años que comenzó a celebrarse esta Hora del Planeta, una jornada de lucha contra el llamado Cambio Climático que trata de llamar la atención y lo consigue por medio de un apagón de los principales monumentos en los diferentes países que responden a la convocatoria

WWF es la entidad convocante y como es natural su representación en España, WWF España, antes Adena, nos traslada los lemas y las sugerencias de apagón con tanta fidelidad como entusiasmo y fuerza mediática. Año tras año el éxito de difusión en los medios está asegurado, como si todos respondieran a algo parecido a una sugestión colectiva.

Seguramente debo hacérmelo mirar, porque discrepo: discrepo de mis buenos amigos de WWF España, de la mayoría de mis compañeros en las labores de difusión ambiental y en definitiva, discrepo de millones de ciudadanos de todo el mundo, de los gobiernos de 178 países, de los mandatarios de 400 ciudades españolas, un 50% más que en el pasado año. Discrepo haciendo gala de mi libertad aunque sea ante el planeta entero.

Y en esta discrepancia afirmo que se trata de una iniciativa muy desacertada, aunque la intención, los fines y hasta los lemas sean en esencia defendibles. Si se trata de luchar para que descienda la contaminación en nuestro planeta vamos todos a empujar, no sólo por el posible aumento térmico que ello pueda provocar, sino por multitud de razones, entre ellas la importancia de un aire limpio para mejorar la salud humana. Este importante aspecto suele ser olvidado en función de la adoración al mantra del cambio climático.

Que mi discrepancia no distorsione la magnitud de la respuesta a esta jornada: de Samoa a las Islas Cook, 178 países están este 19 de marzo, apagando sus monumentos más representativos de 20´30 a 21´30 horas con las equivalencias referentes a sus respectivos husos horarios. El lema: "Ahora es el momento del Cambio para el Clima".

El objetivo fundamental es reivindicar el cumplimiento del Protocolo de la pasada Cumbre de París que trata de evitar que la subida de la temperatura global en función de la contaminación se eleve por encima de los 2 grados centígrados.

Lo que me parece verdaderamente desafortunado es la propuesta de "apagón general" que desvirtúa la comprensión general sobre cómo debe planificarse un adecuado uso de la energía. Es evidente que la supresión de la iluminación no se complementa con la petición de una vuelta al candil o a la hoguera, sino que pasado el momento de la oscuridad con finalidad mediática, el retorno al encendido de manera brusca implicaría un pico de consumo realmente brutal en caso de que la iniciativa fuera seguida de manera general por los habitantes de las ciudades protagonistas.

Realmente no hay peligro. Una cosa es lo que hagan los responsables de los Ayuntamientos y otra conseguir que los ciudadanos permanezcan una hora a oscuras, ¿se imaginan el caos del tráfico y el regocijo de los rateros? En serio, vamos a llamar al consumo energético responsable, pero utilizando la verdad científica y llamando al uso del sentido común: así de sencillo.

Este tipo de convocatorias espectaculares suelen generar efectos rebote indeseables que en esta ocasión al menos en España, no merece la fuente convocante; WWF es una ONG ejemplar que se atrevió en su momento a despojar de su título de Presidente de Honor a Juan Carlos I con motivo del desafortunado incidente africano.

En mi etapa docente tuve verdaderos problemas para convencer a algunos de mis compañeros, eminentes profesores en sus respectivos campos "de letras", que se aprestaban a apagar los fluorescentes de los pasillos del Centro cuando los recorríamos vigilando el buen orden de las clases.

Apagar y encender las luces de neón supone un consumo mucho mayor que dejarlas encendidas de manera continuada, ya que el gasto máximo se produce en el momento del encendido, bastando después la inercia de las partículas del gas, puestas en marcha por la descarga eléctrica del cebador del tubo, para mantener le emisión de luz.

Los nuevos sistemas de iluminación que no funcionan por incandescencia, como los LED y otros similares, han revolucionado el mundo del consumo energético moderno. Es necesario divulgar su funcionamiento y las recomendaciones sobre ahorro, que no pasan por apagones y relumbrones, sino por conocimiento del sistema y prudencia en el gasto.

Buen ejemplo del aumento en el consumo que suponen los picos bruscos de utilización se produce en los días de verano especialmente calurosos, cuando el uso de aires acondicionados genera una acumulación de demanda a la que la red no es capaz de responder. ¿Qué pasaría si de verdad apagamos una ciudad entera y pasada una hora volvemos a encenderla?

En definitiva, tratando de razonar mi discrepancia, preferiría conmemorar un Día del Ahorro Energético a nivel planetario con una demostración de los excelentes nuevos medios de iluminación, y con una rigurosa campaña de información sobre su uso, que con una llamada a la vuelta a las cavernas. Qué le vamos a hacer, mi especial ecologismo pasa también por rechazar los superconciertos en defensa del planeta que requieren ingentes megawatios de luz y de sonido y por reivindicar la orquesta de cámara y hasta la rondalla para animar las fiestas de cada pueblo.

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